En Nuevo México, más de 900 turbinas ya aprovechan los fuertes vientos de la región para producir electricidad.
Son enormes. Algunas alcanzan una altura comparable a la de la Estatua de la Libertad y, juntas, forman el parque eólico más grande de Estados Unidos.
El proyecto se llama SunZia y tiene capacidad para abastecer de electricidad a más de un millón de hogares en Arizona y California.
Pero hay un detalle importante: la energía no se queda donde se produce. Para transportarla, fue necesario construir una línea eléctrica de 550 millas que conecta Nuevo México con Arizona y con la red que llega hasta California.
Todo esto costó alrededor de US$11 000 millones.
Y conseguir que funcionara llevó mucho más tiempo del esperado.
SunZia tardó casi 20 años en superar problemas de financiación, permisos, cambios en el recorrido y demandas judiciales. Incluso después de su puesta en marcha, algunos conflictos siguen sin resolverse.
Por qué SunZia tardó casi 20 años en empezar a funcionar
La historia de SunZia comenzó en 2006. En ese momento, la idea era aprovechar el viento de Nuevo México y llevar esa electricidad a otros estados.
Pero una cosa era planearlo y otra conseguir que se construyera.
Durante años, los responsables tuvieron que tramitar permisos, buscar financiación y resolver problemas con el recorrido de la línea eléctrica.
El proceso se extendió a lo largo de cinco administraciones presidenciales.
Uno de los mayores obstáculos fue conseguir el dinero. No bastaba con encontrar inversores: también hacían falta compradores para la electricidad y acuerdos que permitieran financiar una obra de semejante tamaño.
En 2022, Pattern Energy asumió también el proyecto de transmisión y avanzó con los acuerdos necesarios para llevar adelante la construcción.
Pero los problemas no eran solamente económicos.
Varias organizaciones ambientalistas estaban preocupadas por el efecto que las líneas eléctricas podían tener sobre las aves, especialmente en las zonas utilizadas durante sus migraciones.
También hubo un fuerte rechazo de comunidades indígenas de Arizona, que cuestionaron el paso de la infraestructura por lugares de importancia cultural y espiritual.
Estos reclamos llegaron a los tribunales y algunos continuaron incluso después de que SunZia comenzara a funcionar.
Cómo modificaron la línea eléctrica para proteger a las aves
Una parte importante de los cambios llegó después de que los responsables del proyecto comenzaran a trabajar con especialistas de Audubon, una organización dedicada a la conservación de las aves.
El objetivo era encontrar formas de reducir los riesgos sin abandonar la construcción.
Para empezar, modificaron algunos tramos de la ruta original y aprovecharon corredores donde ya existían otras infraestructuras.
También colocaron dispositivos especiales en los cables para que las aves puedan verlos con mayor facilidad mientras vuelan.
Son los llamados desviadores de vuelo, que buscan reducir las colisiones con las líneas eléctricas.
Otro de los lugares que recibió especial atención fue el río Grande.
Por esa zona pasan aves migratorias que utilizan determinados espacios para descansar y alimentarse durante sus viajes.
Por eso, se modificaron algunos cruces de la línea que recoge la web de la Administración de Información Energética de EE. UU. para reducir las posibles alteraciones en esos lugares.
El proyecto también incluyó el compromiso de transferir unos 1100 acres de terreno cerca del río para crear una nueva área estatal de conservación de vida silvestre.
Estas medidas permitieron mejorar el diseño original de SunZia, aunque eso no significa que el riesgo para las aves haya desaparecido.
Y tampoco resolvieron las críticas de las comunidades indígenas de Arizona, que mantenían sus preocupaciones por el recorrido de la línea.
Qué beneficios tendrá SunZia y qué conflictos siguen pendientes
Uno de los motivos por los que Nuevo México resulta atractivo para producir energía eólica es que sus vientos suelen ser fuertes durante la noche.
Esto tiene una ventaja: las turbinas pueden seguir generando electricidad cuando los paneles solares dejan de hacerlo por falta de luz.
Así, ambas fuentes de energía pueden complementarse para abastecer la red.
Según las estimaciones de Pattern Energy, SunZia podría evitar alrededor de 9 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono cada año.
Es una proyección de la empresa, no una reducción que ya se haya medido durante un año completo de funcionamiento.
El proyecto también muestra por qué las líneas de transmisión son tan importantes para la energía renovable.
De poco sirve producir grandes cantidades de electricidad en una zona si después no hay manera de llevarla hasta las ciudades que la necesitan.
Sin embargo, construir esas conexiones también tiene consecuencias para los lugares que atraviesan
En SunZia, el trabajo con Audubon permitió introducir cambios para reducir los riesgos sobre las aves. Pero las preocupaciones de las comunidades indígenas por las zonas culturalmente sensibles de Arizona no quedaron resueltas de la misma manera.
Por eso, aunque el parque ya está funcionando, su historia todavía tiene asuntos pendientes.
Después de casi dos décadas, SunZia consiguió poner en marcha una de las mayores obras de energía renovable del país.
Lo que deja esta experiencia es que construir energía limpia no depende solamente de tener viento, turbinas y dinero. También importa dónde se hacen las obras, cómo se diseñan y qué ocurre con las comunidades y los animales que viven en esos lugares.
Puedes revisar el artículo completo en: Boycott, T. J., Simamora, T. I., Rodewald, A. D., & Grodsky, S. M. (2026). Solar energy development selectively filters avian taxonomic and functional diversity across a perennial agricultural landscape. Journal of Applied Ecology, 63(9), e70590. https://doi.org/10.1111/1365-2664.70590
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