Los paneles solares llevan años mejorando, pero no al ritmo que muchos esperaban.
La mayoría de los modelos instalados en viviendas y grandes plantas solares convierten en electricidad solo una parte de la luz que reciben. El resto se pierde.
Por eso, aumentar la eficiencia se ha convertido en una especie de carrera entre laboratorios y fabricantes de todo el mundo.
Y en Alemania, un grupo de investigadores acaba de conseguir algo que hasta hace poco parecía fuera de alcance.
Utilizando una tecnología desarrollada originalmente para misiones espaciales, lograron construir un módulo solar capaz de alcanzar una eficiencia récord.
La marca obtenida ha llamado la atención de toda la industria.
Pero la gran pregunta es otra.
¿Puede una tecnología diseñada para satélites terminar algún día sobre los tejados de las casas?
El gran problema de los paneles solares es que todavía desaprovechan mucha energía
Los paneles actuales han permitido que la energía solar se expanda por todo el mundo.
Sin embargo, incluso los modelos más avanzados que se comercializan hoy suelen moverse entre el 20% y el 24% de eficiencia.
Eso significa que una parte importante de la luz solar termina perdiéndose.
Por esa razón, la industria lleva años buscando nuevas formas de aprovechar mejor cada metro cuadrado disponible.
Los avances han llegado, pero normalmente han sido pequeños.
Mejorar unas décimas ya suele considerarse una buena noticia.
Por eso, cuando aparece una tecnología capaz de dar un salto mucho mayor, la atención se dispara.
Y eso es precisamente lo que ocurrió con el trabajo desarrollado en Alemania.
Unas células creadas para el espacio permitieron alcanzar un récord del 34,4%
El proyecto fue desarrollado por investigadores del Fraunhofer ISE junto con la empresa AZUR SPACE.
Las células utilizadas no fueron diseñadas originalmente para tejados o parques solares.
Su destino eran los satélites.
En el espacio, donde cada centímetro cuenta, se necesitan sistemas capaces de generar la mayor cantidad posible de electricidad en superficies muy reducidas.
Para adaptar esa tecnología a la Tierra, los investigadores recurrieron a un diseño conocido como Shingle Matrix.
La idea es relativamente sencilla.
En vez de utilizar células completas conectadas entre sí mediante cintas metálicas, estas se dividen en tiras más pequeñas y se colocan unas sobre otras, igual que las tejas de un tejado.
De esa forma se reducen las pérdidas y se aprovecha mejor la superficie disponible.
El resultado fue un módulo experimental con una eficiencia del 34,4%, una cifra que establece un nuevo récord.
Pero un récord en un laboratorio no siempre significa que la tecnología esté lista para llegar al mercado.
Y ahí aparece la gran incógnita.
El récord ya existe, pero llevarlo a gran escala será mucho más complicado
Por ahora, estos paneles están lejos del mercado doméstico.
Las células empleadas utilizan materiales muy costosos, como el germanio, y su fabricación sigue siendo mucho más cara que la de los paneles convencionales de silicio.
Eso limita su uso a aplicaciones donde el espacio disponible es reducido y donde la máxima eficiencia resulta prioritaria.
Los satélites son uno de esos casos.
También podrían encontrar espacio en determinados vehículos o en proyectos especializados.
Los investigadores creen que estos avances ayudan a abrir el camino para futuras generaciones de paneles más eficientes.
Pero todavía faltan años para saber si una tecnología nacida para alimentar misiones espaciales podrá competir en precio con los paneles que hoy se instalan en millones de hogares.
El récord ya está conseguido.
La siguiente batalla será conseguir que deje de ser una rareza de laboratorio.
