La descarbonización del sector de la industria pesada será, con toda certeza, uno de los desafíos económicos y técnicos más complicados a los que se enfrenta la transición ecológica a escala mundial. El desarrollo de una industria a gran escala ocurre bajo condiciones en las que cada producto ha de ser continuamente alimentado con enormes y continuas cantidades de energía, que tradicionalmente han sido producidas mediante la combustión intensiva de hidrocarburos. Alcanzando el extremo opuesto, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), en conjunto con el Consejo LDES, ha afirmado, sin la menor duda, que el almacenamiento de energía de larga duración es una opción sin duda justificable y perfectamente escalable en el tiempo para poder cubrir estas difíciles exigencias operativas.
Transformación de la electricidad en calor industrial extremo
Los sistemas de almacenamiento de energía térmica (TES) están basados en un principio tecnológico supereficaz y muy innovador para las grandes instalaciones que distribuyen cientos de acres de infraestructura. A partir de ahí, estos sistemas pueden cubrir y almacenar de los excedentes de electricidad producidos por fuentes renovables intermitentes, para luego despachar la misma electricidad en forma de calor extremo. Según las especificaciones técnicas proporcionadas por los expertos de la agencia, la tecnología puede alcanzar temperaturas térmicas de hasta 2372 °F, es decir, un nivel de intensidad térmica que se estima imprescindible para fundir metales y llevar a cabo otras tareas.
Esta extraordinaria capacidad de generación y retención de calor a temperaturas superiores a 2300 °F da lugar a un suministro completamente sólido y bajo demanda de calor y vapor industrial que elimina de un soplo la crónica dependencia de las tradicionales calderas alimentadas con combustibles. Además, el almacenamiento térmico cumple una función estabilizadora invaluable para las robustas redes eléctricas interconectadas a lo largo de miles de millas de territorio comercial.
Implicaciones relevantes de reducir las emisiones de forma significativa
En caso de producirse de manera masiva y acelerada la implementación de las tecnologías de almacenamiento de energía de larga duración, el potencial de cambio en la situación actual de las emisiones nocivas de gases de efecto invernadero que existen actualmente en la atmósfera sería verdaderamente enorme. Las proyecciones oficiales que comparte la organización climática dicen que, de aquí al año 2040, el crecimiento masivo de los sistemas de LDES evitaría, con alta probabilidad, entre 1,65 y 2,53 mil millones de toneladas cortas de dióxido de carbono equivalente al año natural.
Una cantidad tan volumétrica de gases de efecto invernadero implicaría, por sí sola, una disminución monumental del total de emisiones contaminantes del mundo, un cálculo aproximado con un intervalo de alrededor del 10 % al 15 % de la totalidad de las emisiones dañinas que actualmente emana el sector energético mundial. Lograr mitigar con éxito más de dos mil millones de toneladas cortas de carbono anualmente significa un avance crucial y definitivo para los denominados sectores difíciles de descarbonizar, cuyas imponentes chimeneas han contaminado el aire incesantemente durante más de un largo siglo.
Mercados competitivos y la necesidad de certidumbre financiera
No obstante su evidente y enorme ventaja por su potencial físico y medioambiental para la Tierra, el rápido desarrollo comercial de esta tecnología térmica requiere de imperiosas condiciones económicas habilitantes para el gran desarrollo de la producción. Para afrontar de frente estos enormes retos fiscales y regulativos modernos, la IRENA y el Consejo LDES organizaron un seminario web titulado «Unlocking LDES value» cuyo tercer y último evento se centra exclusivamente en el papel del almacenamiento de calor en la necesaria descarbonización industrial.
En este apasionante encuentro, los grandes referentes corporativos y de Estado van a profundizar en las distintas tecnologías emergentes, en las leyes que hacen falta y, sobre todo, en las muy complicadas condiciones de mercado necesarias para llegar a escalar estructuralmente la propuesta de innovación.
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