La energía nuclear está avanzando rápido en los Estados Unidos, y buena parte de esta transformación se trabaja de a poco en el interior del Laboratorio Nacional de Idaho (INL). Hace no mucho, este mismo centro de investigación fue visitado por el secretario Wright, visita que organizó para conmemorar algo suficientemente concreto en el terreno de las políticas públicas como lo es la firma de una serie de órdenes ejecutivas. El objetivo de esto fue acelerar las operaciones de tal forma que los reactores nucleares avanzados entraran en funcionamiento mucho más rápido de lo que se venía haciendo hasta ahora.
El complicado camino hacia la criticidad
En la época de las puestas en marcha de reactores nucleares, cuando un reactor da su primer arranque, la palabra criticidad aparece profusamente en los informes, pero no queda claro qué significa en la práctica. Los profesionales del INL lo explican de una forma relativamente sencilla o terrenal, que es el punto en el que un reactor mantiene por sí mismo una reacción en cadena. En otras palabras, es el momento en el cual unos pocos átomos que están fuera de su núcleo se dividen, de donde se genera la cantidad exacta de neutrones para alimentar la siguiente reacción sin que nada externo empuje el proceso.
Pero alcanzar la criticidad no es como apretar un botón de funcionamiento y ver cómo arranca el motor. Alcanzar la criticidad es un proceso extremadamente delicado, una secuenciación de pasos medidos en milímetros durante toda la fase de puesta en marcha. El funcionamiento y, sobre todo, la seguridad de la planta dependen de que esta fase se haga perfectamente.
Hallazgos de importancia y perfiles que rompen el molde
Mientras la política impone su ritmo desde arriba, el trabajo diario en los laboratorios de Idaho continúa dando espectaculares resultados. A principios de junio de 2026, el INL hizo el anuncio de un hallazgo que puede cambiar las reglas del juego de la ciencia de los materiales al descubrir un comportamiento nuevo en el plutonio. Este elemento, que se aisló por primera vez en 1940 en la Universidad de California en Berkeley, es conocido por ser uno de los más complejos de la tabla periódica. Comprender de forma más cabal sus reacciones abre la puerta a diseñar combustibles mucho más eficaces y eficientes para el futuro.
Pero de estos avance, sobresalen personas con historias que no son habituales. No es casualidad que el gran ejemplo que encabeza la lista de las historias poco comunes sea Tanner Mauseth. Antes de dedicarse a investigar los secretos relacionados con los materiales irradiados, Tanner dedicaba su esfuerzo a jugar al fútbol americano en la División I para la Universidad de Idaho. Su historia muestra de forma muy elocuente el recambio generacional y la diversidad de talento que está consiguiendo atraer el sector.
Un apoyo político que delimita el terreno
Todo este ecosistema innovador que se vive día tras día en el Estado de Idaho llega a encontrar el eco que estaba esperando en las altas esferas del poder político. Las órdenes ejecutivas que se llevaron a cabo junto al secretario Wright no consisten en un mero papel administrativo, sino que suponen un cambio de mentalidad en cómo se tiene que plantear el Departamento de Energía la duración de los grandes proyectos de infraestructura.
Este enfoque quiere que el Estado norteamericano no se quede atrás respecto a otras potencias en esta carrera por dominar la tecnología de los reactores avanzados. Llevando hasta el extremo la idea de dar tanto protagonismo como recursos al Laboratorio Nacional de Idaho para liderar este desarrollo, el Estado está apostando firmemente por una transición energética sostenida por la fisión nuclear.
