El organismo multilateral señaló con preocupación que la continuidad del conflicto entre Irán y Estados Unidos y los bloqueos en el estrecho de Ormuz han generado una reducción en el comercio energético que decantó en una inflación más alta y el debilitamiento del crecimiento económico de varios países. Además, anticipó que esta tendencia se verá intensificada si Washington y Teherán no alcanzan un acuerdo de paz lo antes posible.
La economía mundial en riesgo
Si bien hay cierto consenso en relación a que el año 2025 terminó con un panorama positivo en materia de comercio internacional, algo que en el transcurso del año parecía muy difícil debido a las perturbaciones comerciales por la guerra arancelaria y la incertidumbre política, el impulso que se esperaba para el 2026, en el que vaticinaron un crecimiento global de 3,4 puntos porcentuales, fue abruptamente sacudido desde que se reactivó e intensificó el conflicto en Medio Oriente entre Estados Unidos, el Estado de Israel y la República Islámica de Irán.
Entre los bloqueos al estrecho de Ormuz ordenados tanto por Teherán como por Washington y los daños críticos que sufrieron ciertas instalaciones claves en Medio Oriente, región clave para sostener el suministro de petróleo y sus derivados en todo el planeta, se han incrementado exponencialmente las probabilidades de que se origine una grave crisis energética y económica como pocas se han visto en la historia de la humanidad.
En este sentido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) difundió un informe que señala los efectos inmediatos de la guerra y el corte abrupto del transporte naval de cerca del 20% de los hidrocarburos que se comercian en el mundo, y vaticinó una profundización de la crisis energética y una desaceleración considerable del crecimiento, que se agudizarán conforme pasen los días y el conflicto siga sin resolverse.
La guerra dañó la economía
Es importante señalar que cualquier conflicto bélico que involucre a dos o más países con cierto nivel de relevancia para la economía global decantará obligatoriamente en algún tipo de crisis global. El ejemplo más claro de los últimos años es sin duda la guerra en Ucrania, a partir de la cual hubo un aumento acelerado del precio de los combustibles y los alimentos en todo el planeta.
En el caso de Medio Oriente, la situación es todavía más preocupante y la magnitud total de los daños dependerá de cuánto dure y qué tanto escale el conflicto, así como de la velocidad con que se logre normalizar la producción y el transporte de energía tras el cese de las hostilidades.
Los técnicos del FMI señalaron tres factores principales a analizar: primero, el aumento de los precios de las materias primas, calificado como «un ejemplo clásico de la perturbación negativa de la oferta» que aumenta la inflación general y debilita el poder adquisitivo.
En segundo lugar, señalaron que estas condiciones «podrían verse amplificadas a medida que las empresas y los trabajadores busquen nuevas formas de recuperar o evitar pérdidas». Finalmente, anticiparon que «el incremento de los riesgos macroeconómicos y la perspectiva de una política monetaria más restrictiva podrían desencadenar una repentina revalorización de los mercados financieros», endureciendo las condiciones financieras y frenando la demanda agregada.
Crecimiento mundial mermado
El informe del Fondo Monetario Internacional vaticinó, basado en la presunción de que el conflicto en Medio Oriente tendrá una duración corta y con un aumento del 19% en los precios de las materias primas energéticas en 2026, un crecimiento global de apenas 3,1 puntos porcentuales para este año y situó la inflación general en el 4,4%, lo que significaría una desviación importante de la marcada tendencia global a la desinflación que se registró en los últimos años.
