Las barbacoas por el 4 de julio están siendo cuestionadas por el Instituto de Recursos Mundiales, ya que advierten que la carne de res genera huella ambiental. Afirman que una hamburguesa de frijoles requiere 20 veces menos tierra y genera menos emisiones por gramo de proteína que una de carne. Por tanto, su informe sobre el impacto ambiental y económico de la carne de res demuestra con evidencias científicas cómo la dieta está influyendo en el cambio climático y la seguridad alimentaria.
Huella ambiental por el consumo de carne de res
La carne de res es un alimento rico en proteínas y consumido en gran parte del mundo. Se considera de gran aporte nutricional para el cuerpo, pero en exceso puede causar mayores conflictos en el sistema alimentario y ambiental a nivel global.
De acuerdo con un informe del Instituto de Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés), la producción a gran escala y sin control de la carne de res genera emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta. Son varias etapas durante la producción de la carne en las que los niveles de contaminación están presentes.
Desde la digestión de las vacas, se produce metano; además, su estiércol y el uso de fertilizantes para su alimento aumentan las emisiones de gases. Sumado a ello, el uso de tierra para ganadería ha incrementado la deforestación en bosques.
El uso de recursos sin planeación impacta en la economía y el ambiente
Bajo el contexto actual con nuevos objetivos climáticos mundiales, hay mayor vigilancia en el cuidado ambiental. Por tal razón, se estima que la carne de res genera aproximadamente 3000 millones de toneladas de dióxido de carbono durante un año, es decir, alrededor del 7 % del total de emisiones a nivel mundial.
Ante tal situación, WRI afirma que el uso de recursos de forma desorganizada y sin planeación alguna termina en desaprovechar los recursos. Por lo que la ganadería con fines productivos y sin control atenta contra el medio ambiente y genera más de 20 veces emisiones por cada gramo que las proteínas vegetales.
La ineficiencia en recursos impacta a la tierra, pues el exceso de ocupación ganadera aumenta la deforestación, ocupación de tierras sin control, reduciendo la capacidad de absorber el carbono e incrementando el riesgo del cambio climático que afecta a la biodiversidad y al planeta en general.
Además, afecta a la economía con mayores costos y uso de recursos que elevan los precios de producción y volatilidades en el mercado. Por tanto, la seguridad alimentaria se ve afectada por el uso de recursos ganaderos sin control, que atenta contra el cuidado ambiental.
Sin embargo, la demanda en carne de res sigue en aumento en regiones como Estados Unidos. WRI refuerza que la expansión ganadera con el crecimiento poblacional en países desarrollados atenta con agravar la crisis climática y de seguridad alimentaria, si no se modifican los patrones de consumo.
La solución es avanzar hacia sistemas sostenibles y cambios alimentarios
El informe del WRI señala que no es restringir el consumo de carne de res, pero sí moderar su uso para reducir el impacto ambiental que genera. Entre las soluciones que se ofrecen está el uso de tecnología y sistemas avanzados para el manejo de estiércol y reducción del metano producido.
En muchas regiones, usan los desechos como fuentes de energía, lo que disminuye la contaminación y permite el aprovechamiento de recursos. También señalan que se debe mejorar la práctica de alimentación animal con estrategias efectivas y fortalecimiento de proteínas vegetales.
El consumo de carne de res con moderación y control puede ser un paso hacia la transición global. Ahora que hay un retroceso en la transición energética global y EE. UU. es uno de los países más afectados, es momento de tomar cambios con prácticas sostenibles que puedan modificar de forma gradual al mercado alimentario. Una transición necesaria para equilibrar la sostenibilidad y nutrición en la dieta moderna.
