Salvar a un pez de la extinción parece un gran logro, pero el caso del matalote jorobado tiene un lado negativo.
Después de 35 años en la lista de especies en peligro, este pez grande del río Colorado ya no se considera «en peligro». Ahora se clasifica como «amenazado».
Los datos son sorprendentes: en el Green River había solo unos 100 ejemplares silvestres a finales de los años noventa y ahora hay unos 36 000 adultos.
Pero detrás de esta noticia positiva hay una realidad difícil de ignorar.
¿Por qué siete de sus ocho poblaciones todavía necesitan ayuda humana para mantenerse?
De cien ejemplares a miles en las aguas del río
El matalote jorobado es un pez muy grande y uno de los más antiguos de esta región.
Puede crecer hasta los 3 pies y pesar hasta casi 12 libras.
A finales del siglo pasado, estuvo a punto de desaparecer de buena parte de la región.
Esto ocurrió por varios problemas, entre ellos la construcción de represas, los cambios en el curso y los caudales del río Colorado y la llegada de peces invasores.
Como resultado, se redujeron y modificaron algunos de los hábitats que el matalote necesita para reproducirse y desarrollarse.
Para prevenir la desaparición de la especie, científicos, pobladores nativos y funcionarios locales colaboraron en un proyecto de conservación.
Durante décadas combinaron la cría y liberación de peces con la recuperación de hábitats, el manejo del agua y el control de especies invasoras.
Los biólogos también identificaron el momento adecuado para devolver los peces al río, cuando ya tenían un tamaño suficiente para tener más posibilidades de sobrevivir.
Todo ese trabajo permitió que algunas poblaciones crecieran lo suficiente como para que el gobierno federal reconsiderara su categoría.
Un cambio de categoría con la ayuda de la ciencia
El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. cambió la clasificación del pez de «en peligro» a «amenazado».
En los papeles suena como un gran avance, pero algunos ambientalistas advierten que no hay que celebrar todavía porque podría dar una imagen equivocada de lo que realmente ocurre.
La explicación es que hay ocho poblaciones de estos peces, pero solo una, la que vive en el lago Mead, puede reproducirse y mantenerse sin ayuda.
Los grupos ambientalistas advierten que las otras siete siguen dependiendo de la liberación de peces criados en cautiverio.
Por eso, el cambio de categoría no significa que el trabajo haya terminado.
Los grandes peligros que siguen acechando en el agua
Uno de los grandes obstáculos para la recuperación del matalote es la enorme cantidad de peces invasores que hay en el agua, como el bagre, la lubina o el lucio.
Estos peces llegaron a los embalses por la pesca deportiva y terminaron convirtiéndose en sus peores enemigos.
Se comen a los alevines y a los matalotes pequeños antes de que tengan tiempo de crecer.
Para algunos ambientalistas, liberar peces criados en cautiverio sin controlar suficientemente a estos depredadores termina funcionando casi como un programa de alimentación para las especies invasoras.
A esto hay que sumarle que el río Colorado tiene hoy casi un 20 % menos de caudal que hace un siglo, en medio del aumento de las temperaturas y las sequías prolongadas.
Esto afecta los hábitats de reproducción y desarrollo que estos peces necesitan para sobrevivir.
Al final, el cambio de categoría demuestra que décadas de trabajo pueden marcar una diferencia enorme.
El matalote jorobado está mejor que hace tres décadas, pero todavía no puede seguir adelante solo en buena parte del río.
Haber salido de la categoría «en peligro» no significa que su recuperación haya terminado.
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