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Nepal muestra el camino hacia la conservación de la biodiversidad

Al atardecer, cuando los rayos del sol bañan el exuberante paisaje, el Parque Nacional de Chitwan, ubicado 200 kilómetros al sur de Katmandú, la capital de Nepal, y considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es un lugar de absoluta tranquilidad.

Por Naresh Newar

Una bandada de marabúes javaneses (Leptoptilos javanicus), un ave en peligro de extinción, vuela sobre el río Narayani cuando el guía forestal, Jiyana Mahato, pide silencio. Es la hora del día en que animales silvestres se congregan junto al agua. A poca distancia, un ciervo de los pantanos se baña a la orilla del río.

"La vista de los seres humanos los ahuyenta”, explica a IPS el guía, de 65 años y perteneciente al pueblo indígena tharu, que desempeña un papel clave en la ejecución de los esfuerzos del gobierno para conservar la vida silvestre del parque.

“Tenemos que volver ahora”, sugiere. La noche no es segura para pasear por la zona, sobre todo ahora que la población de tigres y rinocerontes, otrora menguante, está en crecimiento.

Mahato es el guía ideal. Ha sido testigo del progreso logrado desde que la fundación del parque nacional en 1963 le dio refugio a 56 especies de mamíferos.

Hoy en día, Chitwan está a la vanguardia de los esfuerzos de Nepal para conservar su singular biodiversidad. A principios de este año, el país se convirtió en el primero en el mundo en implementar una nueva herramienta de conservación, creada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en inglés) y conocida como la Norma del Tigre|Asegurada para su Conservación (CA|TS).

Creada para fomentar la gestión y el seguimiento eficaces de las especies en peligro de extinción y sus hábitats, CA|TS tiene el respaldo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y el Foro Mundial del Tigre, que pretenden extender la herramienta al resto del mundo como medio de alcanzar las metas de conservación fijadas en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB).

Los expertos recomiendan que los 12 países restantes que completan el hábitat natural del tigre sigan el ejemplo de Nepal. Este país del sur de Asia, con 27 millones de habitantes, tenía apenas 121 tigres en 2009, pero la intensa gestión de conservación elevó el número a 198 animales salvajes en 2013, según la  Estrategia y Plan de Acción Nacional para la Biodiversidad 2014-2020.

Nepal lidera el camino en numerosos frentes de conservación. Con 20 zonas protegidas que abarcan más de 34.000 kilómetros cuadrados, o 23 por ciento del territorio nepalés, ocupa el segundo lugar en Asia en cuanto al porcentaje relativo de superficie protegida y es uno de los 20 países con mayor porcentaje de suelo protegido.

En solo ocho años, entre 2002 y 2010, Nepal añadió más de 6.000 km cuadrados a sus territorios protegidos, entre ellos 10 parques nacionales, tres reservas naturales, una reserva de caza, seis áreas de conservación y más de 5.600 hectáreas de “zonas de contención” que rodean a nueve de sus parques nacionales.

Estos pasos son cruciales para mantener los 118 ecosistemas nepaleses y proteger especies en peligro de extinción, como el rinoceronte unicornio, cuyo número pasó de 354 animales en 2006 a 534 en 2011, según el CDB.

La cooperación es clave para la conservación

“Gran parte de nuestro éxito se debe a la estrecha colaboración con las comunidades locales que dependen de la conservación de la biodiversidad para su sustento”, explicó Sher Singh Thagunna, funcionario del Departamento de Parques Nacionales y Conservación de la Vida Silvestre, a IPS.

Aquellos como Mahato, para quienes la conservación no es una opción sino una forma de vida, se asociaron al Estado en una serie de iniciativas que incluyen el combate a la caza furtiva. Cerca de 3.500 jóvenes de las comunidades locales participan de actividades contra la caza ilegal en los parques nacionales, encargados de patrullar decenas de miles de kilómetros cuadrados.

La colaboración en materia de conservación dio grandes pasos en la última década. En 2006, el gobierno le cedió la gestión del Área de Conservación de Kanchenjunga, en el este de Nepal, a un consejo de gestión local, siendo la primera vez que un área protegida queda en manos de un comité local.

Según la última estrategia nacional de biodiversidad, en 2012 todas las zonas de contención del país, que abarcan a 27 distritos y 83 comités de desarrollo rural, eran gestionadas colectivamente por unos 700.000 residentes locales.

Otras iniciativas, como la implementación de programas forestales comunitarios, incluían en 2013 a “18.133 grupos de usuarios forestales que representan 2,2 millones de hogares gestionando 1,7 millones de hectáreas de bosques”, según la misma estrategia. Esto ayudó a cambiar el rumbo de la deforestación y a promover el uso sostenible de los recursos forestales.

Desde 2004, el Estado creó 20 bosques en colaboración con la población local, distribuidos en 56.000 hectáreas en 10 distritos de la región de Terai, un rico cinturón de pantanos y praderas situado al pie de la cordillera del Himalaya.

Además, se aplicó un programa de silvicultura en régimen de arriendo en 39 distritos que combinó la conservación con la reducción de la pobreza, dándole un medio de vida a más de 7.400 hogares pobres mediante su participación en la gestión sostenible y la recolección de productos forestales seleccionados, protegiendo al mismo tiempo más de 42.000 hectáreas de tierras forestales.

La pérdida y la degradación de los bosques es una gran preocupación del gobierno. Un informe oficial sobre la biodiversidad realizado en 2014 para el CDB señaló que 55 especies de mamíferos y 149 especies de aves, así como de numerosas variedades de plantas, están amenazadas.

Dado que Nepal alberga 3,2 por ciento de la flora mundial, la tendencia es preocupante, pero si el gobierno continúa la política de participación local en la gestión de conservación, podrá revertirla.

Estos esfuerzos en el terreno no serían posibles sin una actitud adecuada desde “arriba”, aseguran los expertos.

“Hay un alto grado de compromiso político en las jerarquías del gobierno”, sostuvo Ghanashyam Gurung, director del programa de conservación de WWF-Nepal. Esto, a su vez, generó un fuerte mecanismo para frenar la amenaza de la caza furtiva.

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