La rápida expansión de los complejos tecnológicos para el procesamiento de datos está provocando una presión sin igual sobre los recursos naturales de los Estados Unidos, convirtiéndose en un verdadero punto de atención para la gobernanza ambiental. Tal cual como lo expresa un informe técnico lanzado por la Federación Nacional de Vida Silvestre (NWF), el requerimiento de agua de los centros de datos se halla en una fase crítica de connotación creciente para las localizaciones que ya se encuentran bajo un estrés hídrico muy considerable.
Huella hídrica indirecta y los requerimientos térmicos de la inteligencia artificial
La necesidad de usar grandes volúmenes de agua en estas instalaciones responde directamente a las leyes de la termodinámica que deben aplicarse sobre la informática de alta densidad. Las infraestructuras de computación avanzada que giran en torno a la IA generan una cantidad de calor significativamente superior a los centros de datos convencionales, lo que hace casi inevitable el uso de sistemas de refrigeración de agua para evitar que los procesadores se sobrecalienten y colapsen.
Para poder dimensionar el reto energético y su correlación con el medio ambiente, la NWF cita el hecho de que un centro de datos tradicional puede llegar a consumir una cantidad de electricidad equivalente a la de 10 000 o 25 000 hogares, mientras que las infraestructuras de IA consumen más energía que la de 100 000 viviendas.
La huella hídrica total también incluye los vectores indirectos necesarios para el funcionamiento de la industria, como el agua necesaria para generar la electricidad que alimenta a los servidores, para la fabricación de los semiconductores, para la producción de los materiales de construcción de las instalaciones y para el volumen de aguas residuales generadas durante la actividad ordinaria.
Si bien los sistemas de enfriamiento por evaporación recirculan el recurso a través de muchas prácticas de reutilización, continúan necesitando el suministro de forma continua, ya que una gran parte se pierde por evaporación y otra se tiene que descargar periódicamente para mantener los índices de calidad del agua. Como muestra de esta crisis de abastecimiento, el lago Powell ha visto reducido su volumen de almacenamiento a un crítico 40% en un periodo de sequía de larga duración.
Según la NWF: Opacidad corporativa y falta de transparencia en los acuerdos
El principal obstáculo que encontramos a la hora de auditar el impacto que tiene esta actividad es la amplia disparidad en la prestación de datos de consumo por parte de las empresas. Existe un contraste entre la capacidad de medida exacta del agua utilizada por parte de las instalaciones y la cantidad de datos que finalmente deciden compartir públicamente, los cuales varían mucho dependiendo del marco regulador de las localidades donde se encuentran.
Las métricas que se reportan no están estandarizadas, hay empresas que dan el total del consumo, otras que solamente informan del volumen que entra en procesos de refrigeración y otras que ofrecen balances incompletos sin desembarcar en el uso diferenciado entre agua potabilizada o agua reciclada.
Puesto que este tipo de declaraciones tienen un carácter principalmente voluntario, las comunidades y los legisladores locales se encuentran con serias dificultades para comparar el rendimiento de las plantas o entender el impacto final que tienen las actividades empresariales sobre las cuencas hídricas compartidas.
Alteraciones en la calidad del agua
La extracción masiva de agua desde un punto de vista ecológico conlleva importantes implicaciones para la biodiversidad y la conservación de los hábitats acuáticos. La reducción del caudal en los arroyos y ríos provoca modificaciones en la temperatura del agua y afecta gravemente a los peces y a las especies nativas, acarreando una pérdida de biodiversidad en cuencas fluviales.
El informe publicado por la NWF ratifica que el crecimiento descontrolado y desregulado de esta actividad constituye una amenaza directa para la sostenibilidad hídrica global.
