Cuando pensamos en los peligros del aumento del nivel del mar, casi siempre miramos hacia el mismo lugar.
El derretimiento de los glaciares y las grandes capas de hielo, junto con el calentamiento de los océanos, concentran gran parte de la atención.
Y tiene sentido.
El aumento del nivel del mar ya amenaza a comunidades costeras y obliga a muchas ciudades a prepararse para inundaciones cada vez más frecuentes.
Pero nuevas investigaciones están llamando la atención sobre otro factor que puede hacer que el problema avance mucho más rápido en algunas ciudades.
¿Qué ocurre cuando el océano sube, pero al mismo tiempo algo más está cambiando bajo los pies de millones de personas?
Qué significa el «nivel del mar relativo»
Para las familias que tienen sus hogares en una zona costera, las estadísticas sobre el aumento global del océano cuentan solo una parte de la historia.
Para conocer el riesgo real de que sus viviendas sufran inundaciones en el futuro, también hay que tener en cuenta el llamado «nivel del mar relativo».
Pero ¿qué significa esto?
En términos sencillos, mide cómo cambia la altura del mar respecto al terreno de un lugar concreto.
Y ahí aparece el problema que durante mucho tiempo recibió menos atención.
La tierra también puede hundirse.
Si el agua del mar sube y el terreno baja al mismo tiempo, el nivel del mar relativo puede aumentar mucho más rápido de lo que indica el promedio global.
Esto significa que la amenaza no es igual en todas partes.
Puede cambiar entre países, ciudades e incluso entre distintas zonas de una misma área urbana.
El terreno puede hundirse por diferentes motivos, desde procesos geológicos naturales hasta la extracción excesiva de agua subterránea y, en determinados lugares, el peso de las construcciones.
Por eso, dos ciudades costeras pueden enfrentarse a futuros completamente diferentes aunque el océano global esté subiendo al mismo ritmo.
El problema avanza mucho más rápido en algunas ciudades
Un estudio publicado por la Technical University of Munich muestra que las zonas costeras habitadas analizadas experimentan, en promedio, un aumento relativo del nivel del mar de alrededor de 6 milímetros al año.

Según los investigadores, esta cifra puede ser aproximadamente tres veces superior al aumento global del nivel del mar considerado en el estudio.
Grandes ciudades como Yakarta, Bangkok o Tianjin se encuentran entre los lugares donde el hundimiento del terreno agrava el problema.
En algunas partes de Yakarta, el suelo se hunde hasta 42 milímetros al año.
Esto ayuda a entender por qué el riesgo puede ser tan diferente de un lugar a otro.
Una ciudad no solo tiene que prepararse para el agua que avanza desde el océano.
También debe saber qué está ocurriendo con el terreno sobre el que fueron construidas las casas, las carreteras y el resto de su infraestructura.
En algunos lugares, incluso distintas zonas de una misma ciudad pueden hundirse a velocidades diferentes.
Eso complica todavía más la planificación.
Si el océano seguirá subiendo y algunas ciudades continúan hundiéndose, el futuro de millones de personas dependerá de lo que hagan los gobiernos antes de que ambos problemas sean mucho más difíciles de controlar.
El hundimiento del suelo todavía puede frenarse en algunos lugares
Frenar el aumento global del nivel del mar exige reducir las emisiones durante décadas y requiere esfuerzos internacionales.
Con algunas causas del hundimiento del terreno ocurre algo diferente.
Cuando el problema está relacionado con actividades humanas, algunas medidas locales pueden ayudar a reducirlo.
En muchas ciudades, uno de los principales problemas es la extracción excesiva de agua subterránea para abastecer a la población y las actividades económicas.
La extracción de grandes cantidades de agua puede compactar los materiales del subsuelo y provocar un descenso progresivo del terreno.
Con el tiempo, este proceso puede causar una subsidencia difícil de revertir.
Tokio es uno de los ejemplos de cómo regular la extracción de agua subterránea y buscar fuentes alternativas puede reducir considerablemente el problema.
La recarga de acuíferos, el control de la extracción de agua y una mejor planificación urbana también pueden ayudar en las zonas donde las actividades humanas están acelerando el hundimiento.
Esto no significa que todas las ciudades puedan detener el problema.
Algunas causas son naturales y otras consecuencias pueden ser difíciles de revertir.
Pero conocer qué está ocurriendo debajo del suelo permite tomar mejores decisiones antes de que el riesgo aumente.
Proteger las ciudades costeras ya no consiste únicamente en prepararse para un océano que seguirá subiendo.
También exige entender qué está ocurriendo bajo sus calles y actuar sobre las causas que todavía pueden controlarse.
La crisis costera no se resolverá únicamente reduciendo las emisiones. En muchos lugares, también será necesario dejar de hundir las ciudades desde abajo.
