Instalar paneles solares en una vía ferroviaria activa de Suiza despertó muchas dudas desde el principio.
Y era fácil entender por qué.
Los trenes pasarían constantemente sobre la instalación a velocidades cercanas a los 100 kilómetros por hora.
Las vibraciones, la suciedad y el mantenimiento de las vías parecían suficientes para poner en problemas al proyecto.
Pero pasó un año.
Más de 11 000 trenes circularon sobre la instalación y, según sus responsables, el sistema se mantuvo estable y seguro.
¿Cómo consiguieron que los paneles soportaran todo ese movimiento sin comprometer la seguridad de la vía?
Cómo sobrevivieron los paneles al paso de más de 11 000 trenes
Colocar tecnología fotovoltaica en una línea ferroviaria activa implica superar problemas que no existen en una instalación solar convencional.
El paso constante de los trenes genera vibraciones que pueden afectar los módulos, las conexiones y los sistemas de fijación.
También existe el riesgo de que las piedras que rodean las vías golpeen los paneles.
A eso se suma la suciedad que puede acumularse con el paso del tiempo.
Otra de las preocupaciones era que los reflejos pudieran afectar la visibilidad de los maquinistas.
Pero, después de un año de pruebas, los primeros resultados del proyecto fueron positivos.
Más de 11 000 trenes pasaron sobre la instalación a velocidades de hasta 90 kilómetros por hora.
Los responsables informaron que el sistema se mantuvo estable y que no se registraron problemas relacionados con los reflejos.
También observaron algo interesante.
El aire desplazado por los trenes ayuda a retirar parte de la suciedad acumulada sobre los módulos, algo que podría facilitar su mantenimiento.
Pero la resistencia de los paneles es solo una parte de la historia.
La otra está en la forma en que fueron instalados.
Un diseño inteligente que se quita y se pone en minutos
Una de las claves del proyecto no está en los paneles, sino en la forma en que fueron colocados.
Los módulos se encuentran sobre las traviesas, justo en el espacio que queda entre los dos rieles.
Eso significa que las ruedas de los trenes nunca pasan directamente sobre ellos.
Una de las grandes ventajas del sistema es que los paneles pueden retirarse.
Si los trabajadores necesitan revisar o reparar las vías, es posible desconectar y retirar un bloque de seis metros en apenas diez minutos.
Para la instalación inicial también se desarrolló una máquina especial.
Esta avanza sobre la vía colocando los paneles como si estuviera extendiendo una alfombra y puede instalar hasta 150 unidades por hora.
Es importante entender que el propósito de estos primeros meses en Buttes no era romper récords de producción eléctrica.
El verdadero objetivo era comprobar si el sistema resistía las condiciones de una vía activa, podía retirarse rápidamente y no interfería con el mantenimiento ferroviario.
Aun así, la pequeña planta generó más de 16 000 kWh durante su primer año, una cifra que acompañó los resultados técnicos de las pruebas.
Y lo ocurrido en Suiza ya empezó a despertar interés fuera del país.
Francia e Italia ya observan el potencial de la idea
Una de las ventajas de este sistema es que permite aprovechar una infraestructura que ya existe para producir energía sin ocupar nuevos terrenos.
No es un detalle menor.
Los grandes proyectos solares necesitan espacio y, en algunos lugares, eso puede generar conflictos por el uso de terrenos agrícolas o naturales.
Las vías ferroviarias, en cambio, ya están construidas.
El grupo ferroviario francés SNCF Group ya mostró interés en estudiar la tecnología.
Italia también analiza sus posibilidades, una señal de que aprovechar las vías existentes para generar electricidad empieza a llamar la atención fuera de Suiza.
Sin embargo, superar un año de pruebas no significa que el sistema esté listo para extenderse a miles de kilómetros de vías.
Uno de los desafíos está en diseñar la infraestructura eléctrica necesaria para conectar instalaciones mucho más largas y transportar la energía generada de forma eficiente.
También queda por comprobar cómo respondería el sistema en líneas con trenes más rápidos, climas extremos o mayores periodos de sombra.
A eso se suman los costos de instalación y mantenimiento y las diferentes normas ferroviarias de cada país.
Todavía queda mucho por probar antes de saber si la idea puede funcionar a gran escala.
Pero, si el sistema consigue superar esos desafíos, las vías ferroviarias podrían dejar de ser únicamente caminos para los trenes y convertirse también en enormes superficies capaces de generar energía.
