La Comisión Federal Reguladora de Energía, conocida normalmente por sus siglas como la FERC, acaba de abrir formalmente los comentarios para que sean aquellos que lo padecen, a todos los niveles, los que hagan llegar sus inquietudes reales sobre el cierre de la central hidroeléctrica de Potter Valley. La intención del gobierno consiste en saber a fondo cómo afectará a la vida comunitaria el plan de desmantelamiento de este sistema de hormigón y agua que la compañía Pacific Gas and Electric (PG&E) ha estado operando desde 1930.
Un ecosistema artificial que transformó el paisaje
Para dimensionar el revuelo que provoca esta noticia en el vecindario, es necesario dimensionar lo que realmente supone el proyecto Potter Valley en el mapa local. Estamos ante una inmensa red que ha modificado para siempre el trayecto del agua en los condados de Lake y Mendocino. El complejo articula dos diques grandes, la presa Scott y la presa Cape Horn, además de la propia casa de máquinas, que tiene como función expulsar la electricidad a la red.
Pero el golpe territorial va más allá de lo que se ha expresado anteriormente, pues la misma infraestructura también es la encargada de mantener el lago Pillsbury, un embalse artificial muy grande que acumula aproximadamente unos ochenta mil acres-pie de agua. La misma red hídrica que lo recoge, que incluso tiene una estación específica para controlar el paso de los salmones y las truchas, articula más de 5600 hectáreas de tierras, articuladas directamente con el lecho del río Eel y el brazo este del río Russian. Desestabilizar semejante monstruo logístico significa cambiar repentinamente las reglas para la flora, la fauna salvaje y la provisión alimenticia de cientos de familias rurales.
El agobio de los habitantes en el centro de la escena
Es aquí donde entra en juego el peso de la opinión pública, un determinante territorial cuyas autoridades en Washington no tienen margen de error si pretenden eludir una lluvia de recursos judiciales. Desde finales de mayo, la comisión que se está haciendo cargo del asunto viene organizando reuniones exploratorias, pidiéndole a la comunidad que se involucre profundamente en el proceso. Lo que propuso técnicamente la empresa PG&E en su lugar es renunciar a la concesión, demoler los fierros viejos y buscar una alternativa para todos aquellos acres de tierra que quedarían en desuso.
Los técnicos de la FERC requieren que la comunidad opine antes de redactar la versión final del borrador ambiental. La convocatoria a la acción no está pensada solamente para el dictamen de ingenieros agrónomos o activistas climáticos, sino que la idea es que los residentes comunes y corrientes cuenten de primera mano cómo la desaparición de presas o el eventual secado del lago Pillsbury podría afectar el negocio, el valor de las propiedades, y el futuro a largo plazo del condado de Lake.
Los plazos legales y el reloj que avanza
Mientras los habitantes de la zona se enteran de la noticia y redactan sus respectivos razonamientos, la fría máquina burocrática del Estado avanza sin pausa. El papel que saldrá de la recogida masiva de información no será un papel para archivar en la mesa del municipio, sino el soporte legal inapelable que la comisión utilizará para determinar si da el visto bueno a la demolición de la central de Potter Valley tal como la está pidiendo la empresa energética, o si obliga a la empresa a buscar otro tipo de salidas menos agresivas con el terreno.
Los que deseen dejar por escrito asentada su postura no tendrán que salir de casa. La tramitación se ha diseñado para ser cien por cien digital a través del portal de comentarios de la agencia, buscando concretamente el número de expediente P-77-332.
