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TDAH. De la Hipermedicación a la Biomedicación

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La tesis clásica de la psiquiatría, respecto al TDAH, es que se trata de un trastorno del neurodesarrollo que, si bien es indemostrable por la ausencia de marcadores claros lo que no ha impedido la proliferación de estudios falseados, su causa última no admite dudas. Los síntomas, inicialmente la hiperactividad y la impulsividad, se reducían vía los psicoestimulantes que, curiosamente, se focalizaban sobre todo en las dificultades de atención. Los estudios de eficacia del medicamento nunca lograron demostrar mucho más allá de los efectos inmediatos en la concentración, propios de cualquier anfetamina en cualquier sujeto, y en cambio sí verificaron los efectos secundarios (tensión arterial, cardiovasculares, pérdida de apetito y detención del crecimiento) y algunos especialmente graves (agresividad, suicidio, consumo de tóxicos en la adolescencia).

Todo ello, más la denuncia continuada de la hipermedicación y el sobrediagnóstico tanto por parte de profesionales como de opinadores, forzaron un cambio de paradigma en la presentación del trastorno. La propia Agencia de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS), dependiente del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya advertía recientemente que “no se debería esconder el abuso persistente de estimulantes cognitivos para aumentar el rendimiento o para finalidades recreativas”. La primera respuesta fue el surgimiento de etiquetas alternativas, como el TCL (Tiempo Cognitivo Lento), que definía a un conjunto, en los EE. UU nada desdeñable, de niños y adolescentes que presentaban serias dificultades en la atención y concentración en tareas académicas. Una suerte de sujetos “empanados” que sin presentar hiperactividad ni impulsividad requerían igualmente de diagnostico y tratamiento. Su nueva identidad de “mentes lentas” reducía el estigma asociado al TDAH.

Luego se empezó a hablar, y a crear unidades especificas, de Trastornos del Aprendizaje que incluían un conjunto variopinto de sub-etiquetas (dislexia, discalculia, cognición lenta) y que ponían el énfasis en las dificultades de atención y aprendizaje cuya causa apuntaba cada vez más claramente a perturbaciones del desarrollo . Todo este proceso ha ido paralelo al paso del DSM al Research Domain Criteria (RDOC), de una taxonomía difusa y confusa a una observación rigurosa (?) que incluirá pruebas diagnósticas y tratamientos novedosos dirigidos a la activación de las zonas cerebrales comprometidas en esas funciones. Ahora, como nos recuerda Joshua Gordon, actual director del NIMH estadounidense, ya no interesa clasificar las enfermedades a través de un conjunto de síntomas, sino mediante la identificación de comportamientos y circuitos neuronales y mecanismos biológicos que los sostienen. Los criterios ya no son psicológicos sino procedentes de la biología o la etología.

Es el retorno al conductismo en su versión más pura pero “en su versión moderna, con el apoyo de la bioquímica, la imaginería cerebral, la secuencia del genoma y los niveles de respuesta de la célula”. Eliminando cualquier alusión a la subjetividad, incluida por supuesto su modalidad particular de goce. El programa del NIMH All of Us research es un elemento clave en la medicina basada en la predicción impulsada por la administración de Barack Obama en el 2015 con el fin de reorientar la medicina clásica hacia la medicina personalizada del futuro. Para ello se requiere recopilar el máximo de datos de cada persona mediante su conexión permanente a un portal en el que depositará sus datos de salud. Este enfoque basado en los datos (data-driven-aproach) tiene como finalidad descifrar los comportamientos del sujeto. Esta primacía actual de lo neuro ha generado el surgimiento de un mercado nuevo y hoy ya se crean múltiples star-ups con el objetivo de generar aplicaciones para el análisis de estos datos.

Otras empresas, incluidas las farmacéuticas, se adaptan también a los nuevos tiempos. Dos ejemplos recientes. Shire, empresa líder en fármacos para el TDAH (Vyvanse, Adderall), ha creado una spin off para segregar su negocio de psicoestimulantes, de dudoso futuro, y focalizarse, absorbiendo otras compañías como Baxalta especializada en el tratamiento de la hemofilia, en el tratamiento de enfermedades raras, mercado con un amplio y prometedor futuro en la nueva medicina personalizada. La actual secretaria de educación de la administración Trump, la multimillonaria Betsy DeVos hermana del fundador de la contratista Blackwater y activista contra el matrimonio homosexual es junto a su marido la propietaria de Neurocore. Compañía que posee una decena de centros de rendimiento cerebral en Michigan y Florida donde aplican la tecnología de biofeedback para ayudar a los niños y adolescentes con TDAH y dificultades de aprendizaje, autistas incluidos.

Ni los reproches éticos ni científicos le han alejado lo más mínimo de su intención de generalizar la aplicación de esta tecnología para los “diagnósticos y tratamientos basados en datos cerebrales para ayudar a niños y adultos”. La compañía dice que utiliza “datos de la electroencefalografía cuantitativa” para ayudar a diagnosticar los problemas y luego los trata con “probada terapia de neurofeedback”. Como recordaba recientemente Abel Novoa: “La biomedicalización es un paso más allá de la medicalización. La tecnología está creando nuevas subjetividades al determinar nuevas categorías de personas en riesgo (por ejemplo pre-alzheimer), nuevas formas de monitorización del riesgo (test genéticos) e imponer nuevos comportamientos ante el riesgo (mastectomía u ooforectomía profilácticas)”. El universo TDAH es ya, pues, una realidad que nos convierte a todos en hiperactivos, si bien eso no nos hace homogéneos en cuanto a nuestras invenciones de goce.

El retorno del Nombre del Padre forcluido se hace hoy presente en el sometimiento a la cifra que nombra a cada sujeto en relación a una supuesta normalidad estadística. De allí que uno de los datos más paradójicos de la “clase” TDAH es que los niños nacidos en el ultimo trimestre del año tienen muchas más probabilidades de ser diagnosticados que los nacidos a primeros de año.

Este nuevo orden social que nos nombra a cada uno por nuestro déficit resulta decía Lacan más “férreo” que el anterior del Nombre del Padre ya que anula la dialéctica del deseo y nos confronta al superyó y sus exigencias de goce sin límite. Así, donde antes era el Big Pharma, ofreciendo el metilfenidato, ahora florece el Big Neuro y su neurofeedback. Cambio de identidad para los actuales hiperactivos trastornados: ahora pasarán a ser mentes lentas y defectuosas. Habrá que estar atentos al uso off label que hacen y a los nuevos síntomas que producen.

Se han suprimido las referencias bibliográficas que pueden consultarse en el original

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Plataforma Internacional contra la Medicalización de la Infancia

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