Las subidas del precio de la gasolina suelen convertirse en noticia casi de inmediato.
Es algo que los conductores notan rápidamente cuando llenan el tanque.
Pero en paralelo se ha desarrollado otra situación que apenas ha recibido atención y que preocupa a varios analistas del mercado energético.
Las reservas de petróleo que muchos países utilizan como respaldo frente a emergencias son hoy más reducidas que hace unos años.
La advertencia apareció en un informe reciente de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), justo cuando las tensiones en Oriente Medio han vuelto a poner el foco sobre el estrecho de Ormuz.
El estrecho de Ormuz volvió a recordar lo dependiente que sigue siendo el mercado petrolero
Por el estrecho de Ormuz pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo.
Por eso, cada vez que aumenta la tensión en la región, los mercados reaccionan.
La posibilidad de retrasos o interrupciones en el transporte marítimo suele ser suficiente para impulsar los precios del crudo.
Eso termina reflejándose en la gasolina y en otros combustibles.
Las últimas tensiones en la zona volvieron a provocar movimientos en el mercado y reavivaron las preocupaciones sobre el suministro.
Sin embargo, varios especialistas creen que la atención se ha concentrado demasiado en los precios y muy poco en otro elemento que también influye en la estabilidad del sistema.
Las reservas que ayudaban a amortiguar las crisis son ahora más pequeñas
Durante los últimos años, distintos países recurrieron a sus inventarios estratégicos para compensar problemas de suministro y tratar de contener las subidas del petróleo.
Esas reservas funcionan como una especie de seguro.
Se utilizan precisamente cuando el mercado atraviesa momentos complicados.
El problema es que los inventarios no son infinitos.
La EIA advirtió que las existencias mundiales podrían acercarse a niveles que no se observaban desde hace décadas.
Y eso significa disponer de menos margen ante futuras interrupciones.
El impacto no se limita a las gasolineras.
Cuando el petróleo se encarece, también aumentan los costos del transporte. Y eso termina afectando a otros sectores de la economía, desde los alimentos hasta la distribución de mercancías.
Es un efecto que normalmente aparece con retraso, pero que acaba llegando al bolsillo de los consumidores.
La EIA cree que los inventarios seguirán ajustados y que reconstruirlos llevará tiempo
Las previsiones de la U.S. Energy Information Administration apuntan a que las reservas seguirán bajo presión durante los próximos meses.
La desaceleración de la demanda mundial podría evitar subidas mucho más fuertes del petróleo, pero eso no significa que el mercado haya recuperado margen suficiente para afrontar nuevas interrupciones.
Reconstruir las reservas lleva tiempo.
Y mientras esos inventarios permanezcan en niveles relativamente bajos, cualquier problema importante en el suministro tendrá más capacidad para influir en los precios.
Por eso, algunos analistas consideran que la cuestión ya no es únicamente cuánto cuesta hoy la gasolina.
También importa cuánto respaldo queda disponible si el mercado vuelve a enfrentarse a una nueva crisis.
Y esa es una variable que suele pasar desapercibida hasta que aparecen los problemas.
