Virginia se lanzó de lleno a una discusión que cruza la transición energética con la subsistencia del campo. A mediados de junio, la gobernadora Abigail Spanberger firmó una ley que define y normaliza oficialmente la agrovoltaica, la cual consiste en instalar paneles solares en los mismos terrenos en los que se cultivan alimentos o se cría el ganado. Lo que se quiere conseguir con esta resolución es apagar el conflicto que viven la industria de las energías renovables y los productores locales, permitiendo un sistema en el que puedan coexistir y aprovecharse del mismo terreno.
Un freno a la pérdida de los terrenos de cultivos
Hasta hace poco, las energías limpias enfrentaban muchas reticencias desde la agricultura, que eran bien fundadas por un reciente informe universitario que aseguró que más del 40 % de las tierras ocupadas por instalaciones solares en el estado eran clasificadas como tierras de cultivo de buena calidad.
La nueva ley viene a poner un freno claro a esta tendencia, obligando a que los proyectos agrovoltaicos sean concebidos precisamente para priorizar y asegurar la productividad de la tierra antes que la productividad eléctrica. Para que un parque mixto sea admitido por la ley, las empresas tienen que garantizar que la actividad agraria se siga manteniendo a lo largo de toda la vida útil de los paneles.
También el texto legal exige que se tenga en cuenta un plan de desmantelamiento para no perder estas materias primas en el futuro y que además los agricultores tengan margen de maniobra para adaptarse a los vaivenes del mercado. Ya no se trata de cubrir el césped a base de silicio. Se trata de hacer estructuras que permitan el paso de los tractores o el alojamiento de los animales.
Los primeros pasos hacia una convivencia necesaria
No se escogió al azar la ceremonia de la ley, sino que se reveló en el primer proyecto agrosolar de cultivos. Es una pequeña instalación del condado de Loudoun que hace crecer un 30 % más la electricidad que ella misma consume. Pese a tan solo estar dando los primeros pasos, los números oficiales dan cuenta de aproximadamente trece proyectos de esta especie en funcionamiento en Virginia, la abrumadora mayoría apostados a la práctica extensiva de pastoreo de ovejas o a la pasarela para hábitats de polinizadores.
Lauren Glickman, ejecutiva de la firma Encore Renewable Energy, señaló que la envergadura de esta ley está en recuperar esos campos que hoy están abandonados. La apuesta es que los proyectos de pastoreo solar sirven para revitalizar tierras sin uso e incluso para generar un completo nuevo mercado. Tal como manifestaba la ejecutiva, la máxima es que con estas prácticas «no solo estamos salvando tierras agrícolas, en realidad, estamos cultivando tierras agrícolas mientras se produce energía limpia».
La conformación de una mesa de negociación clave
El texto original de la ley incluye la conformación de un grupo de trabajo con todos los sectores involucrados, pero el artículo fue sacado de la votación final de la legislatura. Aunque haya quedado afuera, la administración de Spanberger confirmó que avanzará con la conformación de ese panel asesor mediante un decreto ejecutivo para que lleguen cuanto antes los criterios técnicos y los permisos que destraben las inversiones.
Se espera que la mesa de negociación empiece a trabajar de lleno en el verano estadounidense. El desafío será poner en la misma habitación a los desarrolladores solares, a las agrupaciones ambientalistas y, por sobre todo, a los verdaderos dueños de la tierra. Para la industria, tener una voz agrícola unificada que represente a agricultores y ganaderos es el único camino para elaborar reglas claras y estandarizables para pasar a concretar buenas intenciones en asociaciones comerciales reales.
