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El estado de Nueva York quiere instaurar la regla ’16’ y obligará a un grupo de conductores a modificar sus autos, o enfrentarse a multas de US$2500

Por Skarlett Soto
3 junio, 2026
en Motor
Nueva York

Fuente: New York State Police

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Tener la licencia de conducir no debería significar tener derecho a poner en riesgo la vida de los demás.

Sin embargo, en Nueva York hay conductores que acumulan tantas infracciones por exceso de velocidad que muchos ciudadanos se preguntan cómo siguen al volante.

Las multas llegan.

Las cámaras registran las infracciones.

Y aun así, algunos reinciden una y otra vez.

Para muchas familias, especialmente en una ciudad donde peatones y ciclistas comparten el espacio con millones de vehículos, esa situación genera una sensación de impotencia difícil de ignorar.

Después de varios accidentes graves y años de reclamos, las autoridades decidieron que las multas tradicionales ya no son suficientes para ciertos conductores.

Ahora buscan una medida mucho más contundente.

Una que no castigue después de la infracción, sino que intente impedir que vuelva a ocurrir.

Pero la propuesta también está generando una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde puede llegar el estado para controlar la forma en que una persona conduce?

¿Qué está sucediendo en las calles de Nueva York? 

Durante años, Nueva York ha intentado reducir las muertes y lesiones causadas por el exceso de velocidad.

Las cámaras han aumentado. Las multas se han multiplicado. Y las campañas de concienciación son constantes.

Aun así, existe un pequeño grupo de conductores que sigue acumulando infracciones año tras año.

El problema no son quienes reciben una multa aislada.

La preocupación está en aquellos que convierten las sanciones en una costumbre.

Para muchas víctimas y familiares, resulta difícil entender cómo alguien puede acumular decenas de infracciones y seguir conduciendo prácticamente sin cambios en su comportamiento.

Los defensores de una regulación más estricta sostienen que algunas personas simplemente incorporan las multas a sus gastos habituales y continúan manejando igual.

Por eso las autoridades comenzaron a estudiar alternativas distintas.

Ya no se trata únicamente de sancionar.

La idea es intervenir antes de que ocurra el próximo accidente.

Y esa búsqueda terminó dando forma a una propuesta que podría cambiar por completo la relación entre algunos conductores y sus vehículos.

La regla ’16’: quiénes son los «super speeders» y qué tendrán que hacer

La propuesta apunta a un grupo muy específico de conductores.

Las autoridades los denominan «super speeders».

Se trata de personas que acumulan 16 o más infracciones por exceso de velocidad registradas por cámaras dentro de un período de doce meses.

Según la iniciativa impulsada por la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul estos conductores tendrían que instalar un dispositivo especial en sus vehículos.

Y aquí es donde comienza la polémica.

El sistema utiliza tecnología de geolocalización para identificar dónde circula el automóvil y cuál es el límite de velocidad permitido en esa zona.

Si el conductor intenta superar ese límite, el dispositivo interviene para impedir que el vehículo continúe acelerando por encima de la velocidad autorizada.

En otras palabras, el automóvil dejaría de depender únicamente de la voluntad del conductor para respetar la norma.

La tecnología actuaría como una barrera física.

La medida busca atacar directamente el comportamiento de quienes acumulan un largo historial de infracciones.

Pero también contempla sanciones para quienes intenten evitarla.

Los conductores obligados a instalar el dispositivo que no lo hagan podrían enfrentarse a multas de hasta US$2500 y, en determinados casos, incluso perder el registro de su vehículo.

Para algunos, es una respuesta lógica frente a conductores reincidentes.

Para otros, es un precedente que abre una puerta difícil de cerrar.

¿Una herramienta para salvar vidas o un nuevo nivel de vigilancia?

Aquí es donde el debate se vuelve mucho más complejo.

Los defensores de la medida sostienen que el objetivo es sencillo: salvar vidas.

Argumentan que si una persona ha demostrado repetidamente que no respeta los límites de velocidad, el estado tiene la responsabilidad de intervenir antes de que ocurra una tragedia.

Desde esta perspectiva, el dispositivo no es un castigo.

Es una herramienta de prevención.

Sin embargo, los críticos ven el asunto de otra manera.

Les preocupa que un sistema basado en GPS pueda ampliar el nivel de vigilancia sobre los conductores y abrir la puerta a nuevas formas de control tecnológico por parte del gobierno.

También existe una preocupación económica.

Aunque la medida estaría dirigida únicamente a conductores reincidentes, muchos cuestionan quién asumirá los costos de instalación, mantenimiento y supervisión de estos dispositivos.

Y hay otro aspecto menos visible.

Algunos especialistas señalan que conducir un vehículo que limita constantemente determinadas acciones podría generar rechazo, frustración o una sensación permanente de supervisión.

Por eso el debate ya va mucho más allá de las multas.

La discusión gira en torno a una pregunta que probablemente otros estados también tendrán que responder tarde o temprano.

Si la tecnología permite impedir ciertas conductas peligrosas antes de que ocurran, ¿debería utilizarse?

Nueva York parece dispuesto a probar ese camino.

Y si la medida consigue reducir accidentes y salvar vidas, no sería extraño que otros estados comiencen a estudiar propuestas similares.

Porque lo que hoy parece una idea radical podría convertirse mañana en una nueva herramienta de seguridad vial.

O en el inicio de una discusión mucho más amplia sobre hasta dónde estamos dispuestos a ceder control a cambio de sentirnos más seguros en las carreteras.

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