La energía solar lleva años enfrentándose a un problema que no tiene que ver con la tecnología ni con el precio. Tiene que ver con la apariencia.
En muchas ciudades, especialmente en aquellas llenas de edificios altos, los tejados ya no ofrecen suficiente espacio para producir toda la electricidad que se necesita.
Las fachadas también podrían ayudar.
El problema es que los paneles solares tradicionales no siempre encajan con el diseño de los edificios.
Para algunos arquitectos y promotores, cubrir las paredes con grandes módulos negros o azul oscuro supone renunciar a parte de la identidad visual de una obra.
Por eso, en muchos proyectos, las fachadas terminan quedándose como están.
Pero eso podría empezar a cambiar.
Una nueva tecnología promete convertir las paredes de los edificios en generadores de electricidad capaces de integrarse visualmente con la arquitectura.
Y lo más llamativo es que, desde cierta distancia, podrían parecer simplemente otro material de construcción.
¿Cómo se puede hacer que una fachada produzca energía sin que parezca una instalación solar tradicional?
La tecnología que quiere dejar atrás la idea de los paneles negros
La energía solar ha ganado terreno en todo el mundo porque permite producir electricidad sin emisiones directas y reducir la dependencia de otras fuentes de energía.
Sin embargo, en los entornos urbanos sigue existiendo un problema difícil de resolver.
La estética.
Cuando se intenta dar color a un panel solar convencional, parte de la luz se refleja o se filtra para conseguir ese acabado visual. Y cuanto menos luz llega a las celdas, menos electricidad se produce.
La propuesta de la empresa Microquanta intenta resolver precisamente ese dilema.
Su tecnología combina perovskita y silicio en una arquitectura tándem más avanzada que la de los paneles convencionales.
La idea es aprovechar distintas partes de la luz solar al mismo tiempo para aumentar la eficiencia del sistema.
Ese mayor rendimiento interno permite compensar parte de la energía que normalmente se pierde cuando se añaden acabados estéticos.
Además, el diseño de los colores y las texturas se realiza dentro del propio módulo.
Eso abre la puerta a fachadas capaces de imitar diferentes materiales, desde acabados metálicos hasta superficies que recuerdan al mármol o a la piedra.
La idea resulta especialmente interesante cuando se piensa en ciudades llenas de rascacielos, como Nueva York o Shanghái.
Porque en lugares donde apenas queda espacio en los tejados, las propias paredes de los edificios podrían terminar convirtiéndose en una nueva fuente de electricidad.
El reto de hacer que los rascacielos también produzcan energía
La propuesta de MicroQuanta resulta especialmente atractiva para los edificios de nueva construcción, las rehabilitaciones energéticas y la arquitectura corporativa, donde el aspecto visual suele tener un peso muy importante.
Poder generar electricidad sin alterar la imagen del edificio es algo que hasta hace poco parecía difícil de imaginar.
Sin embargo, todavía quedan varios desafíos por delante.
Las tecnologías basadas en perovskitas han mostrado resultados muy prometedores en el laboratorio, pero todavía deben demostrar que pueden resistir durante años la exposición al sol, la lluvia, la humedad y los cambios bruscos de temperatura.
También será necesario comprobar sus costes de producción, obtener certificaciones a gran escala y desarrollar soluciones viables para su reciclaje.
En otras palabras, la idea es muy atractiva.
Pero todavía necesita demostrar que puede funcionar de forma fiable durante décadas en condiciones reales.
Más diseño y más energía sin llenar las ciudades de paneles visibles
El camino hacia una adopción masiva probablemente será gradual.
Dependerá de que estas nuevas fachadas demuestren que pueden producir suficiente electricidad y, al mismo tiempo, justificar su coste de instalación.
Aun así, la imagen que plantea esta tecnología resulta difícil de ignorar.
Durante años, la energía solar en las ciudades se ha asociado casi exclusivamente a los tejados y a los paneles visibles sobre las cubiertas.
Estas nuevas soluciones proponen algo diferente.
La posibilidad de que las propias paredes de los edificios también produzcan energía.
Y si las perovskitas consiguen superar los retos que todavía tienen por delante, las ciudades del futuro podrían generar parte de su electricidad sin necesidad de cubrir cada superficie con paneles oscuros.
Quizá dentro de unos años pasemos junto a un rascacielos pensando que estamos viendo simplemente una fachada de diseño.
Y resulte que esa pared, silenciosamente, también está produciendo electricidad.
