El futuro del almacenamiento de energía limpia podría estar dentro de un edificio de unos 40 pisos de altura.
Puede sonar extraño, porque cuando pensamos en una batería solemos imaginar una caja llena de componentes electrónicos o enormes contenedores instalados junto a un parque solar.
Pero en China hay una estructura de 148 metros que funciona de otra manera.
No guarda electricidad en sustancias químicas.
La almacena utilizando algo tan simple como la gravedad.
Encontrar nuevas formas de guardar energía se ha convertido en una necesidad para las redes eléctricas modernas. El problema es que las fuentes renovables no producen siempre al mismo ritmo.
Hay días con mucho viento y otros casi sin él. Lo mismo ocurre con la energía solar. Durante algunas horas se genera más electricidad de la que la gente necesita y, unas horas después, la producción puede caer de forma considerable.
Por eso, además de las baterías de litio, ingenieros y empresas llevan años probando sistemas basados en calor, aire comprimido y soluciones mecánicas.
La torre de Rudong es uno de esos experimentos que ya han dejado de ser una idea sobre el papel.
Cómo funciona esta batería gigante
Desde fuera parece un gran edificio industrial.
Por dentro, enormes bloques de hormigón suben y bajan constantemente.
Cuando los parques eólicos cercanos producen más electricidad de la que la red necesita, ese excedente se utiliza para alimentar motores que elevan bloques de unas 35 toneladas cada uno.

La energía queda almacenada en la parte superior de la torre.
Más tarde, cuando aumenta el consumo eléctrico, los bloques descienden de manera controlada. Ese movimiento hace que los motores trabajen en sentido contrario y devuelvan la electricidad a la red.
El sistema alcanza una eficiencia superior al 80%.
La instalación fue desarrollada por Energy Vault junto con socios locales y tiene capacidad para almacenar hasta 100 MWh de electricidad. Además, puede suministrar una potencia de 25 MW durante aproximadamente cuatro horas.
Otro aspecto llamativo es que los bloques están fabricados con hormigón reciclado y residuos industriales.
Y como no utiliza líquidos tóxicos ni materiales inflamables, sus diseñadores calculan que podría operar durante más de 35 años.
Lo que esta torre demuestra y lo que todavía queda por probar
Los números son interesantes, pero la propia industria mantiene cierta prudencia.
La batería de Rudong puede ayudar a estabilizar redes locales y cubrir parte de la demanda en determinados momentos del día. Sin embargo, todavía está lejos de competir con las mayores centrales hidroeléctricas de bombeo y tampoco resuelve por sí sola el almacenamiento de energía durante largos periodos.
El verdadero valor del proyecto es otro.
Demuestra que una batería basada en la gravedad puede funcionar a escala comercial.
Ahora falta comprobar algo igual de importante: si este tipo de instalaciones puede construirse a un costo razonable, replicarse en otros lugares y seguir operando con la misma fiabilidad después de muchos años de uso.
El calor, el viento y el sol seguirán marcando el ritmo de las energías renovables.
La diferencia es que, en el futuro, parte de esa electricidad podría terminar almacenada en edificios que, vistos desde fuera, parecen una simple torre industrial, pero que en realidad funcionan como una enorme batería movida por la gravedad.
