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La lechuza: el mejor raticida natural que existe

La lechuza es una ave nocturna que pocas veces tenemos el privilegio de avistar. Como no la vemos, desconocemos sus hábitos… por ejemplo que una familia de lechuzas puede llegar a capturar más de un centenar de ratas y ratones a la semana.

Una manera de identificarlas, aunque no las veamos, es cuando observamos en algún rincón un cúmulo de lo que parecieran deposiciones de algún animal salvaje. Pero en realidad, no se tratan de deposiciones, sino de egagrópilas.

Las egagrópilas son el amasijo de pelo y huesos que algunas aves, como las rapaces o las cigüeñas, expulsan por la boca tras deglutir a sus presas y que en el caso que los búhos suelen acumularse al pie de sus nidos o posaderos.

Las formas y el tamaño de las egagrópilas permiten identificar a la especie, resultando una fehaciente prueba de su presencia. Y tanto la forma redondeada como el tono mate oscuro de aquéllas no dejaban lugar a dudas. Si observamos bien y tenemos suerte, quizá podamos ver el nido de la lechuza, incluso a ella, escondida.

Algunos conocedores, saben que la lechuza es la mejor aliada en el campo, ya que gracias a ella no necesitan recurrir al uso de raticidas ni de ningún sistema de trampeo para luchar contra las plagas de roedores.

Raticida alada

El aprovechamiento de esta bellísima rapaz nocturna como controlador natural de roedores está muy extendido en el medio rural. Graneros, granjas, naves industriales, casas de campo, incluso edificios históricos o religiosos: basta con colocar una caja nido para favorecer la presencia de la lechuza y aguardar a que se instale. A partir de ese momento se acabaron los problemas con los roedores.

La lechuza común (Tyto alba) suele instalarse en grandes espacios despejados con posaderos dispersos para establecer su territorio de caza: campos de cultivo, dehesas, marismas, pero siempre en el entorno rural. No desdeñan la presencia del hombre, incluso se diría que la buscan, pues suelen ocupar edificios de todo tipo incluso casas habitadas en el interior de los pueblos (en Estados Unidos la llaman “lechuza de campanario” y en Reino Unido “búho de granero”).

Con una visión adaptada a la noche, su sentido más desarrollado es el oído.

Su insólita apariencia y lo peculiar de su reclamo, que semeja la respiración profunda de una persona, han envuelto a la lechuza de un aura de misterio, convirtiéndola en protagonista de todo tipo de falsas leyendas rurales, como que se bebían el aceite de las antiguas lámparas o eran capaces de atravesar paredes.


Notas para su identificación

Gracias a su aspecto facial, en forma de corazón, de color blanco, y en el que destacan como dos bolas de cristal sus ojos negros, la lechuza es la más inconfundible de nuestras estrigiformes o rapaces nocturnas.

De tamaño mediano, con cuerpo alargado y cabeza voluminosa libre de penachos, luce un acolchado y tupido plumaje de color pardo anaranjado en el dorso, con tonos grises y finamente punteado de blanco y negro. Las partes inferiores son de un blanco puro o anaranjado (dependiendo de la fase) con pecas negras.

Sus poderosas garras, bien musculadas, están equipadas con unas finas y aceradas uñas que se fijan sobre cuatro dedos con un amplio radio de movilidad. Gracias a esta característica, la lechuza puede disponer dos delante y dos detrás para apresar con fuerza a sus presas.

Otra característica de su equipo biológico, adaptado al silencio de la noche, es el borde deflecado de las plumas de sus alas, condición que le permite realizar un vuelo sigiloso. El amplio giro de su cabeza, una visión adaptada a la noche, y un afinado oído, completan las prestaciones de uno de los grandes depredadores de roedores de la fauna ibérica.

Mide 35 cm, tiene una envergadura (la distancia de punta a punta de ala) de 80 cm y pesa alrededor de medio kilo.

El celo de la lechuza se inicia a finales de febrero y la incubación (entre 4 y 6 huevos) se desarrolla entre marzo y abril. Los pollos, como bolas de algodón pero ya con el característico corazón facial, suelen merodear por los alrededores del nido hasta julio.

Una vez completen su desarrollo y se emancipen, los jóvenes se establecerán en un nuevo territorio donde, si no son molestados, se instalarán para toda la vida. La pareja permanece unida durante toda la vida. Pueden llegar a vivir más de 20 años, librándonos de miles y miles de roedores.

Especie protegida, las poblaciones de lechuza común se están desplomando en toda España (hasta un 50% en algunas comunidades) por lo que es necesario que entre todos contribuyamos a su conservación y respetemos tanto su presencia como la salud de sus hábitats.

Tyto alba

Español: lechuza común

Català: òliba

Euskara: Hontza zuria

Galego: curuxa

English: barn owl

Ecoportal.net

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