La administración de Donald Trump ya comienza a marcar su ritmo y pone una vez más sobre la mesa la posibilidad de imponer aranceles del 25% a las importaciones provenientes de México y Canadá. Esta medida, según funcionarios estadounidenses, busca presionar a ambos países para que se alineen con las políticas migratorias y comerciales de Estados Unidos.
Según el Wall Street Journal, un alto funcionario de la administración Trump ha confirmado que se están considerando seriamente estos aranceles. Esta amenaza se basa en la premisa de que los aranceles son una «herramienta de negociación efectiva» y un «castigo» para aquellos países que no cumplen con las demandas estadounidenses.
El domingo anterior, Trump anunció aranceles del 25% a las importaciones colombianas como respuesta a la negativa del gobierno de Gustavo Petro a aceptar vuelos de repatriación de migrantes. Esto podría extenderse a México, a pesar de los esfuerzos previos realizados por el gobierno para cooperar en temas migratorios, como la aceptación de vuelos de deportación y el despliegue de la Guardia Nacional en las fronteras.
La amenaza de los aranceles como herramienta de negociación
De este modo, el experto en política y economía del Tecnológico de Monterrey, Carlos Elizondo Mayer-Serra, explicó que el caso de Colombia refleja el enfoque hacia las amenazas arancelarias. Según Elizondo, Trump considera los aranceles como un instrumento no solo de castigo, sino también como un mecanismo para renegociar los tratados y financiar sus políticas internas.
Desde el inicio de su mandato, el presidente estadounidense utilizó este tipo de medidas para fortalecer su posición negociadora, una táctica que, según Mayer-Serra, se alinea con la “teoría del loco” aplicada por Nixon: generar incertidumbre para negociar desde una posición de fuerza. Sin embargo, esta estrategia también implica riesgos, ya que puede provocar tensiones económicas y políticas.
A pesar de los esfuerzos de cooperación del gobierno mexicano en materia migratoria, el funcionario estadounidense citado en el WSJ señaló que estas acciones no son suficientes para evitar los aranceles. Esto subraya la naturaleza impredecible de las decisiones de Trump (quien también quiere renombrar el Golfo de México), diseñadas para mantener a los países socios en una posición de vulnerabilidad.
Esta medida de Donald Trump impactará en la economía mexicana
Uno de los sectores que más se verá afectado ante la posible imposición de aranceles sería el automovilístico, ya que México desempeña un papel clave en ese sector, debido a que representa más del 40% de las importaciones de autopartes en Estados Unidos. Cualquier medida arancelaria tendría impacto en las cadenas de suministro integradas, lo que podría poner en riesgo futuras inversiones en este rubro.
Así es como Elizondo, advirtió que un arancel del 25% no solo aumentaría los costos para los consumidores estadounidenses, sino que también podría paralizar la producción en toda la región. Esto se debe a que los componentes automotrices cruzan las fronteras en múltiples ocasiones antes de llegar al consumidor final.
Aunque Trump y su equipo sostienen que estas medidas incentivarían la producción nacional y generarían ingresos adicionales, las consecuencias económicas a corto plazo podrían ser graves para ambos países. Al usar estas amenazas como una herramienta de negociación, remarca la presión hacia los países socios en el marco de sus políticas migratorias y comerciales.
La vuelta económica que tendrían los aranceles del 25% para México y Canadá
Según un análisis del Instituto Peterson de Economía Internacional, esta medida reduciría el PIB de Estados Unidos en 200.000 millones de dólares, el de Canadá en 100.000 millones de dólares y restaría un 2% a la tasa de crecimiento económico de México.
A pesar de estas proyecciones, el presidente Trump minimizó la dependencia de Estados Unidos hacia Canadá y México, por ello, en su discurso en Davos insistió: «No les necesitamos para fabricar nuestros coches, y ellos fabrican muchos. No necesitamos su madera porque tenemos nuestros propios bosques (…). No necesitamos su petróleo ni su gas. Tenemos más que nadie».
Investigadores como Warwick McKibbin y Marcus Noland advierten que el daño podría ser incluso mayor debido a las fuertes interconexiones económicas entre estos países. Los sectores como el automotriz y energético, se verían gravemente afectadas, aumentando los costos de producción y reduciendo la competitividad en los mercados globales.
