Una estructura de 74 metros que recuerda a un avión comercial lleva varios años flotando frente a las costas de Escocia.
No transporta pasajeros ni mercancías.
Su misión es otra.
Aprovechar las corrientes del océano para producir electricidad.
La enorme plataforma es capaz de generar hasta 2 megavatios de potencia, suficiente para abastecer aproximadamente a 2000 hogares al año.
Su aspecto llama la atención, pero detrás de ese diseño poco habitual hay una tecnología que algunos ingenieros consideran una de las apuestas más prometedoras para reforzar las energías renovables.
Las corrientes marinas ofrecen una ventaja que otras energías renovables no tienen
La energía mareomotriz lleva décadas despertando interés entre científicos e ingenieros.
A diferencia de la solar o la eólica, las mareas son extremadamente predecibles porque dependen de los movimientos de la Tierra, la Luna y el Sol.
Eso permite calcular con mucha precisión cuándo se generará electricidad y cuánta energía estará disponible.
Esa regularidad es precisamente una de las razones por las que varios países están investigando nuevas formas de aprovechar el movimiento del mar.
Escocia es uno de ellos.
Y allí se encuentra una de las instalaciones más llamativas desarrolladas hasta ahora.
Se trata de la plataforma mareomotriz flotante más grande del mundo.
Así es la enorme máquina flotante que produce electricidad bajo el agua
Orbital O2 fue desarrollada por la empresa escocesa Orbital Marine Power.
La estructura mide 74 metros de longitud y está anclada al fondo marino mediante cuatro sistemas de amarre que la mantienen estable frente a las fuertes corrientes.
Vista desde arriba, su silueta recuerda a la de un avión.

Sin embargo, la parte más importante se encuentra bajo la superficie.
Dos brazos retráctiles sostienen turbinas submarinas equipadas con hélices de 20 metros de diámetro.
Cuando las corrientes de marea atraviesan los estrechos canales de las islas Orcadas, las hélices giran y transforman esa energía en electricidad.
La plataforma puede alcanzar una potencia máxima de 2 megavatios, suficiente para suministrar energía a unos 2000 hogares y evitar la emisión de miles de toneladas de dióxido de carbono a lo largo de su vida útil.
Otra de sus particularidades es que los brazos pueden elevarse hasta la superficie para facilitar las labores de mantenimiento, evitando gran parte de las complejas operaciones submarinas.
Después de demostrar que puede funcionar en condiciones reales, la siguiente pregunta es inevitable.
¿Puede esta tecnología extenderse a gran escala?
El mayor desafío sigue siendo el coste, pero los proyectos continúan avanzando
Los especialistas consideran que las corrientes marinas podrían complementar otras fuentes renovables en el futuro.
La tecnología ya ha demostrado que es capaz de operar de manera estable y generar electricidad de forma predecible.
Sin embargo, todavía existe un obstáculo importante.
El coste.
Construir e instalar este tipo de plataformas sigue siendo más caro que desarrollar parques solares o eólicos convencionales.
Pero los investigadores confían en que la fabricación de más unidades y la experiencia acumulada ayuden a reducir los costes con el tiempo.
De hecho, varios proyectos contemplan la creación de pequeños parques mareomotrices formados por varias turbinas conectadas entre sí.
Por ahora, Orbital O2 sigue siendo una de las demostraciones más avanzadas de esta tecnología.
Y también una muestra de que las corrientes del océano podrían acabar desempeñando un papel mucho más importante en el sistema eléctrico de las próximas décadas.
