La ONU asegura que la crisis climática ya está aquí y está impactando de manera directa a la población. A día de hoy, impresionantes cifras afirman que 3600 millones de personas, lo que equivale a casi la mitad de la población mundial, son altamente vulnerables a la crisis climática, encontrándose ya amenazadas en el presente por sequías, inundaciones, tormentas, estrés térmico e inseguridad alimentaria. En este contexto de riesgo, y alertando de que todo lo que se pueda hacer para reducir los gases de efecto invernadero y detener el calentamiento global ya no es suficiente, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente advierte a la comunidad.
La ONU demanda una transformación de la infraestructura
Hacerse a la idea de este tipo de cambios supone que las economías y las sociedades en su totalidad deben volverse mucho más resilientes frente a las embestidas climáticas. Para ello, esa transformación debe ser a gran escala, de la cual, recalcó la ONU, varios esfuerzos deben ser orquestados y financiados directamente por el gobierno de cada país. Por ejemplo, hay que edificar o modificar las carreteras y los puentes para que soporten temperaturas más altas y tormentas más potentes.
Igualmente, la ONU subrayó que la planificación urbana debe cambiar de paradigma. Algunas ciudades del litoral tendrán que establecer sofisticados sistemas para evitar las inundaciones crónicas de las calles y del transporte subterráneo. Las zonas montañosas, en cambio, tendrán que encontrar formas urgentes para limitar las avalanchas y desbordamientos de los glaciares.
Las consecuencias financieras de actuar de forma eficaz lo más pronto posible
La inversión hoy mismo en medidas de adaptación es mucho más inteligente que esperar y tratar de ponerse a la altura de las catástrofes más adelante, porque proteger a las personas hoy mismo salva vidas y reduce los riesgos estructurales para el futuro.
Desde la perspectiva financiera de la ONU, la inacción o el aplazamiento son dañinos porque cuanto más se posponga, más se dispararán los costos operativos y de recuperación. Universalmente, los informes de la ONU estiman que una inversión de US$1,8 billones en sistemas de alerta precoz, infraestructuras resilientes al clima, agricultura mejorada, protección global de los manglares a lo largo de las costas e infraestructura hídrica podría generar unos US$7,1 billones mediante una combinación de costos evitados y de un amplio repertorio de beneficios sociales y ambientales.
Además, si un mayor número de granjas instalaran sistemas de riego alimentados por energía solar, usaran nuevas variedades de cultivos y tuvieran acceso a alertas meteorológicas, el mundo evitaría la caída de los rendimientos agrícolas globales, que podría llegar a caer un 30 % en el 2050.
La carencia de financiación que inquieta a la ONU
Con todo y que los argumentos a favor de la adaptación son completamente evidentes, algunas de las comunidades más vulnerables al cambio climático son precisamente las que tienen una menor capacidad para adaptarse. Esto es así, tal como advierte la ONU, ya que se encuentran en países en desarrollo que se encuentran inmersos en la dificultad de tener recursos económicos suficientes para hacer frente a necesidades básicas como la salud y la educación.
La brecha económica para abordar este tema es muy profunda: se estima que los costos de la adaptación en países en desarrollo podrían llegar a ser de US$387 000 millones anuales para el 2030. Junto con la falta de capital, el avance diplomático sigue siendo lento, tal como registra la ONU al afirmar que tan solo 60 países han presentado hasta el día de hoy los Planes Nacionales de Adaptación bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas.
La mitigación de emisiones sigue siendo un paso crucial para cuidar el planeta, pero la adaptación se ha convertido en una necesidad ineludible para casi la mitad de la población.
