La búsqueda de vida inteligente fuera de la Tierra lleva décadas persiguiendo el mismo objetivo: detectar una señal artificial procedente de otro lugar del universo.
Hasta ahora, los proyectos dedicados a esta tarea han prestado especial atención a señales muy estrechas y bien definidas, porque se supone que una transmisión tecnológica debería distinguirse claramente del ruido natural del espacio.
Pero un nuevo estudio plantea que esa idea podría tener algunas limitaciones.
Los investigadores creen que una señal emitida desde otro sistema estelar podría cambiar considerablemente antes de llegar a nuestros radiotelescopios.
Los científicos creen que quizá estamos buscando señales demasiado limpias
Programas como SETI han concentrado buena parte de sus esfuerzos en detectar emisiones muy precisas.
Es una estrategia lógica.
Una señal estrecha y estable sería más fácil de distinguir entre la enorme cantidad de ondas de radio que llenan el universo.
Sin embargo, los autores del estudio señalan que una transmisión no sale directamente al espacio profundo.
Antes tiene que atravesar el entorno que rodea a su estrella.
Y esas condiciones pueden modificarla.
La consecuencia es sencilla: una señal que originalmente era muy clara podría no conservar ese aspecto cuando finalmente llegue a la Tierra.
El plasma y el clima espacial podrían alterar las transmisiones
Las estrellas están rodeadas por regiones de plasma, partículas cargadas y fuertes vientos estelares.
Según los investigadores del SETI Institute, todos esos fenómenos pueden afectar a las ondas de radio.
Las señales pueden ensancharse y perder parte de la forma que tenían al ser emitidas.
Eso resulta especialmente importante porque los algoritmos actuales están diseñados para detectar transmisiones muy definidas.
Una señal más difusa podría acabar mezclándose con el ruido de fondo y pasar inadvertida.
Los científicos creen que este efecto sería especialmente relevante en las estrellas pequeñas y activas, que son las más abundantes de la Vía Láctea y también algunas de las más estudiadas por los programas de búsqueda de planetas habitables.
El trabajo no demuestra que se hayan ignorado mensajes procedentes de otras civilizaciones.
Tampoco aporta pruebas de vida extraterrestre.
Lo que plantea es que ciertas señales podrían tener una apariencia distinta de la que tradicionalmente se ha buscado.
Las próximas búsquedas podrían ampliar sus criterios
Los autores consideran que los futuros estudios podrían incorporar otros tipos de señales y prestar atención a frecuencias o patrones que hasta ahora han recibido menos interés.
La idea no consiste en abandonar las estrategias actuales.
Se trata de ampliarlas.
Los radiotelescopios del futuro serán mucho más sensibles y procesarán cantidades de información mucho mayores que las actuales.
Eso permitirá revisar observaciones con nuevas herramientas y explorar fenómenos que antes podían pasar desapercibidos.
En consecuencia, la primera pista sobre una tecnología lejana podría no aparecer como una señal perfectamente definida.
Podría presentarse de una forma mucho menos evidente y requerir métodos diferentes para reconocerla.
Porque el desafío no siempre consiste en escuchar más lejos.
A veces consiste en aprender a interpretar mejor lo que ya estamos observando.
