La crisis climática es una realidad ineludible que afecta a todo el mundo, y por medio de la financiación climática se puede garantizar la habitabilidad. Tal como afirma la ONU, no se trata de una donación por caridad a países menos beneficiados; es una alternativa que frena los problemas sociales, climáticos y económicos que afectan a todo el planeta. Un concepto de responsabilidad compartida que garantiza el futuro habitable y estable en la Tierra.
Estabilidad global con financiación climática
Los cambios climáticos no son problemas ajenos que se diferencien por estatus económico o riquezas de un país. Son conflictos que nos afectan a todos por igual, tal vez en menor o mayor medida, pero se ha comprobado que las crisis climáticas son efectos de la alta contaminación.
Normalmente, se atribuyen las emisiones de gases a las grandes potencias urbanas con industrialización y alta población, pero es una responsabilidad en conjunto para preservar el planeta. De hecho, las olas de calor cada vez son más comunes en Estados Unidos y países de Latinoamérica, así como inundaciones e incendios forestales.
Nadie está exento de los cambios climáticos, y según la ONU, la mejor forma de sobrellevar los cambios es a través de la financiación climática. Los fenómenos meteorológicos inciden de forma directa en la población, en la salud, economía y bienestar, por lo que invertir en la acción climática es necesario para mitigar sus posibles efectos en el largo plazo.
Compromiso mundial con responsabilidad compartida y diferenciada para el cuidado ambiental
Según la ONU, los efectos climáticos prolongados, como los riesgos de El Niño, se están intensificando y creando alertas tempranas. Por lo que la financiación climática puede ser el punto de partida para crear bases sólidas que permitan tomar medidas tempranas ante los fenómenos meteorológicos prolongados en la actualidad.
Existen financiación pública y privada. En el caso de la pública, es compromiso de gobiernos y contribuyentes para crear proyectos de impacto social. Mientras que las de inversión privada resultan en construcciones que beneficien a la industria y población ante los cambios climáticos, como proyectos en energías renovables o innovaciones ecológicas.
En la actualidad, los efectos sobre la crisis climática se sienten en diversas partes del mundo. Nueva York y otras zonas de Estados Unidos están presentando olas de calor prolongadas, así como inundaciones con tormentas eléctricas. Y ni hablar de los desastres naturales como el terremoto en Venezuela, que pueden prevenirse con alertas tempranas e inversión necesaria para sistemas de evacuación.
Este es el compromiso que la ONU busca en los países, que debe ser por igual pero diferenciado. Como todos formamos parte del mismo dilema en cambio climático, es necesario que cada país aporte de acuerdo con su economía. La responsabilidad es compartida con diferencia en recursos, pero bajo una cooperación coordinada que permita la estabilidad global.
La financiación climática no es una caridad, es una inversión
La ONU de igual forma aclara que la financiación climática no es una caridad hacia los países menos beneficiados. Se trata de una inversión y compromiso que garantiza el desarrollo planetario ante una crisis climática causada por los efectos de la contaminación.
En diversos países, como en África, los fondos de esta financiación permiten desarrollar estrategias ante desastres naturales, así como el impulso de medidas energéticas y sustentables en agricultura. Otros países más avanzados como Chile, han usado valores monetarios para crear incentivos en descarbonización industrial
Por tanto, la financiación climática para la ONU es más que un gasto o donación; se trata de una inversión para el futuro del planeta que fomenta estrategias contra los efectos climáticos. De hecho, el Banco Mundial estima que las nuevas tasas ecológicas frenarán un tercio de la contaminación global para 2030, por lo que vale la pena invertir en medidas sustentables que eviten los desastres climáticos prolongados en el mundo.
