El Departamento de Transporte de Pensilvania (PennDOT) ratificó que a un largo corredor de un total de 62 millas, que antes era la histórica carretera U.S. 15, se le otorgará un nuevo título formalmente. A partir del próximo jueves 30 de julio, este recorrido que atraviesa los condados de Lycoming y Tioga será renombrado como Interestatal 99.
Cuatro décadas de obras y una inversión millonaria
Para llegar a esta celebración, la vía debió transformarse paso a paso. La historia de esta modernización no es un proyecto improvisado que se resolvió de un día para el otro en una mesa de gobierno. Las obras para transformar lo que era una ruta de características prosaicas en una moderna autopista de acceso controlado comenzaron allá por 1984. Por espacio de algo más de 39 años, el Estado desembolsó una cifra llamativa de US$480 millones por 34 proyectos de infraestructura pesada.
Todo ese inmenso capital se empleó para rediseñar la geometría del trazado, nivelar los pavimentos, ensanchar las banquinas y habilitar nuevos puntos de acceso que aportaran mayor fluidez al tránsito cotidiano. Hoy, superadas todas las exigentes auditorías técnicas, la Administración Federal de Carreteras le dio luz verde definitiva al proyecto. El dictamen concluyó que el corredor cumple con los altísimos estándares de seguridad, rendimiento y diseño que impone la red de interestatales del país.
Nueva normativa para el transporte de carga pesada
Esta merecida escalada en la evaluación más elevada de los sistemas de transporte terrestre de los países se refiere a la aplicación de un conjunto de normas federales de importante carácter para la logística de las empresas conjuntas que hacen transporte de mercancía entre los países.
Hasta entonces, en la ruta U.S. 15 cualquier flota comercial podía disponer para su servicio de permisos anuales que la legitimaban para poder llevar cargas que podían ser divisibles hasta 95 000 libras. Al momento de entrar en la nueva Interestatal 99, entra inmediatamente en funcionamiento la rígida legislación federal e inmediatamente la cantidad tope definitiva del transporte se ve reducida a 80 000 libras para ese tipo de mercancías.
Una excepción sensacional a esta nueva norma limitante se da en el caso de que se trate de camiones que transporten leche y que tengan un permiso del gobierno que les permita seguir llevando sobrepeso por los corredores interestatales sin sufrir multas. Para el resto de los transportistas, la situación exige una adaptación operativa rápida. Aquellos choferes que superen el nuevo límite legal tendrán que sentarse a recalcular sus recorridos y buscar caminos alternativos aprobados por el Estado.
Conectividad y proyección económica para el centro-norte
Más allá de los razonables y convenientes ajustes operativos que deberá encarar el sector logístico, el horizonte en términos generales que supone esta recategorización es por demás positivo para la región.
Integrar este recorrido al sistema nacional bajo el rótulo de I-99 implica propiciar un vínculo directo, seguro y muy ágil con otras arterias neurálgicas del país, como son las históricas I-80 e I-86. Esta fluidez renovada es una gracia inmensa para los miles de automovilistas locales que acuden a trabajar cada madrugada y, por otra parte, una mejora sustancial para la experiencia turística del fin de semana.
El recorrido se convierte en un gran imán para la radicación de nuevos negocios. Las autoridades están convencidas de que tener una interestatal de primerísimo nivel recorriendo el corazón del área productiva de Pensilvania atraerá fuertes inversiones privadas y generará empleo genuino.
El próximo bautizo de la Interestatal 99 implica el comienzo de una nueva era de conectividad para el centro-norte de la Pensilvania. Transformar un antiguo y retorcido trazado de carretera en una vía rápida, de máxima seguridad, requirió en modo alguno la intervención de una política comprometida, una espera de años por parte de los frentistas y la inversión de un presupuesto del orden de cientos de millones de dólares.
