Millones de galones de agua desaparecían a plena vista sin que nadie pudiera explicarlo.
Los científicos veían las montañas llenas de nieve y esperaban que el río Colorado llevara mucha agua, pero lo que llegaba a los embalses era muy poco en comparación con las previsiones.
¿Cómo puede el río Colorado perder casi el 20% de su caudal si nadie ha movido una sola compuerta?
Quiénes se están llevando el agua del río Colorado
Desde hace más de veinte años, los encargados de gestionar el agua viven con un dolor de cabeza constante.
Antes, era fácil. A principios de abril, subían a las montañas y medían la nieve acumulada. Así sabían con precisión cuánta agua llegaría a los ríos cuando empezara el deshielo.
Este cálculo era muy preciso y ayudaba a siete estados y parte de México a planificar sus cultivos y energía sin sorpresas. Pero a partir del año 2000, todo cambió.
De repente, las predicciones dejaron de ser correctas. Los expertos predecían una cantidad de agua, pero llegaba mucho menos. Incluso en inviernos con mucha nieve, el río Colorado terminaba casi seco.
Nadie entendía qué pasaba. Se preguntaban si el agua se filtraba en el subsuelo o si se evaporaba antes de llegar a los ríos. Al final, faltaba casi un 20% del agua. Esta cifra es alarmante porque pone en riesgo el suministro de agua de toda la región.
La sequía del Milenio y el fallo en los cálculos
Llevamos mucho tiempo perdiendo agua sin darnos cuenta, y el problema de fondo es lo que los expertos llaman la «sequía del Milenio». El calentamiento global no solo ha hecho que haga más calor, sino que ha afectado el ciclo de las estaciones.
Las primaveras en la cuenca del Colorado son ahora más cálidas, más soleadas y sobre todo muy secas.
Investigaciones publicadas en AGU/Wiley revelan que el fallo en las predicciones ocurre porque nos hemos centrado solo en cuánta nieve hay en invierno, ignorando lo que sucede justo después.
Cuando la primavera llega sin lluvia, se produce un efecto dominó: el cielo despejado deja pasar más sol, el suelo se calienta más rápido y el delicado equilibrio del deshielo se altera.
Sin nubes que actúen como una sombrilla natural, la energía solar que evapora el agua aumenta hasta un 10%, pero eso no es lo peor.
Los verdaderos «ladrones» del agua
El gran descubrimiento es que el agua no se evapora simplemente al aire, sino que está siendo «robada» por los árboles y la vegetación local.
Las plantas son como poderosos sifones naturales. Sin las lluvias de primavera que humedecen el suelo, la vegetación intensifica el consumo del agua del deshielo antes de que llegue a los arroyos.
Es una reacción biológica lógica: si hay sol y agua fresca de nieve derritiéndose, las plantas «beben» a un ritmo frenético para crecer.
Árboles, arbustos y flores silvestres funcionan como verdaderos extractores que absorben el agua directamente del suelo húmedo. Un estudio de la Universidad de Washington encontró que las plantas beben casi el 70% del agua que desaparece.
Este problema es peor en las zonas más bajas, donde la nieve se derrite antes y las plantas tienen más tiempo para beber el agua.
Al final, lo que los expertos vieron como una pérdida misteriosa es en realidad un ecosistema que necesita mucha agua y se queda con la mayor parte, dejando al río Colorado y a las personas que dependen de él, con muy poco suministro.
Saber quién se lleva el agua es el primer paso para dejar de cometer errores. De ahora en adelante, ya no bastará con mirar las cumbres nevadas, los expertos tendrán que vigilar de cerca qué tan «sedientos» despiertan los bosques cada primavera. Solo así podremos saber cuánta agua llegará realmente a nuestras casas.
