Seremos abono, más tendrá sentido

Algunos dicen que fue cocinar, otros que fue enterrar lo que hizo al hombre hombre, mujer a la mujer. Aunque enterrar es otro abuso torpe del lenguaje. Donde dice enterrar debería decir encavernar o quemar o entregar a las aguas o colgar de una rama, y deberíamos decir: que lo que terminó de hacer de aquellos monos animales diferentes fue la decisión de ocuparse de sus muertos, decidir que esos montones de materia que carroñeros comerían o el tiempo pudriría merecían un destino mejor porque había deudos o dioses o espíritus que así lo demandaban.

Los agrotóxicos matan

De acuerdo con variados y acreditados estudios, la exposición crónica incluso a bajas dosis a los agrotóxicos causa daños graves a la salud humana relacionados con la aparición de cánceres, alteraciones cromosómicas, malformaciones congénitas, afecciones del sistema nervioso y trastornos del sistema endócrino, entre otros. Ni como trabajador del campo ni como habitante de las zonas rurales ni como consumidor de los productos de la agricultura industrial se puede estar a salvo de los venenos agrícolas. Una vez esparcidos, los agrotóxicos contaminan los ríos, los mantos freáticos, las costas, el aire, el suelo y los alimentos.

El juicio de Turín

En el mundo hay unos 125 millones de personas expuestas al asbesto en el lugar de trabajo. Según los cálculos más recientes de la OMS, la exposición laboral causa más de 107.000 muertes anuales por cáncer de pulmón relacionado con el asbesto, mesotelioma y asbestosis. Se calcula que un tercio de las muertes por cáncer de origen laboral son causadas por el asbesto. Además se calcula que cada año se producen varios miles de muertes (más) atribuibles a la exposición doméstica al asbesto.

Un mundo sin amianto

El amianto es un plaga esparcida por doquier, que sigue operando por todas partes: en unas, en las que se prohibió hace apenas unos años, porque sigue instalado y continúa desprendiendo pequeñas fibras, del orden de micras -millonésimas de metro- que van a parar al aire, al suelo y al agua y que, de manera invisible al igual que la radiactividad, terminan ingiriéndose o inhalándose y dando lugar a enfermedades malignas y muy dolorosas; en otras, porque aún se sigue extrayendo y transformando legalmente. Todos los años mueren, como mínimo 90.000 personas de cáncer de pulmón, mesotelioma y asbestosis debidos a la exposición al asbesto. Además, se estima que pueden atribuirse varios miles de muertes adicionales a otras enfermedades relacionadas con el amianto y a exposiciones a esa sustancia.

Ante la justicia. El caso del magnate suizo S. Schmidheiny

Stephan Schmidheiny es un presunto delincuente (por el daño sistemático infligido se podría calificar como presunto genocida) que está compareciendo ante la justicia, ante las dos justicias: la administrativa y la popular. Se le acusa en Turín de catástrofe ambiental y de omisión de las reglas de seguridad laboral de manera intencionada (delito doloso), en una fábrica de amianto que poseía en Casale-Monferrato (Italia), denominada Eternit. Este juicio que es una primicia en el mundo porque nunca se había juzgado a los propietarios, eran los altos ejecutivos los que pagaban los platos rotos.

Pueblos Originarios y Derechos humanos

Cuando se trata de pueblos indígenas se ejercita un doble estándar: los derechos humanos son para sectores urbanos, medios y, en lo posible, blancos. Esa discriminación la denuncian desde hace años los pueblos originarios. “El genocidio indígena está invisibilizado por una cuestión de clase social y de etnia”, afirmó en 2008 el juez de la Corte Suprema de Justicia Raúl Eugenio Zaffaroni. Y retrucó: “En la última dictadura militar se avanzó sobre un sector de clase media activo en política, inclusive con un segmento universitario. Por ello se lo reconoció fácilmente como genocidio. Todo depende del sector social que sufre la represión y de su capacidad para hacerse oír en público” Dentro de los espacios indígenas de Argentina, Formosa es vista como uno de los paradigmas de la represión y hostigamiento permanente.

Víctimas y verdugos. Las mentiras del amianto, las fortunas amasadas, los delitos consumados

Cada cinco minutos muere una persona a causa de una enfermedad provocada por el amianto; según un estudio de la Unión Europea, de aquí al 2030 medio millón de personas morirán en Europa de un cáncer causado por el amianto; cada año van a morir unas 140.000 personas en el mundo que hace treinta o cuarenta años estuvieron expuestas a este mineral, bien por su trabajo o por su proximidad a los trabajadores o a las fábricas, y en total con lo que llevamos tragado de las fibras microscópicas del mismo unos 10 millones seremos sus víctimas en 2030 (según el doctor James Leigh, director del Centro de Salud Ocupacional y Ambiental de la Escuela de Salud Pública de Sidney, Australia). Y a toda esta matanza hay que añadir los inenarrables y atroces sufrimientos de los afectados y de sus familiares. No es sólo la primera causa de muerte profesional sino también, desde el punto de vista de las aseguradoras, el siniestro más importante de todos los tiempos.