La autoridad de la Administración Nacional de Seguridad de Tráfico en las Carreteras (NHTSA), Jonathan Morrison, implantó la campaña nacional «El exceso de velocidad te alcanza». A través de esta iniciativa, se pretende formar a los conductores estadounidenses en las consecuencias mortales de hacer uso del pedal del acelerador en exceso. Durante todo este mes de julio, las fuerzas de seguridad estatales y locales estarán llevando a cabo operaciones de alta visibilidad para hacer valer el control y la seguridad en las calles y carreteras del país.
Un impacto directo
Ciertas estadísticas estatales son escalofriantes: en el solo año 2024, 11 288 personas han perdido la vida en accidentes de tráfico donde estaba implicado el exceso de velocidad. A lo largo de más de dos décadas, conducir a una velocidad superior a la máxima permitida ha estado presente en una tercera parte aproximada de todos los fallecimientos en accidentes de vehículos a motor, representando un 29 % del total de las víctimas mortales del último año.
Las consecuencias del exceso de velocidad no se limitan a la imposición de una simple multa. Físicamente, el exceso de velocidad disminuye la eficacia de los elementos de seguridad pasiva del vehículo (cinturones de seguridad, airbags) y aumenta bastante la distancia de frenado que hay que recorrer ante un peligro y multiplica de forma considerable la gravedad de las lesiones provocadas en el caso de un choque.
No se trata, además, de superar el límite máximo permitido, también es muy peligroso conducir a una velocidad excesiva con unas condiciones ambientales adversas (mal tiempo, calles oscuras, zonas de reparación). Eso no es nada seguro y representa un riesgo para el resto de la gente de la calle.
¿Qué hace que los conductores se vean impulsados a acelerar?
La NHTSA considera que el exceso de velocidad es uno de los modos de conducta agresiva, que en la mayor parte de los casos está impulsado por la agitación de la vida moderna propia de la cotidianidad:
El tráfico: los atascos producen una gran frustración, donde gran parte de los conductores reaccionan cambiando de vía o enojándose con aquellos que perciben como obstáculos en el camino.
La sensación de correr, la sensación de «estoy llegando tarde» al trabajo, a la escuela, a un partido o a una reunión lleva a las personas a los actos de imprudencia al volante a través de los cuales tratan de recuperar el tiempo que consideran perdido.
La sensación del anonimato dentro del habitáculo: estar encerrado dentro de un automóvil produce una falsa sensación de aislamiento, así, encerrados y sintiéndose protegidos de la realidad externa, muchos conductores pierden los frenos inhibitorios: la creencia de que lo que están haciendo no tendrá consecuencias.
Desprecio por las reglas: hay conductores que, al menos algunas veces, pueden acelerar como reacción ante una situación de estrés, para una fracción de los automovilistas, acelerar se convierte en un comportamiento crónico donde el desprecio por la norma y por la vida del otro es total.
Plan de acción nacional
La NHTSA, junto con la Administración Federal de Seguridad de Autotransportes y la Administración Federal de Carreteras, elabora programas completos de gestión de la velocidad que van desde obras de ingeniería y diseño de carreteras hasta la fijación de límites razonables y seguros.
Más allá de las campañas de comunicación específicas dirigidas a los conductores de alto riesgo, dicha agencia enseña a los agentes de policía en todo el país el uso de los radares y dispositivos láser. Con los vínculos establecidos con las asociaciones nacionales de jefes de policía y de alguaciles se intenta unir fuerzas de tal modo que las sanciones se apliquen y así disuadir a quienes piensen que el hecho de llegar unos minutos antes vale más que una vida.
