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Empresas que de verdad quieren acabar con el plástico

Si eres sensible a las amenazas globales, difícilmente no te pesarán estos datos: hay más de 5 billones de fragmentos de plástico flotando en el océano, el 73% de la basura de las playas es plástico, y su producción mundial ha aumentado desde las 2,3 millones de toneladas en 1950 a las 448 millones en 2015. No es lo peor que te podemos contar, pero son datos que constatan la cultura del usar y tirar que se ha instalado en nuestras sociedades. Y que nos está poniendo en jaque.

Parecía que íbamos algo encaminados en la lucha contra el plástico. La Unión Europea prohibía los de un solo uso a partir de 2021, de manera que pajitas, platos y cubiertos de plástico o bastoncillos tenían los días contados.

Sin embargo, en plena pandemia sanitaria por el coronavirus las prioridades son otras. Que vayas a un restaurante y te dé una bolsa con tus cubiertos y servilletas para demostrarte que está todo limpio y fuera de peligro, es una pequeña losa respecto a los logros conseguidos hasta ahora.

La conciencia ambiental individual ha motivado la apertura de negocios basado en lo sostenible. Tenemos un ejemplo en Biodegradable, una tienda online de productos que se degradan por la acción de los elementos ambientales y, por lo tanto, causa un impacto menor.

Al margen de estas pequeñas iniciativas y a un nivel mayor, hay empresas que nos permiten tener esperanzas en un futuro sin plástico. Repasamos algunas propuestas.

Notpla, devolviendo la vida al océano

Notpla se ha afanado en crear packaging sostenible para reemplazar los plásticos de un solo uso, pero no con un mero traslado de presión a los bosques (pues muchos envases biodegradables son de cartón). 

Sus productos están hechos con una mezcla de algas y plantas que también da nombre a la compañía, Notpla, siendo esa la principal innovación. Así, desarrollan máquinas y materiales para ayudar a las empresas a ofrecer una experiencia libre de plásticos.

Para dar a conocer su producto, la empresa repartió bolsitas de Notpla llenas de bebidas isotónicas en eventos deportivos (en la Maratón de Londres y en asociación con Lucozade), así como en puestos de comida. Su producto estrella en formato cápsula que se puede rellenar, no solo es biodegradable: también es comestible.

Cumple con aquello de reducir el residuo a cero, aunque ofrecen otros productos especiales a modo de nuevas cajas de comida o film transparente para envasar.

Zero y la desesperación de su fundadora

A veces hay que experimentar la desolación para ponerse en movimiento. Eso le pasó a Zuleyka Strasner, la fundadora de Zero, que se sintió devastada al ver abarrotadas de plástico las costas de una pequeña isla frente a Nicaragua.

Se propuso vivir sin plásticos durante un año y medio, lo que suponía llevar al súper botellas, frascos y bolsas reutilizables. Pero era consciente de que cualquier persona con más responsabilidades y menos tiempo no iba a proceder igual.

Así nació Zero Shop, una tienda online que, podríamos decir, tiene un modelo de negocio similar al de la venta de leche puerta por puerta, solo que más sofisticado. Las compras llegan en contenedores reutilizables hechos con vidrio y silicona, que el cliente puede lavar y devolver la próxima vez que recurra a los productos de la tienda.

A día de hoy la empresa ofrece unos 400 ítems, entre los que se encuentran los productos frescos y la carne. Trabajan en el área de la Bahía de San Francisco, pero ya tienen planes de expansión. Durante el confinamiento, aseguraron haber crecido más de un 200% luego el coronavirus no solo ha traído retrocesos.

Ecovative, los hongos como alternativa

Viendo lo que proponen las empresas que quieren traer alternativas al plástico, podemos decir que hay varios modelos de negocio para la reducción de residuos: por un lado, el de los envases reutilizables que propone Zero Shop; por el otro, el de envases biodegradables a un nivel más avanzado de lo visto ahora, como sucede con los comestibles de Notpla o con lo que ofrece Ecovative.

En este último caso, la propuesta es un packaging hecho con tejido de hongos, en concreto, micelio. Se complementa con otro material, la parte gruesa del cáñamo, de lo que se deriva un proceso curioso: el hongo se alimenta del cáñamo para desarrollarse, de manera que en unos cuatro a seis días toma la forma deseada. Después se seca y ya está listo para contener el producto: un reloj, un perfume, etc.

Basándose en la espuma de micelio la empresa ha desarrollado productos también innovadores en ámbitos ajenos al packaging, y que pasan incluso por el cuidado de la piel. Por ejemplo, una esponja para aplicar maquillaje que funciona como las tradicionales. Prestan servicio también a la industria alimentaria y de la moda. Son propuestas que despiertan nuestro optimismo aun cuando hay verdaderas islas de plásticos flotando en medio del océano. Con voluntad se puede.

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