«Solo voy a parar un momento».
Es una escena habitual en Nueva York.
Un conductor deja el coche en doble fila, ocupa un carril exclusivo o se detiene unos segundos junto a una parada mientras hace una entrega o espera a alguien.
Durante años, muchas de esas maniobras pasaban desapercibidas.
Ahora, algunas pueden terminar en una multa de hasta 250 dólares.
La diferencia es que ya no hace falta que haya un policía cerca.
Los propios autobuses de la MTA llevan cámaras capaces de registrar determinadas infracciones.
Las cámaras van instaladas en los autobuses
El programa se conoce como Automated Camera Enforcement (ACE).
Más de 1600 autobuses de Nueva York ya cuentan con estos equipos.
Las cámaras registran vehículos que bloquean carriles exclusivos o impiden el paso normal del transporte público.
Las imágenes no se traducen automáticamente en una sanción.
Antes, el material es revisado.
Las multas comienzan en 50 dólares y aumentan para quienes acumulan nuevas infracciones.
La MTA sostiene que mantener despejados los carriles reservados ayuda a mejorar la velocidad y la regularidad del servicio.
Millones de personas utilizan los autobuses de la ciudad cada día.
Un coche parado unos segundos puede afectar a todo un recorrido
Quienes viajan en autobús están acostumbrados a una situación repetida.
Un vehículo estacionado en un lugar prohibido obliga al conductor a frenar, cambiar de carril o esperar.
A veces el retraso dura apenas unos segundos.
Pero cuando ocurre varias veces durante el recorrido, termina afectando a cientos de pasajeros.
Por eso, el sistema de la MTA se ha ido extendiendo a nuevas líneas en distintos barrios de la ciudad.
La intención es reducir esos retrasos y hacer que los tiempos de viaje sean más previsibles.
El sistema también ha abierto un debate entre distintos usuarios de la calle
No todos ven estas medidas de la misma forma.
Muchos usuarios del transporte público apoyan las cámaras porque consideran que ayudan a agilizar los desplazamientos.
Repartidores, taxistas y algunos conductores comerciales sostienen que cada vez tienen menos espacio para detenerse mientras trabajan.
La discusión no es nueva.
Nueva York lleva años intentando equilibrar las necesidades de quienes utilizan el coche con las de millones de personas que dependen del transporte público.
Mientras tanto, una parada de apenas unos segundos puede terminar teniendo consecuencias que hace unos años muchos conductores ni siquiera imaginaban.
Y la multa podría llegar días después, enviada por algo que en ese momento parecía una detención de «solo un minuto».
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