El Banco Mundial impulsa diversas estrategias para reforzar la situación económica de los países, sin descuidar la agenda de transición energética. Una de ellas es el desarrollo inteligente, propuesta que consta de inversiones públicas y privadas que permiten desarrollar proyectos urbanos, mientras fortalece la resiliencia y reduce las emisiones. Se trata de un plan que integra las 3 áreas que el organismo considera esenciales en este marco: el empleo, la economía y el crecimiento sostenible.
Un presente complicado para la transición energética
La agenda de transición energética atraviesa un difícil presente producto del complicado contexto global. En este marco, las tensiones geopolíticas, sumadas a la crisis económica que azota a diversas regiones del mundo, crean un escenario que afecta de manera directa las estrategias ambientales. Según un reciente informe del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), los efectos de estos factores ya comenzaron a sentirse.
A partir de numerosas investigaciones, los expertos registraron retrasos en los avances conseguidos durante los últimos años en lo que respecta a la transición energética. Esto se debe a la disminución en la capacidad de inversiones, lo que representa una lamentable caída en el desarrollo de proyectos renovables. Frente a ello, la COP31 planteó diversas estrategias que apuntan a recuperar el terreno perdido y, al mismo tiempo, cumplir con los objetivos ambientales dispuestos.
La eficiencia energética de los edificios, la reducción de los residuos y la electrificación generalizada son algunos de los ítems propuestos por las autoridades internacionales para solucionar la problemática actual. «Son medidas que los gobiernos pueden implementar hoy mismo para reducir costos, mejorar la salud pública, fortalecer la seguridad energética y construir comunidades más resilientes», expresaron desde el Instituto de Recursos Mundiales.
En busca de una transición justa
A través de esta estrategia, las autoridades internacionales apuntan a una transición energética justa, que cumpla con los objetivos ambientales, pero sin descuidar la resiliencia económica. El Banco Mundial compartió un informe en el que aborda esta temática, planteando al desarrollo inteligente como una apuesta para lograr beneficios para el empleo y el clima.
Dicho informe resalta que las inversiones de países y empresas para el desarrollo inteligente permitirían cubrir las necesidades de desarrollo persistentes, como la construcción de carreteras, el cultivo de alimentos y la gestión de residuos, mientras trabajan en la reducción de las emisiones. Para alcanzar este efecto multiplicador, se debe diseñar un sistema adecuado para que las inversiones perduren.
En esa línea, rechaza los cuestionamientos existentes respecto a que la transición energética perjudica la resiliencia económica de los países. «Bien implementado este sistema, no se trata de una disyuntiva, sino de un multiplicador», reza el informe del Banco Mundial. Asimismo, insta a la comunidad internacional a poner el foco sobre los beneficios climáticos colaterales, los cuales marcarían un nuevo camino hacia una transición justa.
Como ejemplo de estos cobeneficios climáticos, el organismo habló sobre el apoyo a un mecanismo de microfinanciación que proporciona liquidez para inversiones en agricultura sostenible y, al mismo tiempo, ayuda a gestionar los riesgos de inundación. Lo mismo sucede en el sector del transporte, cuyos proyectos apuntan al aumento de la construcción de carreteras o la implementación de vehículos eléctricos, lo que sería crucial para el desarrollo y la conexión urbana.
Inversiones del Banco Mundial
El Banco Mundial reconoce que, para alcanzar estas metas, es preciso aumentar las inversiones. En el último año fiscal, el grupo destinó un total de US$50 800 millones al desarrollo de proyectos con beneficios climáticos colaterales, incluyendo US$33 000 millones en estrategias dedicadas a la reducción de emisiones. Y ahora, la idea es aumentar el presupuesto para potenciar el desarrollo inteligente, al que considera una pieza fundamental para un futuro sostenible.
