Microorganismos clave para el rendimiento de cultivos

Los hongos y las bacterias son microorganismos importantes para la productividad de los cultivos. En la agricultura ecológica, los hongos y las bacterias no son sinónimos de enfermedad. Miles de productos contienen estos microorganismos para enriquecer el suelo y producir plantas más resistentes a enfermedades y estrés como la sequía.

Son las seis de la mañana. El agricultor Francisco López empezó con sus tareas cotidianas en una finca ecológica de pepinos y berenjenas en Almería, donde trabaja cada día desde hace más de 40 años. Como si fuera el laboratorio de Dexter, éste prepara una mezcla de hongos, bacterias y otros compuestos, que luego vierte en su suelo.

Esta combinación que López está creando a pequeña escala, es similar a miles de productos comerciales que se utilizan cada vez más en la agricultura para ayudar a que las plantas crezcan de manera respetuosa con el medio ambiente. Esto significa que los productos a base de microorganismos ayudan a mejorar los rendimientos, proteger a las plantas de enfermedades e incluso ayudarlas a mantenerse saludables en situaciones estresantes como la sequía.

Los microorganismos y la materia orgánica contribuyen a la fertilidad del suelo” El granjero dijo que cuanto más fértil fuera el lugar, mejores crecerían las plantas. Sin embargo, hasta hace poco se desconocía la enorme diversidad de microorganismos y sus funciones en el suelo. “Sabemos que hay microorganismos en el suelo y algunos de ellos pueden ser beneficiosos, pero no sabemos cuáles, qué importancia tienen unas especies en relación con otras especies, ni cómo interactúan entre sí” – Carmen Gómez- Lama, experto en interacción planta-microbio e investigador del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC).

Esta información ha salido a la luz gracias a la llegada de la secuenciación masiva de ADN, o metagenómica, que está permitiendo comprender mejor la diversidad microbiana que se esconde en hojas, raíces y frutos. “Estos métodos se han vuelto populares desde principios del siglo XXI y muy revolucionarios. Permiten estudiar rápidamente todos los genes que componen una comunidad, determinar quién vive en el suelo y cuáles son sus posibles funciones. Este método nos ayuda a considerar el suelo como un ecosistema que sustenta muchas formas de vida, en lugar de simplemente sustentar materia inerte para la vegetación”, afirma Marta Goberna investigadora del Instituto de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria Nacional (INIA-CSIC).

Un experto en microflora del suelo explica que “en un gramo de suelo, equivalente a una cucharadita, hay millones de individuos pertenecientes a miles de especies diferentes“.

Esto es similar a lo que le sucede al microbioma intestinal humano. “Sabemos que en nuestros intestinos viven bacterias y hongos, pero no sabemos cómo interactúan entre sí, cuáles son buenos y cuáles son malos, ni cuál es su impacto específico en nuestra salud“, agrega José Miguel Mulet, ccatedrático de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia.

Microorganismos “mineros” que descomponen los fosfatos

Todos estos microorganismos trabajan al servicio para que la planta pueda comer los macroelementos necesarios para su crecimiento: nitrógeno, fósforo y potasio.

Por ejemplo, el fosfato es un elemento muy insoluble y, por tanto, difícil de absorber para las plantas. Las bacterias lo convierten en fosfatos orgánicos mediante reacciones químicas, permitiendo que las plantas lo absorban”, describió el experto en biología molecular.

Este proceso establece una relación simbiótica que beneficia a todos los involucrados: “La planta realiza la fotosíntesis y libera azúcares en el suelo como alimento para las bacterias. Esto significa que intercambian fosfato por carbono y ambos se benefician”, explica Mulet.

Algunas bacterias como Pseudomonas putida o Bacillus, etc. funcionan de esta manera. Además, estas bacterias a veces actúan como antagonistas de patógenos: “Si matas todas las bacterias del suelo con productos químicos, corres el riesgo de desarrollar patógenos. Sin embargo, si aumentamos el número de bacterias beneficiosas, una vez que aparezcan los patógenos, ya no habrá lugar para ellos“, afirmó.

La ciencia también ha estudiado las bacterias que solubilizan el potasio y otros minerales como el hierro y el magnesio, aunque este método es menos común en la actualidad.

Por otro lado, existen bacterias que ayudan a fijar el nitrógeno atmosférico, tomándolo directamente del aire y creando compuestos que pueden introducirse en el suelo o en organismos vivos. Se trata de una respuesta al problema actual del exceso de nitrógeno químico en la agricultura, que puede alterar los ecosistemas naturales, provocando acidificación, desequilibrio nutricional y pérdida de biodiversidad.

Hongos y micorrizas resisten la sequía

Los hongos son los siguientes microorganismos más comunes en suelos agrícolas. “En particular, los hongos más utilizados en la agricultura de todo el mundo son los del género Trichoderma, que se utilizan para combatir enfermedades y porque aumentan la resistencia de los cultivos a la sequía y a la salinidad”. Así lo explica Rosa Hermosa, profesora de microbiología de la Universidad de Salamanca, pionera en España en el estudio de las respuestas de las plantas a Trichoderma, un hongo ampliamente utilizado como agente de control biológico de muchos patógenos vegetales diferentes.

El crecimiento de su uso, que pasó de 21 productos comerciales registrados a 144 productos en 40 países, demuestra el interés de la agricultura. La investigadora patentó el primer biofungicida de España y desde entonces no ha dejado de seguir las propiedades del género Trichoderma.

Todos estos mecanismos llevados a cabo por hongos y bacterias ayudan a mejorar el aporte de nutrientes a las plantas y potenciar su resistencia a la sequía, la salinidad o las enfermedades provocadas por otros organismos vivos. Todo esto puede ayudar a aumentar la productividad.

Las micorrizas, definidas como simbiosis entre hongos y raíces de plantas, tienen beneficios similares. En estas relaciones, los hongos ayudan a expandir las raíces del árbol y aumentar la solubilidad del fósforo y la captación del nitrógeno, lo que permite que las plantas usen agua y nutrientes de manera más efectiva.

Regulaciones en los productos naturales

Uno de los problemas que aún encuentran los productos basados ​​en microorganismos son las regulaciones actuales “porque la regulación de fitosanitarios basados en microorganismos es más compleja y lenta que la de fitosanitarios químicos debido a la complejidad biológica, la variabilidad genética, las interacciones ambientales, la falta de estándares unificados, la necesidad de métodos de prueba específicos y el relativamente limitado conocimiento en comparación con los productos químicos. En la Unión Europea, se aplica el principio de precaución, lo que implica una evaluación más rigurosa y basada en evidencia científica para garantizar altos niveles de seguridad y protección ambiental”, dijo Gómez-Lama.

De hecho, como señala el experto, esta práctica es “más común en Asia y América Latina, donde las regulaciones no son tan estrictas. Además, en España muchos de estos productos están registrados como biofertilizantes porque la normativa es mucho más sencilla que la de los fitosanitarios“.

Es posible que en el futuro se tengan en cuenta otros factores, como el origen de los microorganismos que contienen, a la hora de aprobar estos productos. “Muchos de estos productos se elaboran con microorganismos de países como Estados Unidos e India, por lo que necesitamos saber cómo se adaptan e interactúan con diferentes entornos y confirmar que no se vean alterados” – dijo Mario Javier Ruiz, investigador del Instituto Universitario de Conservación y Mejora de la Agrodiversidad Valenciana de la UPV.

El científico mencionó que la Comunidad Europea apoya proyectos destinados a la regeneración de suelos: “El objetivo es prevenir las emisiones de CO2 generadas por los suelos degradados y promover la absorción de compuestos nocivos para el planeta de la tierra viva“.

Ingredientes de la agricultura ecológica

Estos productos proporcionan una alternativa a los fertilizantes químicos y productos fitosanitarios en el creciente entorno de agricultura orgánica actual. “Los fertilizantes químicos están muy bien investigados y pueden maximizar los rendimientos. Pero hemos demostrado que esto es contraproducente para la salud del suelo y del planeta”, explica.

Además, los productos fitosanitarios químicos previenen el desarrollo de enfermedades causadas generalmente por microorganismos, pero al mismo tiempo también afectan negativamente a los microorganismos beneficiosos debido a los cambios en el equilibrio natural del suelo“. El agricultor almeriense comparte esta opinión porque su experiencia le obligó a pasar momentos difíciles para devolverle la vida a la tierra.

El terreno resultó gravemente degradado y sin vida debido a la exposición a los agroquímicos. Necesitamos enriquecerlos con materia orgánica para que los microorganismos puedan alimentarse y sobrevivir. Es importante lograr ese equilibrio y, si es necesario, ayudar a la naturaleza proporcionándole más microorganismos para compensar el ritmo frenético al que la obligamos a producir”, afirmó Francisco López, quien intenta mantener el equilibrio en su cosecha y no gastar demasiado en productos.

Necesitamos implementar prácticas de manejo que nos permitan mantener los suelos fértiles y estructurados, aireados y porosos, para crear un sistema con comunidades biológicas ricas y diversas donde las plantas puedan desarrollarse bien.
Paralelamente al uso de este tipo de métodos renovables, se puede considerar la posibilidad de utilizar insumos basados ​​en microorganismos beneficiosos, que sean respetuosos con el medio ambiente y económicamente viables
“, concluye Marta Goberna.

Ecoportal.net

Con información de: https://www.agenciasinc.es/

Recibir Notificaciones OK No gracias