La solución no siempre está en el futuro, a veces hay que mirar al pasado.
Estamos desperdiciando mucha energía que podría ayudar a salvar el mundo, porque no tenemos dónde guardarla.
Curiosamente, un invento de hace casi 50 años podría ser la solución y convertirse en la batería más grande y barata del mundo, pero ¿cómo es posible esto?
Cuál es la verdad de las energías renovables
Sabemos que las energías renovables nos ayudan a cuidar nuestro planeta, pero la verdad es que no todo es perfecto. Su gran problema es su intermitencia e inestabilidad.
El sol sale cuando quiere y el viento sopla a su ritmo, no cuando nosotros necesitamos cocinar o cargar el móvil.
En una noche sin brisa, no hay energía, pero en un día de mucho viento, las turbinas eólicas pueden generar tanta fuerza que corren el riesgo de sobrecargar y dañar la red eléctrica.
Cuando hay demasiada energía, se apagan los parques eólicos para no saturar el sistema, lo que es un desperdicio de recursos.
Lo importante es que si realmente queremos dejar de depender del petróleo o el gas, el secreto no es solo producir energía limpia, sino aprender a guardarla.
Por qué las baterías actuales no son suficientes
Cuando pensamos en guardar energía, lo primero que nos viene a la mente son las baterías de litio. Son básicamente versiones gigantes de la batería que lleva tu móvil o un coche eléctrico.
No podemos negar que son buenas, pero tienen muchos problemas que las hacen difíciles de usar para alimentar a todo un país.
Fabricarlas es un proceso carísimo. Necesitamos materiales que son difíciles de encontrar y no están en todos lados, pero el problema más grande es que no durará para siempre.
Al igual que tu teléfono, estas baterías pierden su capacidad con el tiempo y después de unos 10 años de usarlas todos los días, se debilitan y hay que cambiarlas. Esto contamina más nuestro planeta.
Otra opción en la que podríamos pensar es usar agua y presas, como las centrales hidroeléctricas de bombeo. Es una buena idea, pero también hay un problema, pues no podemos construir una montaña y un embalse en cualquier lugar.
Si miramos los precios, la situación es aún más complicada. Almacenar energía en baterías de litio es muy caro, alrededor de 175 dólares por megavatio-hora, aunque los índices comiencen a mostrar tendencia a la baja.
Esto hace que el precio de la electricidad aumente muchísimo si tratamos de abastecer ciudades enteras solo con baterías de litio.
Una batería de 50 años que vuelve a la vida
En búsqueda de soluciones, la tecnología que está empezando a cambiarlo todo es nada más y nada menos que el almacenamiento de energía mediante aire líquido (LAES).
Es una idea que se patentó en 1977, pero ahora proyectos como el de Highview Power en Carrington, Inglaterra, la han llevado a escala comercial.
Se utiliza el excedente de energía renovable para enfriar el aire hasta los -196° Celsius, y así el aire se convierte en líquido.
Este aire líquido se almacena en tanques térmicos grandes a baja presión. Cuando se necesita electricidad, el líquido se calienta, se expande y hace mover una turbina que genera electricidad nueva. Las ventajas son impresionantes:
- Precio: Puede ser hasta tres veces más barato que las baterías de litio, con un costo de unos 45 dólares por megavatio-hora.
- Duración: Los tanques y turbinas pueden funcionar durante décadas sin perder eficiencia.
- Ubicación: No necesita montañas ni agua, como la hidroeléctrica, ya que puede construirse cerca de cualquier ciudad.
Estamos rediseñando la forma en que conseguimos la energía para que sea 100% verde, y lo más curioso es que el aire que respiramos podría ser el combustible que nos permita encender la luz de noche.
