La llegada del Mundial 2026 a Nueva York y Nueva Jersey representa un desafío fabulosamente logístico para la ciudad que nunca descansa. El estadio que se ubica en Meadowlands es el núcleo de la actividad. La Autoridad Metropolitana de Transporte preparó un plan que debería evitar que la llegada de aficionados a la gran cita paralice el tráfico. La declaración oficial es clara, no deja lugar para la sorpresa: el transporte público es la única vía veloz y expedita para afrontar los días de partido.
Reforzando la capacidad del subte y del ferrocarril local
La columna vertebral de este plan de contingencias se sustenta en hacer entrar más trenes en las arterias principales de la ciudad. Las líneas locales 1, C y F recibirán en los días de partido el refuerzo de formación extra en las horas antes y tras el evento para absorber el tráfico de hinchas. En particular, la línea C aumentará su frecuencia habitual por la mañana y por la noche, mientras que el tren 7 también añadirá algún que otro vagón para ayudar a los hinchas a llegar hasta la sede.
El Ferrocarril de Long Island mantendrá su servicio de rutina habitual, pero la aglomeración de gente en Penn será tan elevada que las autoridades han tenido que reservar un acceso únicamente para conexiones de Nueva Jersey. Esa es la razón por la cual, para sortear los embotellamientos aturdidores, la recomendación oficial para los trabajadores es desviar sus trayectos habituales en la medida de lo posible a las terminales de Grand Central Madison o Atlantic Terminal.
Operativos específicos y calles fuera de circulación
Arribar a las gradas conllevará hacer caso a las recomendaciones de los orientadores ubicados por la ciudad, si es que hay que hacerlo. La agencia puso a disposición de los espectadores un destacamento de embajadores de atención al cliente que se colocarían en parajes de gran concurrencia como Times Square y Columbus Circle, con el fin de guiar a la marea humana a los trenes de tránsito de Nueva Jersey o a los autobuses especiales.
Los micros de interconexión se pusieron en circulación desde espacios específicos en la parte este, oeste y norte del centro de Manhattan con el propósito de redistribuir los flujos de las personas.
En la superficie, el impacto sobre la movilidad será inevitable y grave. Las restricciones de las calles entrarán en vigor seis horas antes del pitazo inicial y permanecerán hasta tres horas después del término del encuentro, bloqueando sectores críticos de la Quinta y la Sexta Avenida.
Este cerrojo de seguridad provocará que se desvíen decenas de rutas de colectivos locales y de expresos, y convertirá al tránsito de superficie en una verdadera pesadilla para cualquier vehículo que no forme parte del operativo oficial o de las flotas de emergencia.
Pagos rápidos y eventos para aficionados
En el caso de que cientos de miles de personas deseen entrar en la misma estación a la misma vez, frenar para comprar un billete físico no parece una solución posible. Las autoridades insisten en que los pasajeros utilicen los sistemas de pago sin contacto directamente en el torniquete, apoyando el teléfono móvil o la tarjeta de crédito para pagar el billete único de US$3 que rige en los subtes y los colectivos. Para los viajes más largos hasta las afueras, la aplicación oficial sigue siendo la forma más rápida para asegurar el billete sin tener que esperar.
La planificación de la movilidad también se extiende más allá del estadio e incluye las enormes zonas de aficionados que se van a preparar en toda el área. Desde el parque del Puente de Brooklyn hasta el Rockefeller Center y el Central Park, cada evento conlleva una ruta de metro para asegurar la evacuación.
