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Más de 100 premios Nobel apoyan los transgénicos y cargan contra Greenpeace

La ciencia ha entrado de lleno en el debate sobre los transgénicos. Hace apenas un mes, la Academia Nacional de Ciencias de EEUU publicaba un potente informe que revisaba todas las investigaciones sobre el impacto de los transgénicos desde que se comenzaron a utilizar hace 30 años y concluía que «los alimentos procedentes de organismos modificados son tan seguros como los que se producen a partir de cultivos convencionales».

Ahora, 110 premios Nobel de Medicina, Física o Química se han posicionado al firmar una dura carta pidiendo a Greenpeace y a los gobiernos de todo el mundo que abandonen su oposición y sus campañas en contra de los organismos genéticamente modificados. En concreto, el texto -que se presentó el jueves-arremete contra la organización ecologista y le exige que acabe con su campaña para impedir el cultivo del arroz dorado, una variedad transgénica modificada para reducir el déficit de vitamina A y que, según la carta de los Nobel, tiene potencial para «reducir o eliminar muchas de las muertes y enfermedades causadas por la deficiencia de esta vitamina». Un problema de salud que causa ceguera, mortalidad infantil y problemas durante la gestación y que tiene su mayor impacto sobre las poblaciones más pobres de África y del sudeste asiático. El arroz dorado es un símbolo ya que fue el primer cultivo de este tipo y está libre de patente.

La carta cita datos de la Organización Mundial de la Salud que estiman que hay 250 millones de personas que sufren de déficit de vitamina A y que el 40% de ellos son niños menores de cinco años en países en desarrollo. «Hacemos un llamamiento a Greenpeace para que cese y desista de su campaña contra el arroz dorado en concreto, y contra los cultivos y alimentos mejorados a través de la biotecnología en general», piden los Nobel, entre los que están nombres tan reconocibles como el galardonado por el descubrimiento de la estructura del ADN, James Watson; el descubridor del agujero de la capa de ozono, Mario Molina o el secretario de Energía de EEUU, Steven Chu. La misiva termina con una frase que ha caído como un directo en el mentón de Greenpeace: «¿Cuánta gente pobre tiene que morir en todo el mundo antes de que consideremos esto como un crimen contra la Humanidad?».

Por supuesto, la respuesta de la organización ecologista no se ha hecho esperar y ayer emitió un comunicado para aclarar su postura y para insistir en su oposición a los cultivos modificados. «Los transgénicos no son la solución del hambre en el mundo», arranca el comunicado. «En el mundo hay alimentos suficientes para todas las personas. El 30% de los alimentos producidos en el mundo terminan en la basura. Sólo con esto tendríamos lo suficiente para alimentar a todas las personas que habitan la Tierra hoy día y los que podremos llegar a ser en 2050 (sin intensificar más la agricultura y sin utilizar cultivos transgénicos)», aseguran desde Greenpeace.

La carta se ha publicado en la página web de una iniciativa llamada Apoya a la Agricultura de Precisión, desconocida para la opinión pública hasta ahora. Pero detrás de la plataforma está el Premio Nobel de Medicina Richard Roberts, quién lleva años arremetiendo en público contra las campañas de Greenpeace y asegurando sin disimulo que la actitud de la organización ecologista es «intolerable».

Desde el grupo ecologista, insisten en que los «cultivos nutritivamente mejorados también ya existen, sin necesidad de utilizar la ingeniería genética, pero sin duda, la solución más sostenible es mejorar el acceso a una alimentación sana y variada».

Pero este argumento ha sido duramente criticado por los investigadores que llevan años defendiendo el uso de transgénicos. «La respuesta de Greenpeace es que la solución es una dieta equilibrada… Parece que no viven en el mundo, hablamos de gente que vive con menos de un euro diario», aseguró ayer a este diario José Miguel Mulet, autor de Comer sin miedo y profesor de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia.

La carta señala que las evidencias científicas apuntan en la dirección contraria a la postura de los ecologistas. Pero Mulet va un paso más allá y recuerda sus propias experiencias con algunos de los Nobel que han firmado la misiva. «Precisamente el único hispano hablante de la lista, Mario Molina, me decía hace algún tiempo que a él las campañas anti transgénicos le recordaban mucho al negacionismo del cambio climático contra el que él ha tenido que luchar duramente», rememora el investigador español.

No obstante, los Nobel también dedican una parte de su texto a los Gobiernos de todo el mundo y sus reclamaciones tienen varios mensajes ocultos que seguramente no podrán ser obviados por la comunidad internacional. Piden que hagan todo lo que su poder les permita para «oponerse a las acciones de Greenpeace y acelerar el acceso de los agricultores a todas las herramientas de la biología moderna, especialmente a las semillas mejoradas a través de la biotecnología».

La Unión Europea votó hace un par de semanas una resolución para instar al G8 a que presione para que no se permita el desarrollo de cultivos transgénicos en África, lo que se ha interpretado como un nueva forma de neocolonialismo inaceptable por los defensores de los organismos modificados. Además, en territorio europeo sólo se permite el cultivo de un organismo transgénico, el maíz MON 810, pero, según Mulet, se importan más de 70 productos transgénicos. «Esto deja en inferioridad e impide competir a los agricultores europeos. La política de la Unión Europea es este tema es aberrante», afirma el investigador español. «Eso sí, los billetes de euro están fabricados con algodón transgénico», recuerda con sorna.

Greenpeace se defiende insinuando que la debilidad de la industria de los transgénicos en los últimos tiempos es lo que ha impulsado esta dura campaña contra ellos. «En los últimos años, los defensores de los transgénicos han perdido varias batallas: han visto cómo Europa ha cerrado sus puertas a este tipo de cultivos (17 países y cuatro regiones de otros dos han prohibido el único cultivo autorizado en la UE), y cómo, incluso en los pocos países que los cultivan, ha decaído la superficie dedicada. De hecho, sólo 5 países a nivel mundial los cultivan a gran escala y ocupan el 3% de la superficie agraria mundial», revelan en su comunicado.

El Instituto Internacional para la Investigación del Arroz (IRRI), ganador del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cooperación al Desarrollo en 2011 por su contribución a la reducción del hambre en el mundo a través de la investigación sobre el arroz, quiso sumarse ayer al mensaje de los Nobel. «El arroz dorado ofrece una oportunidad única para mejorar la nutrición de la gente que no está siendo alcanzada por las medidas implementadas para reducir la deficiencia de vitamina A, especialmente de las mujeres y de los niños en Asia», asegura el ex director del IRRI, Robert Zeigler.Ecoportal.net

El Mundo

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