Los especialistas señalaron que esta realidad, que mezcla una disminución considerable en la oferta laboral y los puestos de trabajo en las fábricas estadounidenses con un crecimiento en la producción manufacturera, no estaría relacionada con ninguna de las políticas económicas de la administración Trump, sino con la demanda creciente de sus productos tanto en el interior del país como en el resto del mundo.
Una combinación de variables extraña
Tanto críticos como partidarios de las medidas económicas adoptadas por el presidente Donald Trump no logran explicar el auge en la producción manufacturera que las fábricas de los Estados Unidos están registrando, que choca de frente con cualquier narrativa que se intente utilizar para explicarlo.
Si bien es cierto que tanto las ofertas laborales como los puestos de trabajo en el sector fabril se han desplomado desde que Donald Trump asumió su segundo mandato presidencial el año pasado, también es una realidad que la producción industrial aumentó considerablemente a un ritmo cada vez más acelerado.
No obstante, este repunte productivo no se debe a la política de guerra comercial total que implementó la Casa Blanca desde hace más de un año, imponiendo aranceles estratosféricos y risorios a los productos que son importados desde otros países, sino a la que es considerada la fuerza económica más básica: la demanda, y los Estados Unidos tienen gran facilidad para desarrollar productos de alta demanda en la actualidad.
Los datos que dejó el 2025
Como se dijo anteriormente, el sector manufacturero estadounidense ha visto su crecimiento mermado en el último año. Los empleos en el sector cayeron y se perdieron cerca de 100 mil puestos de trabajo, lo que implica un descenso de cerca del 0,6%.
Curiosamente, en este mismo período, la producción en las fábricas registró un crecimiento de 2,3 puntos porcentuales, mientras que los envíos de productos manufacturados, sin contar el ajuste por inflación, crecieron por encima del 4%.
A pesar de este crecimiento considerado por muchos como modesto y volátil, la capacidad de producción y fabricación dentro del territorio estadounidense continúa por debajo de los datos registrados al comienzo de la crisis financiera mundial de 2007. Aun así, no deja de ser una mejora en comparación con las caídas que sufrió el sector los últimos dos años, y los indicios apuntan a que esta recuperación podría acelerarse.
Hay una correlación temporal directa entre el repunte de producción y la llegada de Donald Trump al poder para su segundo mandato. No obstante, un estudio realizado por el Instituto Global McKinsey concluyó, a partir del análisis de los datos de producción, las importaciones y la inversión en el sector, que la relocalización de productos estaría más bien relacionada con la disminución en las importaciones y el crecimiento de la inversión.
El informe detalla que no se reconocieron patrones uniformes claros, aunque sí constataron en algunos sectores particulares que allí donde la producción nacional crece, incrementan también las importaciones y viceversa.
A modo de ejemplo, la producción nacional de material informático y electrónico creció un 7,7% el año pasado, mientras que las importaciones en este sector aumentaron todavía más, un total de 40,5 puntos porcentuales.
La inteligencia artificial hizo su parte
Al mismo tiempo, el crecimiento exponencial de la industria de la inteligencia artificial, que descansa en cientos de miles de millones de dólares invertidos en semiconductores, redes, generación de energía y equipos de refrigeración, ayuda a entender este boom de la producción industrial, ya que muchos de estos componentes son fabricados en Estados Unidos, aunque muchos todavía son importados de otros países.
«La fabricación estadounidense vinculada a la IA no está sustituyendo las importaciones, sino que las complementa, ya que las importaciones estadounidenses de bienes relacionados con la IA no dejan de aumentar», explicó Olivia White, directora del Instituto Global McKinsey.
