Los grandes incendios forestales no solo destruyen bosques.
También están afectando al planeta de formas que hasta hace poco pasaban desapercibidas.
Durante años, los científicos pensaron que conocían bastante bien qué sustancias componían el humo de los incendios y cómo influían en el clima.
Pero una investigación reciente encontró algo inesperado.
Un tipo de carbono conocido como «marrón oscuro» ha estado presente en enormes columnas de humo sin recibir demasiada atención.
Ahora los expertos intentan entender qué papel juega realmente y por qué pasó tanto tiempo fuera del radar.
¿Qué es exactamente este componente y qué podría cambiar en nuestra forma de entender los incendios forestales?
Qué impacto tienen los incendios forestales
Cuando un bosque se quema, el humo libera una mezcla enorme de gases y partículas que puede recorrer miles de kilómetros.
Parte de ese material permanece suspendido en la atmósfera durante días o semanas antes de volver a caer sobre la superficie.
Los científicos llevan décadas estudiando estas partículas porque no todas actúan de la misma manera.
Algunas ayudan a reflejar parte de la luz solar de regreso al espacio.
Otras hacen justo lo contrario: absorben energía y contribuyen al calentamiento del aire.
Por eso resulta tan importante saber exactamente qué contiene el humo.
Un pequeño cambio en la composición de esas partículas puede modificar los cálculos que utilizan los investigadores para entender cómo evoluciona el clima.
Y a medida que los incendios forestales se vuelven más frecuentes e intensos en distintas partes del mundo, esas diferencias cobran cada vez más importancia.
El carbono «marrón oscuro» frente al carbono negro y marrón
Durante años, cuando los científicos analizaban el humo de los incendios, casi siempre hablaban de dos tipos de carbono.
Por un lado está el carbono negro. Es el hollín más oscuro, el que se forma cuando las llamas son intensas y absorbe gran parte de la luz solar.
Por otro lado está el carbono marrón. Suele aparecer en combustiones menos agresivas y absorbe principalmente luz ultravioleta.
La diferencia se entiende mejor con algo cotidiano.
Piensa en el humo negro que sale de una fogata con llamas altas y mucha intensidad. Ahora compáralo con el humo más claro que puede desprenderse de unas brasas o de un carbón encendido lentamente en una barbacoa.
Durante mucho tiempo, los investigadores pensaron que el humo se movía entre esas dos categorías.
Pero los análisis recientes encontraron una tercera pieza del rompecabezas.
Se trata del llamado carbono marrón oscuro.
No es tan absorbente como el carbono negro cuando se observa partícula por partícula. Sin embargo, aparece en cantidades mucho mayores dentro de algunas nubes de humo.
Además, se comporta de una forma que sorprendió a los investigadores: absorbe luz visible de manera mucho más eficiente de lo que se esperaba para una partícula clasificada como carbono marrón.
Y ahí es donde empieza la verdadera sorpresa.
¿Por qué se ignoró este fenómeno y cómo afecta al planeta?
Entonces aparece una pregunta bastante lógica.
Si este material estaba presente en el humo de los incendios, ¿por qué nadie le había prestado atención antes?
Al parecer, el problema no estaba en el cielo, sino en los laboratorios.
Según el estudio publicado en Nature estas partículas son difíciles de analizar utilizando algunos de los métodos que se empleaban habitualmente para estudiar muestras de humo.
Eso hizo que parte de su presencia quedara oculta o subestimada durante años.
La consecuencia es importante.
Si una parte relevante del humo absorbía más energía de la que se pensaba, algunos modelos climáticos podrían no haber reflejado completamente ese efecto.
Los científicos también observaron otro detalle que llamó su atención.
Estas partículas pueden viajar largas distancias y terminar depositándose sobre superficies cubiertas de nieve o hielo.
Cuando eso ocurre, la superficie pierde parte de su capacidad para reflejar la radiación solar.
Es un efecto parecido al que ocurre cuando una camiseta negra se calienta más rápido que una blanca en un día soleado.
Cuanto más oscura es la superficie, más energía absorbe.
Los investigadores aclaran que todavía quedan muchas preguntas por responder y que será necesario realizar más estudios para conocer con precisión el impacto de este carbono marrón oscuro.
Sin embargo, el hallazgo ya ha puesto sobre la mesa una posibilidad que hasta hace poco apenas se consideraba: que una parte importante del efecto climático asociado al humo de los incendios haya sido más compleja de lo que se creía.
Y si eso se confirma, los modelos climáticos tendrán que empezar a contar una historia un poco diferente sobre lo que ocurre cada vez que un gran incendio forestal libera humo a la atmósfera.
