El aumento del precio de los fertilizantes confirma la dependencia del modelo agroquímico

El incremento abrupto del costo de los insumos sintéticos puso de relieve el riesgo de un modelo agropecuario que produce commodities atado a un paquete tecnológico con precios internacionales. Argentina importa el 60 por ciento de los fertilizantes químicos que utiliza para un modelo que degrada los suelos y expulsa productores del campo. ¿Qué tiene para ofrecer la agroecología?

El precio de los fertilizantes de síntesis química alcanzó este año máximos históricos. Durante el último año, los valores de las materias primas que conforman el mercado de estos insumos (amoníaco, urea, nitrógeno, nitratos, fosfatos, potasio y sulfatos) aumentaron en promedio entre un 20 y un 40 por ciento, con la invasión de Rusia a Ucrania como factor determinante. En ese contexto, la Bolsa de Comercio de Rosario estimó que cubrir los costos de insumos —en un campo alquilado— implica obtener resultados de 41 quintales por hectáreas en el caso del trigo, cuando el promedio de la región núcleo es de 37,8 quintales. En otras palabras: “para pagar la urea hay que producir un 53 por ciento más del cereal que hace un año“, dijo la entidad.

Por otro lado, según datos de la Bolsa de Cereales de Córdoba, desde que comenzó el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, la urea aumentó 250 dólares por tonelada y los fosfatados 270 dólares. En el último año, la urea pasó de valer 500 dólares la tonelada a 1300 dólares. Para la entidad, ante este contexto global, Argentina está muy expuesta ya que importa el 60 por ciento de los fertilizantes que consume. Es decir, por sobre la totalidad de 5,7 millones que demandó la última campaña agrícola, desde el exterior llegaron 3,4 millones de toneladas.  La respuesta de las bolsas de comercio es apuntar a aumentar la productividad para pagar los insumos. Hoy, según la Bolsa de Cereales, los fertilizantes representan el 43 por ciento de los costos directos.

El precio de los fertilizantes, un riesgo financiero para la producción de commodities

Nicolás Indelángelo es ingeniero agrónomo e integra la Red de Técnicxs en Agroecología del Litoral y el colectivo Agroecológico Yuyo Colorado (CAYuCo) en Entre Ríos. En sus palabras, el aumento de los insumos de síntesis química “pone de relieve que la producción de fertilizantes está concentrada en muy pocas empresas y localizada en los países que tienen las canteras de fósforo como Rusia“. También explica que los procesos de elaboración de los fertilizantes son energo-intensivos, necesitan mucha energía para producirse. Es también el caso de Rusia, que posee el petróleo necesario para afrontar esos procedimientos. “Cuando la producción está en pocas manos, esas manos hacen lo que quieren“, resume Indelángelo.

Otro aspecto que se evidencia con la necesidad de cosechar más para pagar los insumos de síntesis química es la gran dependencia que tiene actualmente la producción respecto al paquete tecnológico: insumos, semillas, maquinarias. Indelángelo sostiene que “hay una homogeneización de tecnologías para el agroextractivismo, en el que el productor no produce sino que se está haciendo una cuasi minería en términos de producción de commodities” y amplía: “Existe una dependencia muy fuerte de estos insumos que están dolarizados, por lo que el productor está en altísimo riesgo financiero“.

El ingeniero explica que esta situación redunda en que los pequeños productores o quienes no pueden resolver esos riesgos con distintas estrategias vayan desapareciendo. “Es la situación que se produjo en la zona pampeana, donde en los últimos 30 o 40 años desaparecieron el 50 por ciento de los productores“, grafica.

Indelángelo sostiene que “también se pone al desnudo la falta de una política pública que priorice la alimentación como un derecho humano. Al no estar esta política, el esquema productivo no está pensado para producir alimentos sino para el negocio“. En este contexto, señala que “la agroecología brinda las bases y los fundamentos para que el productor pueda ser creativo y potenciar los elementos del ecosistema donde está trabajando y no estar dependiendo de insumos importados“. Indelángelo afirma que se necesita “recuperar la agricultura frente al avance del extractivismo, que es capitalismo en el campo“.

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El impacto de la guerra en Ucrania sobre el precio de los fertilizantes

Los precios de los fertilizantes a nivel global podrían aumentar hasta un 13 por ciento según proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). “El aumento respondería a mayores costos de insumos por los precios elevados del crudo, pero también por el encarecimiento de los cultivos“, señaló un informe reciente del organismo.

El economista Jefe de la entidad, Máximo Torero, analizó este impacto en la XXXVII Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. Torero puso énfasis en recordar que en este contexto de guerra e inflación en aumento en el mundo “América Latina tendrá más para perder“. En el caso de los fertilizantes refrendó la fuerte dependencia que tienen la mayoría de los países a las importaciones de estos productos: “En lo inmediato, tendremos falta de fertilizantes. En especial de nitrógeno para la primavera de 2022 y también de fósforo para el otoño 2022 en el Hemisferio Sur“, explicó Torero.

En 2021 Rusia fue el principal exportador mundial de fertilizantes nitrogenados y el segundo mayor proveedor de fertilizantes potásicos y fosforosos, según la FAO. Argentina por su parte, importa un 60 por ciento de los fertilizantes que usa para sus cultivos y un 15 por ciento proviene de Rusia.

En Estados Unidos el precio de los fertilizantes alcanzó un promedio de 876 dólares por tonelada en la tercera semana de febrero de este año, con el potasio a 815 dólares por tonelada. Es la primera vez en la historia norteamericana que estos productos han estado por encima de los 600 dólares por tonelada. Estados Unidos es un actor fundamental en los precios globales del mercado de commodities.

En febrero de este año —antes del inicio de la invasión de Rusia— ya se alertaba sobre el aumento de estos insumos. El Sistema de Información del Mercado Agrícola (AMIS) analizó el fuerte aumento de los costos de los fertilizantes que impacta sobre la producción agropecuaria global. El AMIS —una plataforma interinstitucional lanzada en 2011 por los Ministros de Agricultura del G20 luego de la suba de commodities del 2007 y 2010— advertía que los precios de la urea y del PDA (Fosfato Diamónico) aumentaron un 145 por ciento y 90 por ciento en relación a 2020.

En el mismo sentido, el precio del gas natural, que es un insumo clave para la producción de fertilizantes, aumentó 180 por ciento. Según el AMIS, entre las razones del aumento del costo de fertilizantes previos a la guerra se encontraban en la demanda de más de fertilizantes, relacionada a la mejora en los precios internacionales de los commodities agrícolas, combinada con el incremento de precios en los mercados energéticos globales.

Otro factor fue China (proveedor clave de urea, sulfato y fosfato), que decidió limitar las exportaciones. Por otro lado, la oficina de Comercio Internacional de los Estados Unidos comenzó a imponer derechos compensatorios a las importaciones de fosfatos de Marruecos y Rusia (país que limitó también las exportaciones). 

La agricultura es muy dependiente de las importaciones de fertilizantes. Esto genera alguna preocupación para la siembra de trigo y la siembra de maíz que comienza a partir de septiembre. Si bien todos los cultivos requieren fertilizantes, estos son los dos que más demandan“, reconoció Natalia Ariño, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA —espacio de referencia del agronegocio—) en una nota publicada por El Cronista poco antes del inicio de la siembra de trigo.

El origen de esta situación es el desgaste de los suelos que provoca el agronegocio y que requiere cada vez más fertilizantes químicos, lo que pone a girar la rueda de la especulación. “Hay estudios de INTA que hablan de pérdida de materia orgánica de hasta un 50 por ciento“, advierte Indelángelo y apunta: “Lejos de ser una cultura agrícola, una agricultura, es un negocio de unos pocos donde lo que llamamos productor es una parte de ese eslabón que genera commodities. Por ser commodities tienen que ser iguales en todo el mundo y por ende el paquete tecnológico que se usa es igual en todo lados: se estandariza y el productor no tiene posibilidades de creatividad ni de poner en juego nada más que capital y trabajo“.

La propuesta desde la agroecología para no depender de la importación de fertilizantes

Ante esta situación de dependencia y de insustentabilidad del agronegocio, ¿qué respuestas tiene para ofrecer la agroecología? Indelángelo responde: “La agroecología es un paradigma distinto que pone el foco en la alimentación como un derecho humano y en que el agricultor cree técnicas según el lugar donde está trabajando, según su historia. Propone pasar de los insumos a los procesos y entender que la red trófica (conjunto de cadenas alimentarias) es la que va a garantizar la nutrición y no un nutriente que viene en una bolsa y llega en un barco”.

El ingeniero agrónomo cita el caso del nitrógeno, uno de los insumos más valiosos para la producción y que está presente en el aire que respiramos. “Para bajarlo al suelo la naturaleza tiene muchos mecanismos como la simbiosis o la fijación libre a partir de organismos“, explicita. Por ejemplo, las leguminosas —como la soja, trébol o alfalfa— tienen la posibilidad de asociarse con bacterias que fijan el nitrógeno al suelo.

En el caso de otros elementos como el fósforo, el potasio y el azufre, Indelángelo recuerda que los suelos son en un 40 por ciento mineral. “No hay escasez de minerales en los suelos, lo que hay es una red trófica que ha sido barrida por los agrotóxicos y por la mecanización, y al no estar ese mineral no está disponible para la planta“, explica. “Lo que propone la agroecología es regenerar esa red trófica y permitir que las bacterias, los hongos, las levaduras, las amebas interactúen y vayan nutriendo a la planta desde un enfoque holístico y no reduccionista“, concluye.

Ecoportal.net

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