El panorama que dejaron los sismos del pasado 24 de junio en Venezuela es desolador, más aún para los más vulnerables. Con apenas un minuto de diferencia, dos temblores consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron el país, por lo que el evento sísmico ya se perfila como el más grave de la nación en más de un siglo. Con los equipos de rescate avanzando y el polvo asentándose, UNICEF ofreció cifras alarmantes: se calcula que 1,8 millones de personas necesitan asistencia humanitaria de emergencia, y de ese total, unos 680 000 son niños y niñas que quedaron en una situación de extrema fragilidad.
Los hospitales están saturados y las escuelas se han transformado en albergues
La infraestructura civil fue golpeada fuertemente y eso desbordó a los servicios más imprescindibles de la población. Los primeros mapas satelitales muestran que uno de cada tres edificios de Catia La Mar, en el estado La Guaira, presentó daños estructurales.
Del mismo modo, los hospitales de La Guaira, Caracas, Carabobo, Aragua y Falcón presionaron a muchas instalaciones hasta su límite y dejaron de lado la atención diaria a los niños y las mujeres gestantes. Manuel Rodríguez Pumarol, responsable de UNICEF en el país, fue sincero al apuntar que a tres días de la tragedia la magnitud de las necesidades se hace cada vez más visible, hoy miles de niños no tienen acceso seguro al agua potable y la infraestructura escolar sufrió un golpe devastador.
En el Distrito Capital, las primeras informaciones aportan que miles de escuelas (más de un tercio del total en el Distrito) resultaron dañadas, lo que paraliza totalmente la escolaridad. A la vista de la gran crisis habitacional, las autoridades locales han dispuesto de las escuelas que están de pie como refugios temporales para las familias desplazadas.
Primeros envíos aéreos para mitigar la crisis de salud
Para intentar mitigar el deterioro de las condiciones de vida, la agencia internacional definió un plan de respuesta a gran escala junto con el Gobierno venezolano, el sistema de Naciones Unidas y otros asociados humanitarios. La meta logística a corto plazo es desplegar más personal y mover los suministros requeridos para dar alivio directo a cerca de 650 000 personas, de las que 234 000 son niños. Esa cobertura incluye frentes vitales sobre salud, nutrición, higiene, protección de la infancia y educación.
El 27 de junio aterrizó el primer envío aéreo de UNICEF. Fueron 20 toneladas métricas cargadas de suministros médicos y materiales de agua y saneamiento que salieron de la oficina de almacén regional en Panamá. A ese vuelo se le añadirá en los próximos días un segundo vuelo que llegará desde el centro de distribución global de Copenhague. Las proyecciones de la agencia indican que los dos envíos permitirán ayudar a más de 100 000 personas afectadas por la tragedia.
El descomunal reto de financiar la recuperación
Sostener este nivel de despliegue exige recursos económicos inminentes. De acuerdo a los cálculos de la agencia, abastecer la emergencia sísmica exige unos US$52 millones, cifra que encuadra dentro del más amplio pedido de fondos que UNICEF ya tenía contemplado en su Acción Humanitaria para los Niños 2026 en Venezuela, el cual es de US$137,6 millones.
Para no perder un tiempo muy preciado durante el proceso de obtención de las donaciones internacionales, la organización decidió movilizar urgentemente unos US$3,5 millones de sus propios fondos internos de emergencia. Esta rápida salida de dinero permitiría hacer llegar los primeros equipos técnicos al terreno o enviar los primeros vuelos con suministros. No obstante, el organismo lanzó un fuerte llamamiento a los donantes para que aporten financiamiento flexible y adicional, advirtiendo que esta es la única forma de asegurar que la asistencia escale y pueda continuar en operación.
