Hay conductores que llevan años pulsándolo casi sin pensarlo.
Está en el volante, es de color azul y para muchos forma parte de la rutina diaria al entrar en la autopista.
A simple vista parece un botón más.
Sin embargo, detrás de él se esconde una de las tecnologías que más ha evolucionado dentro de la industria del automóvil durante los últimos 25 años.
Lo que comenzó como una ayuda relativamente sencilla para reducir el estrés al volante está a punto de dar un nuevo salto.
Y esta vez el cambio no dependerá únicamente de sensores o cámaras.
La inteligencia artificial será la protagonista.
¿Cómo ha conseguido este pequeño botón mantenerse vigente durante más de dos décadas y qué podrá hacer en los próximos años?
Cómo un simple asistente terminó cambiando la forma de conducir
La historia comenzó a finales de los años noventa.
En aquella época, los fabricantes buscaban formas de hacer los viajes más cómodos y seguros, especialmente en carretera.
Uno de los avances más importantes fue la llegada de sistemas capaces de mantener automáticamente la velocidad y la distancia respecto al vehículo que circulaba delante.
Aquella tecnología fue evolucionando poco a poco.
Con el tiempo aparecieron asistentes capaces de detectar cambios involuntarios de carril, ayudar en la dirección o intervenir durante determinadas maniobras.
Lo que inicialmente eran funciones independientes terminó integrándose en un único sistema.
En 2016, Nissan agrupó estas ayudas bajo una misma plataforma y las vinculó al ya conocido botón azul del volante.
Por primera vez, un vehículo de gran producción podía acelerar, frenar y mantenerse dentro del carril de forma coordinada durante determinados trayectos.
La experiencia de conducción comenzó a cambiar.
Pero para los ingenieros aquello era solo el principio.
La evolución que prepara el siguiente paso de la conducción asistida
Durante los años siguientes, el sistema siguió incorporando nuevas capacidades.
Las versiones más avanzadas fueron capaces de gestionar cambios de carril, adaptarse al tráfico e incluso asumir determinadas tareas durante la circulación por autopistas.
Cada actualización añadía nuevas capas de información y aumentaba la capacidad del vehículo para interpretar lo que ocurría a su alrededor.
Mientras tanto, la industria automotriz experimentaba una transformación mucho mayor.
Los vehículos dejaron de depender únicamente de componentes mecánicos para apoyarse cada vez más en software, conectividad y procesamiento de datos.
Para muchos fabricantes como Nissan el futuro ya no consiste únicamente en electrificar los coches.
También implica hacerlos más inteligentes.
Y precisamente ahí es donde el pequeño botón azul está a punto de experimentar su mayor transformación desde que apareció por primera vez.
Inteligencia artificial y sensores que intentan conducir como una persona experimentada
La próxima generación de esta tecnología llegará a partir de 2027 y marcará una diferencia importante respecto a las versiones actuales.
El sistema incorporará una nueva arquitectura basada en inteligencia artificial diseñada para comprender mejor el entorno.
La diferencia no estará únicamente en detectar objetos.
La meta es interpretar situaciones.
Un conductor experimentado no reacciona igual ante un peatón detenido en una acera que ante uno que parece dispuesto a cruzar la calle.
Tampoco actúa de la misma manera cuando observa una bicicleta acercándose a una intersección o cuando detecta movimientos impredecibles entre el tráfico.
Los nuevos sistemas intentarán reproducir precisamente ese tipo de razonamiento.
Para conseguirlo, Nissan combinará once cámaras, cinco radares y sensores LiDAR capaces de generar mapas tridimensionales extremadamente detallados del entorno.
Toda esa información será procesada por modelos de inteligencia artificial que evaluarán constantemente lo que ocurre alrededor del vehículo.
El objetivo no es convertir el coche en un vehículo totalmente autónomo de la noche a la mañana.
La intención es que pueda anticiparse mejor a situaciones complejas, reducir errores y ayudar al conductor de una forma mucho más natural.
Por eso, aquel pequeño botón azul que durante años sirvió principalmente para hacer más cómodos los viajes por carretera podría convertirse en una de las puertas de entrada a una nueva generación de asistencia inteligente. Una evolución que no busca sustituir al conductor, sino ofrecerle una comprensión mucho más avanzada de lo que ocurre en cada trayecto.
