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Aportes para el estudio de la filosofía forestal desde la praxis peruana

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De primera impresión habrá quiénes piensen o digan que hablar de filosofía forestal es una pérdida de tiempo en tanto demasiados problemas tienen el (sub) sector forestal como para estar disquisiciones que no contribuyen a levantar el desarrollo industrial y por tanto su contribución económica al país. Desde esta perspectiva los grandes problemas del sector tienen que ver con la sobrerregulación forestal, la presión asfixiante de la supervisión forestal, las limitadas inversiones para el desarrollo de las cadenas de valor (UNIQUE y DIE, 2015), el ataque sistemático a la reputación de las exportaciones madereras,  la baja competitividad del (sub) sector, entre otros. Esta forma de pensamiento considera que las ciencias forestales están disociadas de la filosofía (Rojo et al. 2013). Un enfoque pragmático considera que toda disquisición epistemológica hace perder efectividad y sentido a la acción forestal.

En este marco, la contribución de la filosofía forestal es introducir una profunda actitud reflexiva sobre lo que creemos, pensamos, sentimos y decimos todos los actores involucrados en el sector forestal con la finalidad de llegar a un conocimiento claro y entendible de los fines últimos del desarrollo forestal.  Fines últimos son aquellos que sólo se pueden justificar por su propio valor intrínseco y no por ser medios para otros fines más importantes (Mosterín, 1978). En esta perspectiva, la filosofía forestal revisa críticamente cada una de nuestras creencias, discursos, narrativas y prácticas forestal para saber si nuestras diversas manifestaciones están en la dirección correcta de los fines últimos, entendidos como los objetivos supremos o trascendentales. Una herramienta fundamental para este propósito desestabilizador es la pregunta. Preguntas y más preguntas y eso es lo que haremos.

Nuestra primera pregunta es si sabemos reconocer “nuestras verdades” y si “nuestras verdades” en están contribuyendo certeramente al desarrollo forestal. Inmediatamente nos preguntaremos sobre qué estamos entendiendo por desarrollo forestal. Esas nuestras verdades inmediatamente nos revelarán cuáles son los paradigmas con lo que estamos pensando hacer desarrollo forestal. A su vez el conjunto de paradigmas reconocidos nos darán de cuenta del marco epistemológico con el que estamos actuando. Pregunta: ¿Este es un ejercicio que hemos hecho? Aunque espero equivocarme, estimo que este ejercicio no lo hemos hecho porque lo más frecuente es que trabajemos con verdades establecidas y acabadas que vienen desde la lógica del mercado, la competitividad, el crecimiento económico, la explotación económica de nuestros recursos forestales, entre otros, que aparecen como dogmas incuestionables. Ello se explica porque formamos parte del desarrollo de la ciencia normal caracterizada por ser disyuntiva, reduccionista, determinista, legalista y lineal. Desde esta perspectiva rechazamos las incertidumbres y el caos y es mejor no cuestionar las grandes líneas del pensamiento hegemónico occidental.

Por ejemplo, un tema que irrumpe es la definición de objetivos. Al respecto nos preguntaremos ¿Cuáles son los objetivos que planteamos respecto al desarrollo forestal? ¿Cuál es el alcance de esos objetivos? ¿Cuál es la amplitud de esos objetivos? ¿Son acotados o son objetivos articulados a propósitos mayores? ¿Son sectoriales o están articulados a los Objetivos de Desarrollo Nacional y Objetivos de Desarrollo Sostenible? ¿Son objetivos reduccionistas o son objetivos que dan cuenta de la complejidad de los problemas forestales? Así sabremos si nuestra mirada es de producto o de proceso, si es endógeno o exógeno. Por nuestra tradición de formación disciplinaria tendemos más a mirar el recurso que el territorio o el paisaje. En este contexto, ser disciplinado es formar parte de la corriente principal de pensamiento forestal funcional al pensamiento económico dominante.

Luego aparece otra pregunta provocadora. ¿Para quién trabajamos? ¿Para la institución? ¿Para la gente? ¿Para los bosques? ¿Para nosotros mismos? Entiendo que la respuesta no es muy simple porque generalmente estamos limitados por la visión, misión, objetivos institucionales y las funciones y competencias. Entonces la pregunta es que si esos elementos organizacionales reconocen claramente para quién se está trabajando. Así sabremos si estamos al servicio de la gente o pensamos en términos de administrador y administrado. Así sabremos si nuestros esfuerzos tienen peso específico económico, social, ambiental o de sostenibilidad.

Regresamos otra vez al tema de nuestras verdades. ¿Quién ha dicho que nuestras verdades son verdaderas? ¿Qué es la verdad? ¿Pensamos que nuestras verdades son verdaderamente nuestras? ¿Están completas? ¿Qué tanto somos conscientes de los procesos de colonización del pensamiento mediante el cual nos hemos comprado alegremente los discursos hegemónicos? ¿Somos conscientes del poder mediático en la construcción de nuestras verdades asumidas? ¿Somos conscientes del proceso de intersubjetividad en la construcción de nuestras verdades y que están fuertemente influidas por la cultura dominante? ¿Qué tantas verdades asimiladas y legitimadas son en verdad posverdades?

Nos preguntamos también si muchas de nuestras verdades (plan de manejo forestal, diámetro mínimo de corta, árboles semilleros,  exportación legal, sostenibilidad, entre otros) tienen base científica, rigor lógico y sustentación argumentativa impecable. Esto es fundamental porque se supone que la administración pública forestal tiene como objetivo último lograr la sostenibilidad del bosque en beneficio de la gente y la administración privada forestal tiene como fin último lograr beneficios sin afectar la resiliencia, capacidad adaptativa y evolutiva de los bosques y sin perjudicar a los actores sociales. Entonces nos preguntaremos si hay coherencia entre institucionalidad-normatividad-discursos-narrativas-acciones.

Como hemos podido apreciar a la filosofía forestal le interesa el estudio de los problemas generales relativos al bosque desde una visión totalizadora y no sólo desde fragmentos de la realidad. La filosofía forestal implica un irrenunciable amor a la sabiduría y por ello hace del razonamiento riguroso su herramienta principal de trabajo. Para ello, la filosofía forestal no ha de contentarse con lo ya establecido o determinado, sino que a partir de una profunda capacidad de asombro, admiración, sospecha y duda estará siempre buscando la verdad del conocimiento. Por ello la capacidad inquisitiva y de estado permanente de inconformidad sobre los enunciados que gobiernan la gestión forestal. Como se ha visto la actitud de la filosofía forestal es radicalmente reflexiva y crítica. Con ello contribuye al desarrollo científico forestal y también al desarrollo forestal siempre y cuando no nos dejemos de hacer preguntas, contestarlas y buscar nuevas preguntas incansablemente. De esta manera podremos ver un desarrollo forestal gradual pensando, preguntando, actuando y transformando.

Por Rodrigo Arce Rojas
Ingeniero Forestal
rarcerojas@yahoo.es

Referencias:

Rojo Martínez, G., & Martínez Ruiz, R., & Rodríguez Sauceda, E., & López Corrales, A. (2013). Filosofía de las ciencias forestales. Ra Ximhai, 9 (4), 269-272.

UNIQUE y DIE. (2015). Cadenas de valor en el sector forestal del Perú Informe diagnóstico y desarrollo estratégico. Frieburg: Instituto Global de Crecimiento Verde / Global Green Growth Institute (GGGI) y el Instituto Alemán de Desarrollo / Deutsches Institut für Entwicklungspolitik (DIE).

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