En un periodo en el que el mundo se encuentra inmerso en una de las crisis energéticas más complicadas y complejas de las últimas décadas, el cambio del clima sigue empujando las marcas térmicas a registros inéditos. En el último informe, la AIE pone el foco en la inusitada aceleración de la demanda de equipos de aire acondicionado y refrigeración, un consumo que se ha visto de este modo acelerado drásticamente por los calores récord de los últimos años. Pero el horizonte más próximo es aún más tenso.
El surgimiento comercial de los aparatos de climatización
El clima extremo ya no es una realidad únicamente reservada para las regiones tropicales y esta nueva prestación ha encontrado una correspondencia perfecta en las cifras de los mercados de los electrodomésticos. La idea comúnmente aceptada sobre la necesidad de contar con un aire acondicionado natural ha variado de modo radical. Lo que hace justo diez años era considerado en muchos espacios templados un simple objeto de lujo o un mero elemento de confort eventual, hoy se entiende directamente como una fuente de subsistencia básica para hacer frente a las mortales y terribles olas de calor.
Ese drástico cambio cultural, acompañado de un descenso muy oportuno de las tarifas de los equipos básicos y de una capacidad de stock elevada en casi toda la cadena de suministro internacional, derribó las históricas barreras económicas que limitaban su uso extensivo. Las cifras del informe de la AIE son muy contundentes: los envíos anuales de los equipos de aire acondicionado han sido este año un 25 % más altos de lo que eran hace tan solo cinco años.
El tremendo desequilibrio en las redes terciarias
El hecho de que millones de familias decidan conectar sus nuevos aires acondicionados exactamente al mismo tiempo una calurosa tarde de verano representa uno de los peores problemas logísticos para cualquier operador de las redes de electricidad. Desde el 2015 hasta la fecha, la demanda de electricidad que va destinada precisamente a la refrigeración de espacios hizo un salto gigantesco del 50 % y alcanzó casi los 2900 teravatios-hora.
No necesariamente el problema central es el gran volumen total de energía que, en medio de un calor extremo, demandan los equipos que hacen la refrigeración, sino el gran grado de concentración que pueden tener en el tiempo. La demanda de refrigeración no ocurre, por ejemplo, como la de las heladeras o la de las farolas, de una manera prolongada, sino que se verticaliza en una cantidad muy limitada de meses cálidos y en horas del día específicas en las cuales el sol da con más fuerza.
Respuestas de los gobiernos y medidas de racionamiento
Desde que comenzó a aparecer la llegada de El Niño y una inminente posibilidad de colapso en la todavía efímera infraestructura en la distribución, algunos gobiernos han comenzado a tomar medidas más que drásticas para tratar de controlar el consumo. El miedo a quedarse sin gas natural que les sirva para alimentar el pico de generación en pleno verano ha llevado a muchos países, sobre todo en el continente asiático, a legislar las medidas de uso de los equipos con el objetivo de regular la escasez existente.
Desde marzo de este mismo año, han sido al menos ocho países los que han promulgado normativas de regulación del uso del aire acondicionado. Países como Malasia, Singapur o Filipinas han dispuesto por medio de un decreto que las temperaturas de los aparatos situados en las oficinas y localidades públicas deben ajustarse de forma estricta a un mínimo entre 24° y 26°, como una manera de conseguir que los compresores trabajen mucho menos. El contundente análisis que ha presentado la AIE no da lugar a ningún tipo de optimismo si no se actúa con rapidez.
