Los minerales críticos y el silicio vuelven a estar en el centro de las miradas internacionales. Una de las relaciones comerciales más importantes está a punto de entrar en un acuerdo de integración tecnológica y de seguridad sin precedentes. Así lo han hecho saber el embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea, Andrew Puzder, al señalar que ambas potencias se encuentran a las puertas de la conclusión de tres acuerdos en fase de negociación que darán un sentido nuevo a la carta geopolítica y económica del siglo veintiuno. Estos son la Declaración Conjunta sobre Comercio, el Acuerdo de Minerales Críticos y el ambicioso «Pax Silica».
El acuerdo sobre minerales críticos y la seguridad económica transatlántica
La afirmación del embajador Puzder hace hincapié en que la asociación entre EE. UU. y la UE no se va a limitar a una cuestión de intercambio de bienes sino que hay que entenderla como un medio de supervivencia económica. Las tres iniciativas que se encuentran en negociación están pensadas para fortalecer la seguridad económica y potenciar una asociación que es, de por sí, el motor del comercio a escala global.
La «Declaración Conjunta sobre Comercio» servirá como el marco diplomático a partir del cual eliminar las barreras burocráticas, el «Acuerdo de Minerales Críticos» está pensado para abordar uno de los mayores puntos vulnerables de Occidente como es la dependencia de países terceros para la obtención de litio, cobalto y tierras raras. El acuerdo permitirá que los minerales extraídos o procesados en Europa califiquen para incentivos fiscales de EE. UU., contribuyendo así a que se forme una red de suministros circular que proteja la fabricación de baterías y tecnologías de energía limpia en ambos continentes.
Pax Silica: el control sobre el silicio y los semiconductores
Quizás la iniciativa más innovadora y estratégica de este paquete de acuerdos es la denominada Pax Silica. Este término da cuenta del inicio de una nueva época de crecimiento y cooperación al servicio del control y el desarrollo de la industria del silicio y los semiconductores, que en la economía contemporánea es equivalente al petróleo en el siglo XX. Se trata del componente básico de todos los bienes que uno pueda imaginar: desde los cuantiosos centros de datos de la inteligencia artificial a los sistemas de defensa más modernos.
En el caso de la Pax Silica, Washington y Bruselas coordinarán sus inversiones en investigación y desarrollo para asegurarse de que las fábricas de chips en el suelo estadounidense y europeo trabajen cumpliendo reglas comunes y protegidas. Se intenta evitar, así, que se produzca una carrera por los subsidios entre ambos aliados y, en lugar de eso, se intenta crear un ecosistema más colaborativo.
Retos y oportunidades en la más grande relación comercial
La envergadura de este pacto ilustra la histórica realidad comercial en este momento. El valor del intercambio EE.UU.-UE es el más grande del que se tiene conocimiento. Pero para llegar a firmarlo hace falta superar problemas logísticos y regulatorios. Los negociadores se esfuerzan en desplegar los estándares de competencia y de protección de datos para que las compañías puedan operar en lado y lado del Atlántico sin problemas.
El embajador Puzder ha recordado que «forjará el futuro». Para el ciudadano, esto se convertirá en una mayor disposición de productos tecnológicos, en tarifas de energía más estables por la infraestructura compartida y, principalmente, en la creación de trabajos altamente calificados en minería avanzada y microelectrónica. La Pax Silica no es un acuerdo técnico, es una declaración de principios que hace que una infraestructura digital futura sea un reto que las democracias comparten y un reto hecho por aquellas democracias que vagan en la libertad y la prosperidad.
