A menos de una semana de que renunciara el director del PEPFAR, las autoridades de la Casa Blanca decidieron destituir a los 24 miembros de la entidad encargada de regular la Fundación Nacional de Ciencias, lo que señalan como un ataque directo que busca quitarle su independencia del gobierno federal.
Un ataque a la ciencia
El mandato del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, estuvo marcado por una relación fluctuante con los sectores científicos y de investigación. Si bien es cierto que durante su segunda administración la NASA volvió a enviar un cohete tripulado a la Luna y más allá, el resto de la comunidad científica recibe constantes críticas y desacreditación por parte de los funcionarios nacionales.
En este sentido, el presidente Donald Trump ordenó la destitución de los 24 miembros de la Junta Nacional de Ciencias (NSB por sus siglas en inglés), ente regulador que supervisa a la Fundación Nacional de Ciencias (NSF). Los defensores y expertos del sector han denunciado que esta maniobra es el último paso de la administración Trump para prácticamente destruir la independencia que la agencia de investigación sostuvo durante más de 70 años.
«En nombre del presidente Donald J. Trump, le escribo para informarle que su cargo como miembro de la Junta Nacional de Ciencias queda rescindido con efecto inmediato», se lee en el correo electrónico enviado el pasado 24 de abril por Mary Sprowls, de la oficina de personal presidencial, a cada miembro de la Junta Nacional de Ciencias. «Gracias por su servicio», remató en la carta.
Una cartera con buen presupuesto
Cabe recordar que la NSB es un ente muy particular dentro del gobierno de los Estados Unidos, ya que, además de asesorar a la Casa Blanca y al Congreso en materia de política científica nacional, maneja un presupuesto de 9 mil millones de dólares y establece a discreción las políticas presupuestarias y los gastos en el sector.
Los miembros de este organismo son elegidos por el presidente y suelen venir del ámbito académico y ser representantes de peso del área industrial; ocupan su cargo por seis años, con rotación de ocho miembros cada dos años.
La Casa Blanca en guerra con la NSF
No obstante, los miembros recientemente despedidos que han hecho alguna declaración señalan que esta purga total de la junta directiva forma parte de una disputa constante con la administración Trump, que busca socavar la autoridad de la junta y dictar directamente las políticas de la NSF.
Keivan Stassun, astrofísico de la Universidad de Vanderbilt y exmiembro de la NSB despedido recientemente, señaló que las críticas públicas de la junta al recorte presupuestario de 55 puntos porcentuales que Trump intentó imponer al actual presupuesto de la NSF, y que el Congreso ignoró, dejaron molestos a los miembros de la administración.
«Quizás una forma de decirlo desde la perspectiva de la administración», afirmó Stassun, «es que este grupo de personas designadas por el presidente estaba aconsejando al Congreso que no siguiera los deseos del presidente».
Otro ejemplo de esta disputa fue la decisión adoptada por la Casa Blanca, el pasado mes de marzo, de pedir al Congreso que otorgue a la NSF U$S 900 millones el próximo año para el desarrollo de un nuevo rompehielos de investigación ártica.
«La Oficina de Administración y Presupuesto básicamente le dijo muy directamente al jefe de las instalaciones de investigación de la NSF: ‹Construirán un nuevo buque de investigación›, y la junta no tuvo ninguna participación, a pesar de que esta debe aprobar y autorizar cualquier inversión importante en infraestructura por parte de la NSF», explicó Stassun. «Y cuando la junta preguntó, la respuesta fue: ‹Bueno, la Oficina de Administración y Presupuesto fue muy clara en su directiva›», agregó.
