Los peligros reales de los “pellets” plásticos en las costas

En las últimas semanas, la costa noroeste de España ha sido testigo de un gran desastre ecológico. Millones de pequeñas bolas de plástico, conocidas como “pellets” o granza, han comenzado a aparecer en las playas gallegas, generando preocupación entre los vecinos y la comunidad científica.

Este fenómeno se produjo tras el vertido de más de 26 toneladas de este material desde el buque mercante Toconao en aguas portuguesas y desató un intenso debate sobre los riesgos que suponen estos residuos.

Los “pellets” son una forma refinada de plástico que se utiliza como materia prima para fabricar una variedad de productos, desde envases hasta juguetes, y puede venir en muchos formas diferentes.

Impacto directo de los “pellets” en la naturaleza

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La presencia de partículas de plástico en las costas gallegas, aunque químicamente son inofensivas (aún no probadas), supone una amenaza directa e inmediata para la fauna marina.

Investigaciones anteriores sobre este material han demostrado que las criaturas marinas, incluidas peces y aves, a menudo confunden estos gránulos con su alimento natural.

Esta confusión puede provocar la ingestión accidental de estas partículas, especialmente en concentraciones elevadas. Uno de los problemas cuando ingresan al organismo es que obstruye el sistema digestivo de los animales marinos, provocando agotamiento, mala salud y, en casos graves, la muerte.

Por otro lado, la acumulación de estos plásticos en el tracto digestivo de animales de mayor tamaño, incluso en ausencia de obstrucciones graves, limitará su capacidad para absorber nutrientes esenciales, afectando a su salud, su crecimiento y su reproducción.

Pero los peligros no se limitan a tragar esta granza. Existe un riesgo adicional de que este plástico, después de la descomposición, se convierta en microplásticos, que pueden ser consumidos fácilmente por organismos más pequeños como el plancton, y luego transferidos a los peces y otros depredadores de otras carnes, incluidos los humanos, y por lo tanto estar presentes en los alimentos de toda la cadena trófica.

El plástico no aparece por casualidad

La granza esparcida por la costa parece estar compuesta principalmente de polietileno, que se utiliza comúnmente en materiales de conservación de alimentos y es químicamente inofensivo.

Pero estos materiales no vienen solos, se utilizan varios compuestos químicos para producir gránulos, que actúan como estabilizadores, antioxidantes y filtros que protegen el plástico de la luz. Muchas de estas sustancias son altamente tóxicas para la vida acuática cuando están presentes en forma libre y, aunque no son un problema en condiciones normales ni en los plásticos, estos “pellets” no están diseñados para resistir el ambiente marino.

El agua de mar, el movimiento y la exposición constante a la luz solar crean condiciones muy diferentes a las que normalmente se encuentran en cualquier producto fabricado con este material. Las condiciones provocan erosión y degradación material con graves consecuencias a mediano y largo plazo. A esta capacidad de liberar sustancias tóxicas se suma la capacidad de las partículas de plástico para absorber sustancias disueltas en el ambiente.

Según Alicia Herrera Ulibarri, investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria de SMC España: “Hay contaminantes químicos presentes en el ambiente en concentraciones muy bajas pero se adhieren a las paredes de las partículas provocando su descomposición, se concentran allí, haciéndolos más peligrosos para la vida marina que los ingiere” Estas sustancias pueden incluir metales pesados, pesticidas o filtros UV utilizados en cosméticos. Esta exposición puede causar una variedad de problemas de salud en la vida marina, que van desde alteraciones endocrinas hasta daños directos a órganos vitales.

Este proceso, combinado con la bioacumulación, aumenta los efectos tóxicos de los contaminantes en la cadena alimentaria, aumentando el riesgo para más especies, incluido el consumidor final. Un estudio de Ricardo Beiras, investigador del Centro de Investigaciones Marinas de la Universidad de Vigo, demuestra que la toxicidad de los microplásticos se debe principalmente a la lixiviación de aditivos químicos y sustancias adsorbidas por ellos, no de los microplásticos en sí.

De particular preocupación son los efectos a largo plazo de la contaminación causada por “pellets” que contienen contaminantes. A medida que las partículas se degradan bajo factores ambientales como la radiación ultravioleta y el estrés mecánico, los contaminantes adsorbidos pueden liberarse al medio ambiente. Esto plantea una amenaza constante para la salud de los ecosistemas marinos y posiblemente para la salud humana.

La granza es portadora de microorganismos patógenos

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Los famosos “pellets” no sólo representan una amenaza física y química para los ecosistemas marinos; también representan una amenaza biológica. Los plásticos (tanto las partículas de tamaño meso como en los microplásticos que se pueden degradar) proporcionan superficies ideales para la colonización y el crecimiento de microorganismos que forman biopelículas, también conocidas como biofilms.

Estas biopelículas son acumulaciones de organismos dispuestos en capas y cubiertos por una matriz de secreciones que pueden transportar una variedad de bacterias, algas, hongos y protozoos. La matriz de colonias protege a los microorganismos contra condiciones ambientales desfavorables y tratamientos antibacterianos.

La preocupación es que las biopelículas puedan actuar como reservorios de bacterias patógenas que plantean riesgos a mediano y largo plazo para la vida marina y los seres humanos y no deben ignorarse. Además, algunos microorganismos presentes en las biopelículas pueden ser especies invasoras o producir toxinas que tienen impactos negativos en la flora y fauna nativa. La presencia de estas biopelículas puede alterar los procesos ecológicos naturales, especialmente el ciclo de nutrientes en el medio marino.

¿Y cuál es la mejor solución?

Por supuesto, la mejor solución es la prevención; pero si ocurre un accidente como el de días atrás en Portugal, que esa mala experiencia sea una lección para el futuro.

Ahora que el daño ya está hecho, existe una necesidad urgente de eliminar las partículas de plástico de la costa, pero es importante que este proceso se lleve a cabo de forma cuidadosa y coordinada.

Según Zulema Varela, ecotoxicóloga de la Universidad de Santiago de Compostela, algunas de las actividades que se realizan en la costa gallega, seguramente con las mejores intenciones, pueden causar más problemas de los que pueden resolver.

Por ejemplo, las dunas de arena de la zona afectada desempeñan un papel importante en la protección costera y albergan una biodiversidad única. Los esfuerzos de limpieza que no tienen en cuenta la fragilidad de estos ecosistemas pueden provocar erosión de las dunas y pérdida de vegetación, provocando graves daños ambientales más allá de donde se encuentran los “pellets”.

Por otro lado, el rastrillaje incontrolado de las playas o el filtrado de arena pueden dañar comunidades de invertebrados del suelo muy sensibles, cuyo mantenimiento es esencial para la salud del ecosistema. Los métodos de limpieza invasivos pueden alterar o destruir estos hábitats, afectando la cadena alimentaria y el equilibrio ecológico de la playa. Además, si se hace con poco cuidado, las partículas de “pellets” pueden ser pisoteadas y enterradas, lo que dificulta su eliminación y aumenta su impacto.

Ante esta dificultad Zulema Varela expresa sobre la mejor forma de retirar la granza que “es complicadísimo” y que no conoce método alguno que sea efectivo. Pero la investigadora sí tiene en claro que para maximizar la eficacia y minimizar los daños, se necesita un protocolo único.

En este sentido, es imperativo que las autoridades implementen este protocolo lo antes posible y atraigan a expertos en conservación de la naturaleza para guiar y capacitar al personal y a los voluntarios. Una respuesta eficaz requiere una estrecha coordinación entre las autoridades, las organizaciones medioambientales y las comunidades locales. La mejor herramienta es la educación y la concientización sobre la importancia de proteger estos ecosistemas y eliminar la contaminación.

Referencias:

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  • Turner, A. et al. 2020. Metals and marine microplastics: Adsorption from the environment versus addition during manufacture, exemplified with lead. Water research, 173. DOI: 10.1016/j.watres.2020.115577

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Con información de: https://www.muyinteresante.es/

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