Las Naciones Unidas para el Medio Ambiente pusieron en marcha estrategias en el ámbito de la Tierra para poder hacer frente a una de las crisis más comprometedores de nuestros días. La contaminación ambiental. A través del Fondo para la Contaminación, la ONU va a dar comienzo a la llegada de proyecciones de recursos financieros a nivel mundial con el objetivo de proteger con ello la estabilidad de los ecosistemas del planeta así como la salud de las personas.
Gestión de productos químicos y fortalecimiento institucional
El primer pilar de este mecanismo de financiación internacional aplica, desde el comienzo, la construcción de capacidades técnicas y el liderazgo institucional para una gestión segura de los compuestos químicos. De tal forma evoluciona este fondo en los países en desarrollo y en los mercados emergentes para que en ellos surjan normas reguladoras sistémicas de control del ciclo de vida de los insumos de las industrias peligrosas, mediante la transferencia de saberes y de metodologías de tipo científico hacia auditorías.
Esta transferencia de la información permite a los servicios locales auditar los procedimientos de las empresas y promulgar el adelantarse mediante algunos sistemas simples de reconocimiento para prevenir fugas peligrosas en las localidades urbanas, así como las rurales más inmediatas. Esta gobernanza integrada del riesgo químico es obligatoria para atenuar el impacto acumulativo de los compuestos sintéticos en los organismos biológicos y las cadenas tróficas.
Los recursos de la ONU para la formación del personal técnico de los ministerios de salud y medioambiente son adecuados para poder responder ante situaciones de emergencia causadas por problemas derivados de una mala aplicación de agroquímicos y metales pesados. Al endurecer la auditoría de las sustancias complejas, el fondo resulta en una plataforma de protección civil de la que esquivar el colapso en la prevalencia de enfermedades crónicas, al tiempo que construye la soberanía ambiental de los territorios.
Optimización de residuos y el tránsito hacia la economía
El segundo eje prioritario del Programa de Finanzas hace hincapié en la modernización estructural del sector de la gestión de residuos sólidos y líquidos a escala global. El fondo del PNUMA distribuye donaciones estratégicas para favorecer el paso de los modelos de descarte lineal hacia aquellos donde las materias primas secundarias puedan ser recobradas de forma segura y eficaz.
Esta modernización de la logística procura eliminar de modo paulatino los recursos obsoletos de quema a cielo abierto con el fin de suprimir los vertederos no controlados que contaminan el suelo y las cuencas de aguas subterráneas que abastecen a los distritos colindantes. Las iniciativas para promover la recuperación limpia y segura de materiales reciclables hacen decrecer el volumen de basura que asfixia a los municipios y une la actividad económica local a nuevos nichos industriales verdes.
La inversión en infraestructura de procesamiento orgánico y mecánico permite a las pequeñas cooperativas procesar los plásticos, metales y residuos tecnológicos de acuerdo con los estándares de seguridad laboral. La optimización de los residuos deja así de ser un gasto operativo municipal para definirse como una estrategia previsible de desarrollo sostenible que genera empleos dignos y evita la degradación física del entorno.
Reducción de contaminantes en los compartimentos de la biosfera
La tercera línea de acción del fondo planetario de la ONU hace eco de la necesidad urgente de reducir al mínimo los residuos de contaminantes en aire, agua dulce, suelo y ecosistemas marinos. Los programas de financiación permiten adoptar soluciones tecnológicas a partir de las que se practican en la industria de filtrado avanzado, así como medidas de seguimiento de la calidad de la atmósfera en las grandes aglomeraciones urbanas sometidas al smog. Se trata, igualmente, de poner en práctica soluciones que cuenten con principios de la naturaleza en el tratamiento de efluentes líquidos antes de su vertido en los ríos.
