Plantaron miles de olmos solo para que todos se infectaran.
Detrás de esta medida drástica en el centro de Vermont hay una carrera contra el tiempo para devolverle la vida a un árbol importante de los bosques estadounidenses que ha sido diezmado por la grafiosis.
Los ejemplares que logren resistir podrían convertirse en una pieza clave para recuperar la especie.
Pero ¿por qué los científicos necesitan enfermar a miles de árboles que precisamente quieren salvar?
Cómo funciona este arriesgado experimento en el bosque
Todo comenzó en una zona de 28 acres, en la reserva de Benson, en Vermont.
Los científicos reunieron unos 50 olmos antiguos que habían logrado sobrevivir a la enfermedad.
Los cruzaron entre sí y consiguieron más de 5000 árboles jóvenes.
Pero había un problema.
Que sus progenitores hubieran sobrevivido no significaba necesariamente que los nuevos árboles también pudieran hacerlo.
Los investigadores necesitaban saber si habían heredado una verdadera tolerancia genética o si aquellos viejos olmos simplemente habían tenido suerte.
Y no había manera de comprobarlo sin enfrentarlos directamente a la enfermedad.
Por eso, durante el verano, varios grupos recorrieron las largas hileras de árboles para realizar una prueba que decidirá cuáles tienen posibilidades de seguir adelante.
El resultado todavía no está claro.
Y eso es importante, porque lo que está en juego va mucho más allá de conservar un árbol característico de Estados Unidos.
La importancia de recuperar al gigante de las riberas
Salvar al olmo americano no es solo una cuestión de nostalgia, ni de querer calles bonitas o proteger un árbol viejo.
Esta especie cumple una función importante junto a los ríos.
Es uno de los grandes árboles capaces de soportar inviernos severos y también pasar semanas con sus raíces bajo el agua.
Por eso, recuperar los olmos puede ayudar a restaurar las llanuras aluviales, terrenos que funcionan como grandes esponjas naturales durante las inundaciones.
Cuando la enfermedad comenzó a arrasar con estos árboles, también afectó a los ecosistemas que dependían de ellos.
Hay insectos y orugas que durante miles de años evolucionaron para parecerse al borde dentado de sus hojas o para alimentarse de ellos.
Plantar otra especie no reemplaza necesariamente todo lo que se perdió.
A eso hay que añadir el enorme tamaño que pueden alcanzar los olmos.
Sus copas llegan a más de 30 metros de altura y forman grandes techos verdes que ofrecen hábitat a numerosas especies.
Pero antes de pensar en recuperar esos bosques, los científicos necesitan encontrar los árboles capaces de resistir al mismo enemigo que los llevó al límite.
Una prueba diseñada para encontrar a los supervivientes
El trabajo en el campo es exigente.
Los investigadores recorren las hileras con un taladro y una pipeta en la mano.
Hacen un pequeño orificio en cada tronco e introducen una solución con aproximadamente 100 000 esporas del hongo que provoca la enfermedad.
A partir de ahí, comienza la verdadera prueba.
Los científicos observan cómo responde cada árbol para identificar cuáles muestran una mayor tolerancia.
Pero sobrevivir a las primeras semanas no es suficiente
Los ejemplares deberán seguir bajo observación antes de que los investigadores puedan decidir cuáles son los mejores candidatos para continuar el programa.
Y ni siquiera entonces podrán devolverlos directamente al bosque.
Los árboles seleccionados tendrán que propagarse y mantenerse en huertos semilleros hasta que puedan producir semillas destinadas a la restauración.
Ese proceso podría tardar alrededor de 15 años.
Por eso, devolver el olmo americano a los bosques será un trabajo lento.
Los árboles que hoy están siendo infectados en Vermont son apenas uno de los primeros pasos de un proceso que todavía necesitará años de selección y paciencia.
Pero precisamente entre ellos podrían estar los olmos capaces de resistir una enfermedad que cambió para siempre los bosques estadounidenses.
Encuentra el estudio completo en: Wilson, C. C. P., Flower, C. E., Hayes-Plazolles, N., Conrad, A. O., Knight, K. S., Wigal, J. S., Patrick, A. N., & Bailey, M. D. (2026). Improved methods to streamline Dutch elm disease resistance screening in American elm. Forest Pathology, 56(4), e70099. https://doi.org/10.1111/efp.70099
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