Ante el aumento de los metales pesados en la comida, los departamentos de Agricultura (USDA) y de Salud (HHS), y la Agencia de Protección Ambiental (EPA), coordinaron esfuerzos para aplicar nuevas normativas y controles para erradicar la contaminación alimentaria.
EE. UU. quiere mitigar el riesgo por consumo de metales pesados
Como resultado de la aplicación de métodos tecnológicos y químicos para la conservación de los productos agrícolas y la estimulación de las cosechas, los metales pesados llegan con facilidad a la mesa familiar e incrementan el riesgo sanitario por la intoxicación que implica su ingesta.
A diferencia de los nutrientes, estos elementos no cumplen funciones en el sistema biológico, sino que, al contrario, pueden desencadenar altos niveles de contaminación. El uso de pesticidas, la contaminación industrial y los derrames acuáticos son algunos de los factores que favorecen su proliferación actualmente.
La problemática es prioridad en la agenda sanitaria del gobierno republicano, que, a través del proyecto MAHA (Make America Healthy Again), se propuso trabajar en el combate de las toxinas ambientales y en la promoción de los alimentos orgánicos y libres de conservantes.
Sobre esta base, el USDA, el HHS y la EPA firmaron un memorándum de entendimiento que selló su compromiso de adoptar «nuevos métodos para detectar y abordar mejor los riesgos potenciales». «Junto con nuestros socios, estamos fortaleciendo la salud de las familias estadounidenses», afirmó Brooke Rollins, secretaria de Agricultura.
Con la intención de garantizar a los consumidores la calidad de los productos y su origen seguro, los organismos incorporarán métodos de detección de los metales en «frutas, verduras, carne y, por primera vez, alimentos procesados».
«Proteger a los estadounidenses de los contaminantes nocivos es una prioridad fundamental de la administración Trump», manifestó el titular del HHS, Robert Kennedy. Por su parte, Lee Zeldin, responsable de la EPA, defendió la implementación de «estándares más altos» de seguridad alimentaria.
El documento también dio pie a la conformación del Senior Executive Council (SEC), que estará constituido por representantes de cada una de las 3 entidades para agilizar los procesos burocráticos y las reformas de un marco legal que tiene 42 años de antigüedad.
El USDA encabeza las medidas
A través del Servicio de Inocuidad e Inspección de Alimentos (FSIS), el USDA confirmó la implementación de un «nuevo método de laboratorio simplificado para medir la cantidad de 18 metales pesados», aun en niveles bajos.
El objetivo de los expertos es cuantificar los contaminantes mediante técnicas científicas y alertar sobre su presencia en niveles «elevados o inusuales», para evaluar las posibilidades de restringir la circulación de los productos en el mercado.
«El FSIS también ampliará su vigilancia de metales pesados para incluir alimentos procesados, como salchichas y comidas preparadas, que combinan ingredientes de diversas fuentes», especificaron. Además, el organismo difundirá los resultados de sus investigaciones a través de su web oficial, para «garantizar la transparencia» en la competencia industrial y proteger a los consumidores.
Un giro de 180° a la industria alimentaria
La medida anunciada forma parte de un paquete de políticas que buscan reformar la cadena de suministro alimenticio, considerando que el consumo de alimentos seguros trae un doble beneficio: además de proteger la salud de la comunidad, favorece a los productores locales.
Recientemente, el USDA comunicó los resultados de su convocatoria para contratar proveedores en el marco del programa SNAP, que otorga tarjetas de asistencia para que las familias más vulnerables accedan a la compra de alimentos básicos.
En su nueva edición, las autoridades exigieron a los comercios interesados en cobrar el beneficio contar con «28 o más artículos básicos, lo que brindará a las familias mejor acceso a frutas y verduras, lácteos y carne real», con la adhesión de 250 mil locales que acataron las nuevas reglas.
