La masificación de la electrificación de la economía global tendría que ser la pieza clave que inicia la nueva etapa de la transición energética mundial. Tal como queda reflejado en el último informe técnico presentado en mayo de 2026 por la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) titulado «Abandonar los combustibles fósiles: Una hoja de ruta basada en renovables, electrificación y mejora de las redes», la electricidad va a ser el vector y el portador preponderante del sistema internacional.
Enfoques científicos en el escenario de mitigación y declive de fósiles
La remodelación de los modelos de simulación matemática de IRENA incorpora un escenario corregido que establecerá los límites máximos de elevación térmica que experimentará el planeta Tierra, el cual podrá ser incorporado dentro de la siguiente edición del reporte «World Energy Transitions Outlook». Las evaluaciones científicas que han sido implementadas para las matrices de demanda por sectores informan que un aumento de la necesidad de energía eléctrica se verá atendido casi en su totalidad por fuentes limpias.
Siguiendo los cálculos matemáticos, la parte que ocupan los combustibles fósiles en el mix a nivel global se irá reduciendo sobre una marcha acelerada, desplomándose del 80 % que actualmente le atribuyen los combustibles fósiles al 50 % de aquí al 2035, y por último avizorando un suelo del 20 % o hacia abajo para el 2050.
El máximo responsable de IRENA, Francesco La Camera, subraya la necesidad de que el mundo se vaya acostumbrando a una nueva realidad energética donde la electrificación y la eliminación de los hidrocarburos son caminos que van de la mano. Desde la perspectiva técnica que conforma este modelo se pueden alcanzar una diversidad de objetivos de gobernanza pública:
Mitigación ambiental: Colaborador en una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global.
Soberanía y seguridad: Aumenta la autonomía energética de los Estados al reducir la necesidad de importar combustibles fósiles de costes crecientes.
Competitividad sectorial: Induce desarrollo económico promoviendo nuevas cadenas de valor y nichos de innovación técnica.
El cuello de botella de las infraestructuras y la excelencia del funcionamiento de las redes
La transición hacia un sistema por la electricidad requiere una transformación radical de las redes de transporte y distribución a nivel planetario. Hoy en día, la infraestructura física está constituyendo un cuello de botella esencial para el desarrollo del sector: IRENA estima que alrededor de 2500 gigavatios de energía eólica y solar están retenidos, en espera de su conexión a las redes de transmisión por falta de disponibilidad.
Lo que subrayan los comités técnicos de IRENA es que las metas fijadas para 2035 y 2050 son inalcanzables si los gobiernos no implementan procesos de licenciamiento de velocidad y de excelencia de la función de la asignación de inversiones de capital.
Para poder dar solución a estas deficiencias de interconexión, la agencia contempla que las inversiones anuales promedios en redes de transmisión, sistemas de almacenamiento y mecanismos de flexibilidad del sistema deben ascender a US$1,2 billones a nivel mundial. Esta cifra supone más del doble de los US$0,5 billones invertidos para el año 2025 en infraestructura eléctrica.
Cooperación multinacional y el tráfico de decisiones globales para 2035
El ritmo final con el que las economías consigan sus objetivos de descarbonización dependerá de la velocidad de la electrificación de sus actividades cotidianas y comerciales. Para mantener en el horizonte las metas climáticas mundiales, la información técnica elaborada por IRENA apunta en la dirección del establecimiento de un objetivo global de electrificación vinculante para 2035, reforzado por objetivos de almacenamiento y de optimización de redes de alta tensión. Esta clara dirección de viaje busca compaginar los esfuerzos de inversión de las empresas privadas con los planes de ordenación del territorio de los Estados soberanos.
