El sentido común nos haría pensar que cuanto más calor haga, mejor deberían funcionar los paneles solares.
Al fin y al cabo, están ahí para aprovechar el sol.
Pero resulta que la realidad es bastante más complicada.
En lugares donde las temperaturas se disparan, como ocurre en muchas zonas desérticas, los paneles empiezan a perder rendimiento precisamente en las horas en las que más energía deberían estar generando.
Es una contradicción con la que los ingenieros llevan años peleando.
Y ahora, unos investigadores egipcios creen haber encontrado una manera relativamente sencilla de reducir ese problema.
La clave, curiosamente, no está en nuevos materiales ni en complejos sistemas electrónicos.
Está en algo mucho más simple.
Cuando el calor se convierte en un enemigo inesperado
Aunque solemos asociar los paneles solares con el calor, lo que realmente necesitan para producir electricidad es la luz.
Las temperaturas excesivas son otra historia.
Cuando la superficie del panel se calienta demasiado, los materiales pierden eficiencia y empiezan a generar menos electricidad.
Eso significa que algunos de los lugares con más horas de sol del planeta también tienen uno de los mayores obstáculos para aprovechar esa energía.
Es una situación que preocupa especialmente en regiones áridas del norte de África, Oriente Medio o el suroeste de Estados Unidos.
Por eso, desde hace años, los especialistas intentan encontrar formas de mantener los paneles más frescos sin disparar los costes de las instalaciones.
El problema cambia completamente cuando aparece la nieve
No todos los países tienen las mismas preocupaciones.
En las regiones más frías, las bajas temperaturas suelen favorecer el rendimiento de los paneles.
Pero eso no significa que la situación sea sencilla.
Allá, el inconveniente allí es otro.
La nieve puede cubrir la superficie y bloquear la radiación solar hasta que se limpia.
En las zonas muy calurosas, en cambio, la industria ha probado distintos métodos para combatir el sobrecalentamiento.
Algunos sistemas utilizan circuitos de agua y tuberías instaladas detrás de los paneles, pero su coste es bastante elevado.
También se han ensayado métodos para reducir la temperatura mediante sombras o cubiertas especiales, aunque en algunos casos esas soluciones terminan restando más energía de la que consiguen salvar.
Por eso la búsqueda continúa.
Y fue precisamente en Egipto donde un equipo de científicos decidió probar una alternativa diferente.
La revolución del agua pulverizada descubierta en Egipto
Investigadores de la Universidad de Assiut estudiaron qué ocurría si se pulverizaba una fina cantidad de agua sobre los paneles durante los momentos de mayor calor.
El objetivo era sencillo: eliminar parte del calor acumulado en la superficie.
Los resultados publicados en Nature sorprendieron incluso a los propios investigadores.
Según el estudio, la temperatura de los paneles llegó a reducirse hasta en 22 grados centígrados.
Esa disminución se tradujo en una mejora de la eficiencia eléctrica situada entre el 20% y el 24%.
Una de las ventajas del sistema es que no requiere grandes modificaciones ni equipos especialmente complejos.
Sin embargo, todavía quedan preguntas por responder.
Por ejemplo, hasta qué punto un método de este tipo puede resultar viable en zonas donde el agua es un recurso limitado.
Los investigadores creen que todavía será necesario seguir estudiando su aplicación a gran escala.
Pero los resultados obtenidos muestran algo que la industria energética ha aprendido muchas veces: no siempre hace falta una tecnología revolucionaria para hacer un gran cambios y conseguir mejoras importantes.
A veces, soluciones relativamente sencillas terminan resolviendo problemas que llevaban años acompañando a una tecnología.
Y en el caso de los paneles solares, unas pequeñas gotas de agua podrían acabar convirtiéndose en una ayuda mucho más importante de lo que parecía.
